Recep Tayyip Erdogan (REUTERS/Toby Melville)
Recep Tayyip Erdogan (REUTERS/Toby Melville)

Nadie se sorprendió con la publicación de documentos de inteligencia que revelaron la interferencia iraní en Irak. De hecho, esos documentos han confirmado lo que ya se sabía. Tampoco fueron una sorpresa las continuas relaciones excepcionales entre la Hermandad Musulmana y el régimen iraní. La historia de la Hermandad muestra su relación íntima con Teherán desde que el ayatollah Khomeini llegó al poder en 1979.

Sin embargo, los documentos publicados por The New York Times sobre una conspiración de la Hermandad y el régimen iraní organizada por Turquía contra Arabia Saudita, constituye una de las revelaciones más importantes de 2019; no sólo porque las tres partes están buscando dañar a Arabia Saudita, de acuerdo con pruebas que conoce la comunidad internacional, sino porque el tamaño de los ataques contra el Reino está organizado y planificado desde varios años atrás en Teherán.

Las tres partes han celebrado cumbres secretas y conspiraciones de inteligencia en las que acordaron que Arabia Saudita era su “enemigo común”, como lo demuestran los documentos.

Lo que es notable en la cumbre tripartita del mal no es la hostilidad de la Hermandad iraní contra el Reino, su seguridad y estabilidad; lo cual es una historia comprobada y los documentos publicados solo agregan una ampliación de las pruebas y los hechos obrantes. Lo que sí es sorprendente es que Turquía sea el organizador de esta alianza del mal al planear atacar la seguridad nacional saudita apoyando a los hutíes en Yemen y respaldando el proyecto iraní allí.

La hipocresía turca ha alcanzado niveles sin precedentes. La conspiración se produjo en un momento en que el presidente Recep Tayyip Erdogan, después del lanzamiento de sus operaciones en Siria, anunció el apoyo de su país para frenar la expansión de los hutíes, mientras planeaba lo contrario.

Protestas en Irak (AP Photo/Khalid Mohammed)
Protestas en Irak (AP Photo/Khalid Mohammed)

Ankara continuó con su política de engaño y doble discurso. El presidente turco dijo que su país consideraba la estrategia del Rey Salman como una “valla de seguridad para la región”, pero de hecho, Erdogan estuvo adoptando todo el tiempo una política “díscola” que también se observa con Irán y con la Hermandad Musulmana.

Lo mejor de la divulgación de los documentos de la conspiración tripartita es que demostró la postura del Reino contra el Irán revolucionario, y lo propio con la designación de la Hermandad Musulmana como grupo terrorista, la cual mostró que era completamente correcta. Por otro lado, lo peor de todo ha sido que Turquía estaba mintiendo y conspirando contra el Reino.

Todo quedó en evidencia en varias de las posiciones tomadas por Ankara, incluyendo atacar al Reino de manera abierta, sistemática y agresiva desde el asesinato del periodista Jamal Khashoggi y la invasión de Turquía a territorio sirio en violación flagrante de las convenciones internacionales. Estas dos situaciones fueron suficientes para mostrar la realidad de la política turca en la región.

Luego vino el gran desastre del presidente turco al conspirar con Irán y la Hermandad Musulmana contra el Reino en episodios de producción muy pobre, de feas políticas turcas pero de gran utilidad para el eje anti saudita.

Solo los hechos sobre el terreno pueden revelar el resultado de la conspiración de la Hermandad iraní-turca contra Arabia Saudita. La Hermandad permanece en sus posiciones clandestinas e Irán se enfrenta a la ira popular en Irak y Líbano, que ahora se está extendiendo a su propio territorio en las peores protestas violentas desde la Revolución Verde.

En cuanto a Turquía, ha sido abandonada por todos y está sufriendo económica, política y militarmente; se ha convertido en un estado que compite consigo mismo para provocar al mundo y ser el más detestado.

Sin embargo, el estado contra el que conspiraron celebrando cumbres oscuras para atacarlo y socavarlo no se vio afectado por esas acciones. Por ello, no es de extrañar que la alianza del mal cayera sin que el Reino se moleste en responder.

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