(Reuters)
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En un nuevo y perturbador reportaje del New York Times, dos mujeres contaron su historia después de pasar dos años como esclavas del cibersexo chino tras escapar de su país natal, Corea del Norte. El reportaje sigue la historia de Kim Ye-na, de 23 años, y Lee Jin-hui, de 20, que, como miles de mujeres que buscan huir del régimen de Kim Jung-Un, cayeron en las garras del tráfico de blancas de China.

Jóvenes, desesperadas y en busca de libertad, las dos mujeres buscaron de maneras diferentes de salir del país a través de los conocidos traficantes que ayudan a cientos de miles a escapar por la frontera hacia China. Su caso no fue diferente ni peor que el de la gran mayoría de las mujeres que buscan refugio de la dictadura norcoreana. Las mujeres escapan hacia China bajo la promesa de que trabajaran como camareras o en alguna granja y podrán mandar dinero a sus familias. Pero al cruzar la frontera, se topan con una realidad mucha más oscura.

El caso de Lee y Kim

El informe del periódico estadounidense se enfoca en el calvario que vivieron estas dos jóvenes desde que se escaparon por la frontera en la primavera de 2017. Su viaje desde su pueblo natal, Hyesan, en el noroeste del país, hasta la región de Helong en China, fue peligroso ya que cualquier persona que es encontrada intentado escapar al régimen es llevada a los infames campos de concentración norcoreanos.  Allí, cualquier "desertor" es torturado y esclavizado, condenado a pasar años en condiciones inhumanas.

Imagen satelital del un campo de concentración de Corea del Norte. El régimen de Kim le niega el acceso a organismo internacionales para que puedan observar las condiciones de los campos(Getty)
Imagen satelital del un campo de concentración de Corea del Norte. El régimen de Kim le niega el acceso a organismo internacionales para que puedan observar las condiciones de los campos(Getty)

En Corea del Norte, Lee recolectaba  y vendía hierbas salvajes, y Kim, quien había laborado en las minas de jade, ahora trabajaba en un mercado negro donde se vendían frutas y ropa surcoreana contrabandeada.  Ambas trabajaban desde cuando había terminado la escuela primaria. Hijas de la generación de la "Ardua Marcha", como se conoce a los norcoreanos que nacieron durante la hambruna de los años 90 que mató a el 10 % de la población, ni Kim ni Lee tenía más opción que trabajar desde una temprana edad para poder comer.

Cuando el gobierno de Kim Jung-un empezó a buscar a los comerciantes de los mercados negros para que se convirtieran en obreros del estado donde trabajarían arduas horas, alejados de su familia, Lee y Kim decidieron, por separado, que debían hacer algo. A mediados del 2017, un pariente vendió a Lee un traficante que llevaba gente a China con la promesa de que ella podría conseguir la libertad y un empleo allí. Kim consiguió que una amigo la ayudara a cruzar la frontera.

"Yo también quería ir a China porque había oído que las chicas que habían ido allí le enviaban dinero a su familia", dijo Lee al Times. Después de pasar por un par de traficantes, Lee llegó a a China, donde fue comprada por hombre que tenía a 5 mujeres atrapadas en Helong.

Miles de mujeres, algunas menores de 10, escapan todos los años del régimen norcoreano. Muchas de ellas terminan en la industria del cibersexo en China.
Miles de mujeres, algunas menores de 10, escapan todos los años del régimen norcoreano. Muchas de ellas terminan en la industria del cibersexo en China.

Kim, quien después de un arduo viaje pudo llegar a la frontera, fue comprada por una mujer de su mismo pueblo, Hyesan, quien arribó en un auto y se la llevó a cambio de dinero, zapatos y ropa. La mujer le dijo a Kim que ahora ella le debía miles de dólares y que tendría que trabajar para poder ganarse la libertad.  "Me dijo que podía ir a Corea del Sur una vez que trabajara para ella durante tres años", explicó la joven.

Esclavitud del cibersexo

Por los próximos años, Kim y Lee tuvieron que vivir dentro de pequeños apartamentos de donde no podían salir. Allí debían trabajar frente a una cámara web donde debían hacer actos sexuales para clientes -en su mayoría, hombre surcoreanos- durante muchas horas todos los días. Según el reporte, Lee y Kim eran forzadas a trabajar desde el mediodía hasta las 5 de la mañana del día siguiente.

Según el reporte, las mujeres que estaban cautivas allí debían juntar 820 dólares todas las semanas para la mujer que las había comprado. Si no llegan a juntar ese monto, podrían ser abusadas, golpeadas e incluso privadas de alimento. Habían escapado al régimen para vivir en la esclavitud sexual.

No es poco común que mujeres buscando refugios del régimen norcoreano terminen en la esclavitud sexual china. De hecho, según estima el grupo de derechos humanos Korea Future Initiative, más del 60% de las mujeres que escapan por la frontera hacia China terminan en la industria de abuso sexual y cibersexo. En un informe publicado en mayo, la ONG cuenta que cientos de miles de mujeres son abusadas y obligadas a hacer actos sexuales en frente de las cámaras web donde son vistas por millones de clientes que pagan.

Una división de mujeres del Ejército de Corea del Norte
Una división de mujeres del Ejército de Corea del Norte

Además de las que son vendidas a la industria del cibersexo, miles más obligadas a prostituirse o llevadas a casas donde son violadas por decenas de hombres todos los días. Cualquiera que intente escapar es amenazada con ser devueltas al régimen norcoreano, donde son capturadas y enviadas a los campos de concentración y torturadas o asesinadas.

En medio de este mundo sin salida, hay organizaciones y personas que se dedican a salvar estas mujeres. Estas rastrean a las víctimas que se encuentran en los sitios web y intentan ayudarlas a escapar. Muchos de los clientes que ven a las mismas chicas sufriendo día tras día enfrente de las cámaras y las reportan a organizaciones de trata de blancas. Otros les envían dinero extra para que pueden trabajar menos horas.

Pero en el caso de Kim Ye-na y Lee Jin-hui, un pastor surcoreano organizó y financió su viaje de escape.  Chun Ki-won, quien se dedica a salvar refugiadas norcoreanas en China después de ver la devastadora situación en la que muchas de ellas se encuentran, ayudó a Kim y Lee a salir de su cautiverio. Pagando más de 4.000 dólares para que estas pudieran salir de donde estaban captivas, las mujeres pudieron pedir asilo en la embajada surcoreana de Laos. Allí esperan poder regresar a la península coreana y luchar para conseguir que sus madres, hermanos y familiares escapen sin tener que pasar por la misma desgarradora historia que ellas.

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