Hannah Rosenthal, enviada especial de los Estados Unidos para Vigilar y Combatir el Antisemitismo, reconoce el trabajo del padre Patrick Desbois (Wikimedia Commons)
Hannah Rosenthal, enviada especial de los Estados Unidos para Vigilar y Combatir el Antisemitismo, reconoce el trabajo del padre Patrick Desbois (Wikimedia Commons)

Durante casi dos décadas, el sacerdote católico francés Patrick Desbois investigó el asesinato de unos dos millones de judíos en fusilamientos masivos durante la Segunda Guerra Mundial. Y dedicó casi toda su vida a investigar el Holocausto, combatir el antisemitismo y fomentar las relaciones entre católicos y judíos. En los últimos años, dirigió su atención a los yazidíes de Irak, una minoría religiosa que fue brutalmente atacada por el ISIS provocando un genocidio. Desbois asegura que el ISIS puso en práctica las mismas tácticas del terror que los nazis usaron contra los judíos durante el Holocausto.

El padre Patrick, como le dicen sus alumnos, es profesor en la Universidad de Georgetown, en Washington, y dirigió el Comité Episcopal para las Relaciones entre Judíos y Católicos desde 1999 hasta 2016, bajo los auspicios de la Conferencia de Obispos de Francia. Al mismo tiempo, se dedicó a estudiar los detalles poco conocidos de lo que se llamó el "Holocausto por balas", las masacres nazis en Europa del Este y Rusia. Asesinaron a unos 1,5 millones de judíos y romaníes (gitanos) en lo que hoy es territorio de Ucrania, Bielorrusia, Rusia, Polonia y los países Bálticos. Si bien las atrocidades de los campos de concentración estaban muy bien documentadas, poco se sabía sobre estos fusilamientos. Desbois y su equipo entrevistaron a casi 6.000 testigos e identificaron unos 2.500 sitios de ejecuciones desconocidos hasta ese momento.

Para realizar este trabajo titánico, Desbois fundó en 2004 Yahad-In Unum (unidos, en hebreo y latín) desde donde financia los trabajos y se dedica a prevenir futuros genocidios. "Nos llevó más de 15 años encontrar las fosas comunes de judíos, gitanos y personas discapacitadas a las que les dispararon las unidades alemanas y sus colaboradores", explicó Desbois. "Así que nos hemos transformado inconscientemente en una especie de unidad especializada en delitos de fusilamientos en masa", explicó el sacerdote en una reciente entrevista con la NPR, la radio pública estadounidense.

Desbois, de 62 años, explicó que trabaja con antropólogos y especialistas en balística que desarrollaron un protocolo para entrevistar a testigos. Ante todo, crean una atmósfera de confianza para permitirles recordar, hablar y proporcionar la mayor cantidad de detalles posible. Desbois admite que es difícil escuchar esas historias horribles día tras día. Dice que reza mucho, y que él y su equipo tienen asesoramiento psicológico para poder lidiar con eso.

Después de estudiar estos dos grandes casos de genocidio, Desbois asegura que los nazis y los extremistas islamistas del ISIS comparten muchas tácticas similares, como ejecutar a personas en público y tener el apoyo de mucha gente que fueron vecinos de toda la vida del asesinado. "Muchas veces, a los judíos se les disparó en público de esa manera, era un espectáculo. Y también los alemanes usaron el sistema soviético para tener trabajadores gratis para hacer todos los trabajos sucios", dice. "No hay genocidio sin el consentimiento de los vecinos".

"En una máquina de genocidio, nunca hay una ideología pura", explica. "La ideología del nazismo y las reglas que imponía Hitler eran importantes, pero el sexo y el dinero también lo eran. La Gestapo tenía miles de esclavas sexuales en Rusia. En cuanto a ISIS, cuando secuestraban a los Yazidis se llevaban todas sus pertenencias. Iban preparados con cajas especiales en las que separaban el oro, los teléfonos celulares y computadoras y las joyas. Los nazis hicieron exactamente lo mismo. El criminal es atraído por el poder de las súper personas, el sexo y el dinero".

El sacerdote caracteriza al ISIS como una "máquina de matar" eficiente, que opera casi científicamente, como lo hizo Hitler cuando los nazis asesinaron metódicamente a los judíos y otras minorías. "Los nazis llegaban por la mañana a un pueblo, digamos en Rusia o Ucrania, y decían a los judíos: 'No se preocupen, no se preocupen, los vamos a llevar a Palestina. Los deportamos a Palestina'. Lo mismo hicieron los del ISIS. Llegaban a una aldea de Yazidies y les decían: 'No te preocupes, no te preocupes, conviértete al Islam y nada te pasará'. En ambos casos, tanto los judíos como los yazidíes terminaban, unas horas más tarde, en una fosa común o eran llevados como esclavos", cuenta.

Desbois cree que si bien los terroristas y los nazis tuvieron el mismo sistema, la misma metodología, el mismo mal, el ISIS es aún más peligroso porque adoctrina a niños de muy corta edad para convertirlos en máquinas de matar. "Por la mañana, tenían a los chicos en las escuelas religiosas aprendiendo el Corán de memoria. A la tarde, les daban entrenamiento militar. Y a la noche los hacían ver videos de decapitaciones y crucifixiones. Un chico me dijo: 'me robaron el cerebro'. Nunca escuché a nadie decir eso: me robaron el cerebro", cuenta el sacerdote francés en otra entrevista con una revista católica belga.

Hay una historia familiar detrás de la cruzada de Desbois. En 1942, su abuelo fue deportado de Francia a un campo de trabajo forzado en Ucrania. Desbois dice que su abuelo nunca habló sobre lo que había sucedido en el pueblo de Rawa Ruska. "Así que decidí ir allí un día y fue cuando descubrí que los alemanes fusilaron a un mínimo de 18.000 judíos, más gitanos, más prisioneros soviéticos. Pero nadie quería hablar de eso", explica. Desbois hizo ese primer viaje en 1989. Cuando regresó ya había caído la Unión Soviética y la gente estaba más predispuesta a colaborar. "El alcalde de la ciudad me llevó a una fosa común con 50 agricultores que habían estado presentes en el asesinato. Y estas personas estaban decididas a hablar. Prendimos la cámara y en unas horas teníamos una enorme cantidad de información que había estado oculta por cincuenta años", agrega. Fue el mismo alcalde quien lo convenció de que el trabajo que había hecho en Rawa Ruska, la aldea de su abuelo, lo podía replicar en otros cientos de pueblos.

Entre medio de este trabajo, Desbois tuvo tiempo para escribir tres libros, "The Holocaust by Bullets", en el que describe por primera vez con todo detalle cómo fueron los fusilamientos nazis; "In Broad Daylight", donde explica el método que utilizaron para entrevistar a las víctimas y su resultado; y el último, "ISIS, the Yazidi Genocide, and Exporting Terror", sobre su experiencia en el Kurdistán iraquí.

"Pero esta vez, con los yazidíes, las víctimas estaban ahí, frente mío. No podía hacer una entrevista y decir adiós, volveré en un mes. Era imposible para mí", dice. Y fue cuando fundó una serie de talleres para que las niñas y jóvenes que habían sido esclavizadas y perdieron a toda su familia pudieran capacitarse y poder valerse por ellas mismas. Aprenden desde costura hasta programación informática. Al mismo tiempo, el equipo de Desbois realiza un seguimiento de los recién llegados a los campos de refugiados. Y se van desplazando por entre los estrechos pasillos. Arman una tienda de campaña junto a las que las organizaciones internacionales les proveen a los yazidies recientemente liberados. Participan un camarógrafo, un fotógrafo, un traductor, Desbois y un ex investigador de la policía belga. Y comienzan las preguntas. "¿El chaleco con explosivos que les ponían para las misiones suicidas, era muy pesado?", es una de las tantas preguntas que hace el clérigo francés a los chicos.

Desbois dice en otra entrevista con la revista Time que, al mismo tiempo, se está comunicando con organismo internacionales y funcionarios para explicarles que los chicos adoctrinados por el ISIS que están regresando a Europa pueden ser peligrosos si no se "desprograman" y curan cuidadosamente. Cuenta la historia de un niño, que regresó con unos familiares a Europa, cuyas publicaciones en las redes sociales van desde la ira por el hecho de que ISIS mató a su madre hasta las consignas de que ISIS volverá a conquistar su califato.

Como prueba de que su programa puede rehabilitar a los niños "perdidos" de ISIS, el sacerdote ofrece la historia de otro retornado. En un campamento cerca de Duhok, en territorio kurdo, un chico de 14 años juntó a un grupo de ex niños soldados y armó una pandilla que construyó varios artefactos explosivos improvisados. Las bombas fueron descubiertas y el complot frustrado. Los líderes yazidíes y la ONG de Desbois intervinieron para evitar que el niño fuera a la cárcel. Después de la terapia social y las actividades deportivas y artísticas, dice Desbois, el chico regresó a su comunidad.

A pesar de Internet, la globalización económica y las redes sociales que unen al mundo, Desbois ve a las personas cada vez más arraigadas en el nacionalismo. Y con este fenómeno aumenta el negacionismo del Holocausto. "La mayoría de los países ni siquiera enseñan sobre el Holocausto en la escuela", dice. Es por eso que el sacerdote cree que hay que documentar de la mejor manera posible las atrocidades que ocurrieron y siguen sucediendo en el mundo. "Tenemos que hacer esto por las víctimas, pero también para probar que tales asesinatos no son una fuerza global imparable sino simples crímenes. Porque si no probamos que fue un crimen, descartamos la responsabilidad de los asesinos. Y eso da carta blanca a los asesinos del mañana", enfatiza Desbois en uno de los videos que se pueden encontrar en YouTube.

El sacerdote francés no piensa detener su trabajo. Aún tiene mucho por hacer en Irak y Siria. Y tiene otro enorme proyecto en ciernes. Ya fue contactado para investigar las atrocidades contra los rohingya en Myanmar. Está juntando fondos para comenzar a trabajar.