La encuesta más reciente de Gallup llevada adelante en Afganistán el pasado mes de julio, reveló niveles alarmantemente bajos de optimismo y bienestar a lo largo de varios indicadores.

Las puntuaciones que los afganos le dan a sus propias vidas son más bajas que las de cualquier otra población en el mundo.

Luego de que se les pidiera que evaluaran su condición actual en una escala del 0 al 10, los ciudadanos de dicha nación alcanzaron un puntaje promedio de 2.7 en 2018, lo que representa una drástica caída con respecto al 4.2 alcanzado en 2016.

Dicha cifra es la más baja registrada por Gallup desde que comenzó a realizar la encuesta en 2006. Tras ser consultados acerca de su pronóstico para los próximos cinco años, la respuesta promedio fue de 2.3, lo que representa el número más bajo para cualquier país en cualquier año.

Los resultados fueron llamativos, no solo por lo bajo de los promedios, sino porque esta es la primera vez en 12 años que se recopilan los datos alrededor del mundo que el promedio a futuro de satisfacción de vida de una población es más desalentador que el estado actual.

La naturaleza de los hallazgos es un símbolo de la falta casi universal de optimismo de los afganos, algo que resulta todavía mas notable si se tiene en cuenta que dos tercios de los adultos entrevistados para la encuesta estadísticamente representativa tienen 35 años o menos.

Los afganos también dieron respuestas notablemente negativas en lo que hace a la calidad de sus experiencias del día a día y sus emociones. En 2018, el 36% de ellos dijo haber sonreído o reído mucho el día anterior, lo que representa una caída con respecto al 52% registrado en 2016.

Esta es la cifra es la más baja registrada por Gallup en cualquier país durante los últimos 12 años. Además, el 52% de los afganos reconoció haberse sentido preocupado durante gran parte del día anterior, en comparación al 42% registrado en 2016.

Por otra parte, la proporción de afganos que dijo haber experimentado dicha y declaró haber sido tratado con respeto el día anterior cayó a menos de la mitad, más precisamente el 48%, por primera vez en 2018.

Los desalentadores resultados reflejan el sufrimiento de un pueblo con muy poco control de su propio destino. La infraestructura de Afganistán, entre los que se incluyen los sistemas de educación y salud, es irregular y poco fiable luego de décadas de conflicto.

El país tiene uno de los índices de alfabetización más bajos del mundo, de solo el 31%, lo que le da a sus residentes pocas oportunidades de mejorar sus condiciones económicas.

Casi ningún afgano cree que su situación económica mejorará en el corto plazo. En 2018, el 4% dijo que sus condiciones de vida están mejorando, lo que representa de los porcentajes más bajos registrados por Gallup en cualquier país desde 2006, incluso entre las naciones de África y Asia bajo las situaciones más desesperantes.

La encuesta revela lo devastador que ha sido el ciclo de pobreza y violencia que los afganos experimentan a diario.

Dos de los requisitos humanos más fundamentales, como las necesidades psicológicas de alimento y refugio además del deseo de protección y seguridad, se muestran consistentemente ausentes de sus vidas lo que lleva a niveles alarmantemente bajos de esperanza.

Como muchos analistas han destacado y dada la situación actual del país, no existen hoy soluciones que puedan resolver el involucramiento de los EEUU y la OTAN en Afganistán.

Estos aseguran que, a la hora de considerar una nueva estrategia, los responsables no deberán ignorar la situación realmente desesperante en la que se encuentra el pueblo afgano.

(Con información de Gallup)

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