Qué tan importante es el buen dormir de los bebés para minimizar los riesgos de obesidad a futuro

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La calidad del sueño de los recién llegados al mundo es uno de los temas que más preocupan a los padres, no solo por su propia capacidad de lograr descansar entre cambios de pañales y mamaderas a cualquier hora, sino por la nueva evidencia científica que conecta a la cantidad y calidad de horas dormidas durante la infancia con los riesgos de sufrir obesidad cuando estos crecen.

Un reciente estudio llevado adelante por expertos de la Universidad de Otago en Nueva Zelanda, que fue publicado en agosto en la revista académica Nutrición Clínica, reveló que el vínculo entre el sueño de los bebés y la obesidad es, aparentemente, incuestionable.

Los recién nacidos hijos de padres que se informaron y fueron educados en lo que respecta al sueño de los bebés tienen alrededor de la mitad del riesgo de desarrollar obesidad entre los tres y cinco años de edad, comparado con aquellos descendientes de progenitores que no recibieron las instrucciones necesarias.

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Los investigadores reclutaron alrededor de 800 mujeres en los últimos meses de su embarazo y las dividieron en cuatro grupos. En uno de ellos, las madres asistieron a clases en las que se las educaba sobre las estrategias para ayudar a los bebés a dormirse por su cuenta.

"Realmente estaban promoviendo que los bebés aprendieran por sí mismos a dormir. Se trataba básicamente de prevenir que se desarrollen los problemas de sueño", explicó la doctora Rachel W. Taylor, directora del centro de investigación de obesidad de la universidad de Otago y autora del estudio.

En lo que respecta al segundo grupo, un equipo de enfermeras educó a los padres antes de que los bebés nacieran y hasta la edad de 18 meses, en temas de nutrición y actividad física, pero no en lo que hace a sueño.  El tercer grupo obtuvo educación en sueño y nutrición mientras que el cuarto se convirtió en el "grupo de control" y recibió solamente las visitas de salud de empleados del Gobierno que son comunes en Nueva Zelanda.

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Hacia la edad de entre dos y tres años y medio, los bebés de padres que habían recibido instrucciones de sueño, ya sea solas o en combinación con temas de nutrición, mostraron la mitad de riesgo de desarrollar obesidad que los otros grupos. Para los cinco años, la diferencia se marcaba todavía más.

Los investigadores colocaron acelerómetros en los bebés para detectar el movimiento y también utilizaron cuestionarios para entrevistar a los padres. "La principal evidencia que conecta al sueño con la obesidad es la duración del descanso", aseguró la doctora Taylor.

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Los hallazgos son similares a aquellos publicados por la revista médica JAMA en agosto, los cuales se enfocaron en la educación de los nuevos padres e incluyeron al sueño como un componente fundamental.

Un total de 279 madres primerizas se prestaron a un experimento similar que involucró la visita cuatro veces por semana de enfermeras capacitadas para entrenar a los nuevos padres en temas de sueño, alimentación, juego y regulación emocional.

A pesar de que no se sabe exactamente cómo es que el sueño ayuda a minimizar el riesgo de padecer obesidad de los infantes, expertos creen que un sueño menos interrumpido puede afectar el metabolismo de los bebés en el corto y largo plazo.