Si las bicicletas fueron la solución al problema del tránsito en Beijing, ahora hace falta una solución para la congestión de bicicletas que siguió a la de los automóviles. El fenómeno de transporte urbano, transformado hace un año por un sistema para compartir las unidades, involucraba en julio a unas 70 empresas, 130 millones de usuarios registrados y 160 millones de bicicletas.

A comienzos de agosto China emitió pautas nacionales para ordenar las operaciones del sistema de bicicletas compartidas. La revolución en el transporte había comenzado a causar quejas. La más reiterada: las calles estaban repletas de bicicletas. La más grave: un niño de 11 años murió en una de ellas, atropellado por un autobús, en marzo.

Según los medios oficiales, la mayoría de los problemas se concentra en Beijing y Shanghai. Los transeúntes chocan con docenas y hasta centenares de bicicletas cada día, y las dos startups que dominan el sistema compartido, Mobike y Ofo, sólo empeoraron las cosas al llenar las ciudades de más unidades baratas, que cuando se rompen se dejan en cualquier lugar.

Como el mercado del transporte mediante internet tiene un potencial enorme en China, la competencia hizo que el costo de la renta baje a 1 yuan (USD 0,15) por hora. Las empresas obtienen ingresos de otras maneras, además de esa forma directa: las bicicletas tienen rastreadores GPS que permiten recoger datos sobre los hábitos de los usuarios y las apps pasan publicidad.

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El Ministerio de Transporte y otros nueve ministerios y organismos oficiales han urgido a las ciudades a planificar el uso integrado de las bicicletas de alquiler, sobre todo porque el sistema actual no prevé puntos específicos para dejarlas.

Cuando alguien sale del servicio de subterráneos siempre atestado, por ejemplo, libera una bicicleta al escanear un código QR, se monta en ella y la deja en el destino, literalmente en cualquier parte donde encuentre una acumulación. Allí la tomará otra persona. O se tropezará con la escultura silvestre de bicicletas.

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Ese caos se suma a uno previo. Muchas calles de Beijing tienen bicisendas, pero no es raro que las ocupen automóviles estacionados, o carros de delivery, o rickshaws para los turistas.

Las nuevas medidas solicitan que las autoridades locales controlen más el estacionamiento de bicicletas, implementen penalidades para los infractores, impongan criterios de mantenimiento y duración máxima de las unidades y prohiban su uso por menores de 12 años.

La inundación del mercado —que tuvo una excelente recepción del público, que las ve como una forma de transporte conveniente y económica— hizo que centros como Beijing y Shanghai tengan las veredas atestadas de bicicletas. Todavía no se sabe qué cantidad exacta necesita cada lugar, ni cuántos empleados de mantenimiento por cada 1.000 unidades.

El sector, inexistente hace un año, explotó al punto que Ofo consiguió USD 700 millones de inversiones sólo en su última ronda de búsqueda, hace dos meses, y Mobike, USD 600 millones.

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Ofo se manifestó "dispuesta a cooperar" con las autoridades y Mobike anunció que regalará cupones a los usuarios que dejen las unidades en algunos de los 4.000 puntos de estacionamiento inteligente que espera completar.

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