Un artículo de análisis que se publicó el jueves en La Civiltá Cattolica cuestiónó la posición de la "sorprendente" alianza entre católicos conservadores y evangélicos en los Estados Unidos en temas como la inmigración, sugiriendo que va en contra del discurso del papa Francisco.

El reporte fue co-escrito por Antonio Spadaro, editor en jefe de esa revista jesuita, y Marcelo Figueroa, líder presbiteriano y editor en jefe de la edición argentina de L'Osservatore Romano, el diario del Vaticano. Ambos hombres son considerados como confidentes del papa Francisco y La Civiltá Cattolica también es vista como vocera de la Santa Sede, ya que su texto es revisado y aprobado por la Secretaría de Estado del Vaticano antes de su publicación, explicó la agencia Aciprensa.

Spadaro y Figueroa iniciaron el informe analizando el lema de Estados Unidos, "En Dios confiamos", diciendo que para algunos esto "es una simple declaración de fe", pero para otros es "la síntesis de una fusión problemática entre la religión y el estado, la fe y la política, valores religiosos y economía". Los autores sostienen que, en las últimas décadas, la política estadounidense ha sido moldeada por "la religión, el maniqueísmo político y un culto al apocalipsis".

Citaron el discurso del ex presidente George W. Bush sobre el "eje del mal" y el deber de EEUU de "liberar al mundo del mal". Y buscaron el origen de ello en el movimiento fundamentalista evangélico que surgió a principios del siglo XX, y lo vincularon a la consideración de los Estados Unidos como "una nación bendecida por Dios".

Antonio Spadaro, editor jefe de La Civiltá Cattolica
Antonio Spadaro, editor jefe de La Civiltá Cattolica

"Otro aspecto interesante es la relación con la creación de estos grupos religiosos que se componen principalmente de blancos del profundo sur americano", afirmaron el padre Spadaro y Figueroa. "Hay una especie de 'anestésico' con respecto a los desastres ecológicos y los problemas generados por el cambio climático. Ellos profesan el 'dominionismo' y consideran a los ecologistas como personas que están en contra de la fe cristiana".

Asimismo, escribieron que los fundamentalistas consideran que los problemas ecológicos son signos del apocalipsis que "confirman su comprensión no alegórica de las figuras finales del Libro de Apocalipsis y su esperanza apocalíptica en un 'nuevo cielo y una nueva tierra'".

También citaron a Rousas Rushdoony, un pastor protestante del siglo XX, y señalaron su influencia en Steve Bannon, el jefe de estrategias de la Casa Blanca en el gobierno de Trump. Según Spadaro y Figueroa, Rushdoony apoya la sujeción de las normas públicas a la moral religiosa y una "necesidad teocrática" que "somete el Estado a la Biblia con una lógica que no es diferente de la que inspira al fundamentalismo islámico".

Steve Bannon, una de las figuras más polémicas del gabinete de Trump (Getty Images)
Steve Bannon, una de las figuras más polémicas del gabinete de Trump (Getty Images)

Y describieron lo que llaman un "ecumenismo fundamentalista" que se desarrolla entre fundamentalistas evangélicos e "integristas católicos", y que unen "por el mismo deseo de influencia religiosa en la esfera política". Ambos señalan que algunos católicos "se expresan de formas que hasta hace poco eran desconocidas en su tradición y usan tonos mucho más cercanos a los evangélicos… Ambos, evangélicos y católicos integristas condenan el ecumenismo tradicional y promueven un ecumenismo de conflicto que los une en el sueño nostálgico de un tipo de estado teocrático".

Para Spadaro y Figueroa "la perspectiva más peligrosa para este extraño ecumenismo es atribuible a su visión xenófoba e islamofóbica que quiere muros y deportaciones purificadoras". Ellos describieron esto como un paradójico "ecumenismo del odio" que contrasta con el ecumenismo del papa Francisco, "que se mueve bajo el impulso de la inclusión, la paz, el encuentro y los puentes".

"Esta presencia de ecumenismos opuestos -y sus percepciones contrastantes de la fe y visiones del mundo donde las religiones tienen papeles irreconciliables- es quizás el aspecto menos conocido y más dramático de la difusión del fundamentalismo integrista", agregaron.

"Aquí podemos entender por qué el pontífice está tan comprometido en trabajar contra los 'muros' y cualquier tipo de 'guerra de religión'", afirmaron, y concluyeron que "el elemento religioso nunca debería confundirse con el político".

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