(Getty Images)
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Fui al concierto de Ariana Grande el lunes esperando que fuera una de las mejores noches de mi vida. No había ido a un concierto desde la gira de Miley Cyrus en el mismo estadio, Manchester Arena, en 2014. Mi amigo y yo (él de 18 años, yo 17) somos fanáticos de Ariana –o Arianators, como nos dicen– y habíamos esperado esa noche desde que compramos los boletas en la preventa el año pasado.

A las 22:29, el show estaba acercándose al final. Ariana había terminado de interpretar "Dangerous Woman", que era la última canción. La atmósfera era la misma que la de todo el show, llena de amor y felicidad. Terminó la canción y la gente empezó a abandonar el estadio. Yo estaba sentado en el piso superior con mi mejor amigo y ambos salimos por las escaleras que conducen al pasillo principal por el que todo el mundo abandona el lugar.

En ese momento fue cuando la bomba explotó.

Creo que vino desde afuera, cerca del vestíbulo principal. Escuché el sonido e inmediatamente vi las reacciones de miedo y pánico de todos. No parecía real y, al principio, no sabía cómo reaccionar. No tuve otra opción que correr junto a los cientos de padres, niños y fanáticos que se dirigían entre gritos a la salida más cercana. Mi cabeza estaba llena de pánico y terror y mi única preocupación era no perder a mi amigo entre la multitud. Estaba justo detrás de él y me aseguré de que eso no cambiara. Vi a una mujer que había perdido uno de sus zapatos pero que no regresó a buscarlo, y no la culpé por eso.

Era horrible y me sentía tan mal por los niños que no tenían idea de qué estaba sucediendo –en ese momento, yo tampoco sabía qué estaba pasado, y no creo que nadie supiera–. Había muchísimos niños en el concierto, así como padres y adolescentes. Afuera era un completo caos, con multitudes llorando al teléfono e intentando alejarse del estadio. Una vez que estuve fuera, inmediatamente llamé a mi madre para decirle que estaba bien, y pedí un taxi porque el tranvía había dejado de funcionar para entonces.

Cuando entramos al estadio, antes del concierto, la seguridad apenas había revisando nuestros bolsos, y espero que se modifiquen los protocolos en el futuro, porque es ridículo lo poco que se esforzaron en chequear. El "testeo" consistió en abrir el bolso, echar una mirada de tres segundos, palpar la parte exterior, simplemente dejar a la gente entrar.

La noche había sido tan increíble y Ariana había tenido una actitud tan positiva y con tanta felicidad. Lo que pasó me pone muy triste, porque se supone que los conciertos son lugares seguros y una celebración de la música. Más de cuatro horas después, todavía soy incapaz de dormir. Espero que Ariana se mantenga fuerte, porque nadie quería que esa noche terminara de esa manera, y ella es una modelo amable y compasiva. Mi corazón está con las víctimas y sus familias –nadie merecía experimentar los eventos de esa noche–. Y realmente creo que la comunidad de Manchester se ha unido aún más con esto.

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