Reikiavik, la capital de Islandia (AFP)
Reikiavik, la capital de Islandia (AFP)

Se llama Partido Pirata, tiene apenas cuatro años de vida y las encuestas indican que este sábado puede ser el más votado y convertirse en el primer Partido Pirata en gobernar un país europeo.

Sus integrantes son una colección de anarquistas, hackers, libertarios y fanáticos de la web. Acuerdan sus políticas a través de encuestas online y postulan que los gobiernos deberían hacer lo mismo.

Quieren convertir Islandia en "la Suiza de los bits" y le han ofrecido la nacionalidad islandesa a Edward Snowden, el ex agente de la CIA que se refugió en Moscú luego de liberar miles de documentos secretos de la agencia de inteligencia estadounidense.

En la tierra de los vikingos, el Partido de los Piratas está a punto de ser gobierno.

El rápido ascenso de la formación desde una curiosidad marginal al centro de la escena política islandesa sorprendió a su propia fundadora, una poeta, programadora web y ex activista de WikiLeaks. "Nunca me lo imaginé", afirma Birgitta Jónsdóttir, de 49 años, cuando se le consulta si pensó que su fuerza política se pondría tan rápido a tiro de llegar al gobierno.

Birgitta Jonsdottir, líder del Partido Pirata (Reuters)
Birgitta Jonsdottir, líder del Partido Pirata (Reuters)

Los "piratas" aseguran que su partido no es de izquierda ni de derecha, sino un movimiento radical que combina lo mejor de cada uno. "La gente quiere cambios reales y para eso hay que cambiar los sistemas y modernizar cómo hacemos las leyes", dice Jónsdóttir.

Una victoria pirata mostraría cuán lejos pueden llegar los europeos en su rechazo a los partidos tradicionales.

En algún sentido, Islandia parece un lugar extraño para que florezca un partido antisistema. Se trata de uno de los países más pacíficos, prósperos y equitativos del mundo y posee el Parlamento más antiguo del mundo (del año 930).

Pero allí ha florecido el mismo sentimiento antiestablishment que en el resto de Occidente. La crisis financiera de 2008 que envió al país a la ruina fue el nacimiento de las protestas callejeras. A pesar de que la economía se recuperó desde entonces, ese espíritu fue revivido recientemente por la revelación por parte de los Panamá Papers de los negocios off-shore de la esposa del primer ministro, que forzaron su renuncia.

Los "piratas" son parte de un movimiento internacional que tiene partidos con representación política en otros países. Pero nunca estuvieron tan cerca de llegar al gobierno. Las encuestas lo muestran peleando cabeza a cabeza con el Partido de la Independencia, la fuerza tradicional del establishment de centro-derecha que ha gobernado el país por más tiempo en su historia moderna.

"Está claro a qué se oponen, pero no se sabe muy bien a favor de qué están", afirma sobre los piratas Birgir Ármannsson, un legislador del Partido Independiente, que reconoce que la gente "todavía está enojada con ellos" por la debacle económica de 2008. "Uno puede probar con experimentos, pero si quieres estabilidad económica y crecimiento, tienes que votar por nosotros".

Reikiavik, la capital de Islandia (Shutterstock)
Reikiavik, la capital de Islandia (Shutterstock)

Desde fuera, algunos pueden pensar el voto por los "piratas" como una broma. "Pero muchos votantes creen que una broma es mejor que lo que tenemos ahora", afirma Benedikt Jóhannesson, líder de otra fuerza nueva que surgió en los últimos años y compite con los "piratas".

El movimiento de los Partidos Piratas nació en Suecia, para combatir los derechos de propiedad digitales. Pero la propuesta electoral de hacer de Islandia un "paraíso de seguridad digital" como lo es Suiza para el sistema bancario ha sido enarbolada sin mayores precisiones, al igual que otras consignas vagas.

Los piratas aseguran que su partido es menos sobre consignas ideológicas que sobre la voluntad de devolverle poder a los ciudadanos en la democracia. "No estamos para ganar poder", afirma Ásta Guthrún Helgadóttir, una parlamentaria pirata de 26 años. "Estamos para distribuir poder".

Griff Witte, para The Washington Post

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