El capital humano, una clave para el progreso de los países
El capital humano, una clave para el progreso de los países

Estamos viviendo una Cuarta Revolución Industrial, que modificó radicalmente las pautas de producción y consumo en el mundo, a partir de los profundos avances tecnológicos de las últimas décadas. En este contexto cambiante y competitivo, los países deben redoblar sus esfuerzos para generar riqueza y garantizar una buena calidad de vida para todos.

Una de las claves para tener éxito en esta empresa es mejorar el capital humano. Esto significa tener una población más preparada, con conocimientos variados, capacidad de adaptarse al cambio y creatividad para buscar nuevas soluciones a los desafíos de esta época tan compleja.
Para el Foro Económico Mundial (WEF, por su sigla en inglés) el capital humano de una nación son los saberes y herramientas prácticas que tienen los individuos para crear valor. "Este recurso es un determinante del éxito de un país en el largo plazo más importante que cualquier otro, (…) porque es crítico no sólo para la productividad de una sociedad, sino también para el funcionamiento de sus instituciones políticas, sociales y cívicas", sostiene el organismo en The Human Capital Report 2016.

Para calcular en qué medida los países están desarrollando su capital humano, el WEF creó un índice (va de 0 a 100) a partir de 46 indicadores. Incluye estadísticas vinculadas a la educación, la formación profesional y el empleo, y una serie de datos cualitativos de una amplia encuesta mundial, con preguntas que entre otras cosas estiman la facilidad de las empresas para encontrar trabajadores altamente calificados.

El país con más alto capital humano es Finlandia, con 85,86 puntos. Lo siguen Noruega, con 84,64; y Suiza, con 84,61. Los tres países despliegan efectivamente cerca del 85% del potencial de su población. Uno de los secretos de Finlandia es el éxito de su sistema educativo, que reúne la mayor cobertura posible con la mayor calidad. Esto lo convierte en uno de los países en los que es más sencillo para los empleadores encontrar personal calificado. Noruega, uno de sus vecinos, comparte muchas de estas características. Suiza, por su parte, se destaca por la diversidad de talentos de la población activa, y por ser donde mejor es el entrenamiento de los trabajadores en las empresas.

Completan el top ten Japón (83,44), Suecia (83,29), Nueva Zelanda (82,79), Dinamarca (82,47), Holanda (82,18), Canadá (81,95) y Bélgica (81,59). En el extremo opuesto, los diez con valores más bajos son Mauritania (42,33), Yemen (42,98), Chad (44,23), Nigeria (48,86), Mali (49,37), Burundi (50,17), Guinea (50,17), Costa de Marfil (50,34), Senegal (51,49) y Lesoto (51,62).

Como uno de los grandes objetivos del WEF es ver qué países se están preparando mejor para el futuro, calcula un índice para distintos grupos de edad. El más interesante es el de los jóvenes de entre 15 y 24 años, que están en una etapa clave de la formación educativa y en el comienzo de su trayectoria laboral.

En este cohorte también aparece Finlandia al frente, con 85,35; seguido nuevamente por Noruega, con 84,72. Pero hacia abajo hay algunas diferencias con el resultado anterior, como que el tercero es Holanda, con 83,7. Luego aparecen Suiza (83,34), Australia (82,56), Austria (82,41), Nueva Zelanda (82,25), Dinamarca (81,89), Suecia (81,03) y Alemania (79,78).

Poco cambia el panorama entre los que están peor. Aquí también predominan ampliamente los africanos: Mauritania (38,85), Senegal (44,22), Chad (44,38), Yemen (45,36), Burkina Faso (46,82), Namibia (47,03), Guinea (47,82), Burundi (48,81), Costa de Marfil (49,04) y Mali (49,89).

 

La importancia del capital humano

Así, en abstracto, es difícil asir la relevancia que tienen estos datos. Pero si se loa relaciona con otros quizás sea más claro lo determinante que es para el destino de las naciones.

En el cuarto gráfico se puede ver el vínculo que tiene el capital humano con la potencia económica de un país, medida a través del PIB per cápita. Cada punto representa un país distinto, en el eje horizontal están los valores para el Índice de Capital Humano (ICH), y en el eje vertical los montos del PIB per cápita, estimado en dólares.

La tendencia es que a medida que aumenta el capital humano, crece el PIB per cápita. No hay ningún caso con un ICH menor a 60 y un PIB superior a 20 mil dólares. Tampoco hay casos con ICH mayor a 80 y un PIB inferior a 28 mil dólares. Los únicos países con un producto superior a los 50 mil dólares y un ICH medio son Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Kuwait y Qatar. Todos ellos tienen enormes reservas petroleras. Esto muestra que, a menos que tengan a disposición recursos naturales extraordinarios, para ser ricas las sociedades necesitan tener una población muy calificada.

Se podría argumentar que la relación es inversa, y que en realidad son los países ricos los que, por sus recursos, pueden invertir en educación y tener mejor capital humano. Esto es absolutamente cierto, es un vínculo que va en ambas direcciones. Lo que no se puede negar es que hay una estrecha correlación entre ambas cosas.

Aún más fuerte es la interacción entre el capital humano y el Índice de Desarrollo Humano (ajustado por desigualdad) que elabora el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Éste último es una medida de desarrollo o de calidad de vida, que estima de 0 a 1 una serie de indicadores de ingresos, educación y salud.

La correlación es muy estrecha: a medida que crece el ICH aumenta también la calidad de vida medida a través del Índice de Desarrollo Humano (IDH). Casi no hay excepciones, lo que en parte se debe a que los estados petroleros no están en la muestra, porque no tienen calculado el IDH ajustado por desigualdad. Aquí cabe lo mismo que en el caso del PIB, la relación va claramente en ambas direcciones.

La conclusión resulta obvia. Si los países quieren crecer, volverse más ricos y mejorar el bienestar para su población, es vital que inviertan en mejorar el capital humano. Aquellos que sigan aferrados al pasado tendrán serias dificultades para sobrevivir en el mundo del futuro.

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