Acababa de terminar el popular festival de música Wireless. Era domingo a la noche y cientos de jóvenes estaban hambrientos. El KFC de Finsbury Park está en una ubicación estratégica, y en cuestión de minutos se llenó de gente.

La demora en la entrega de los pedidos se hacía intensa, y un grupo no estaba dispuesto a soportarlo. Empezaron a saltear posiciones en la fila para pedir antes. Eso desató una pelea, con gritos y empujones.

Ante el caos, los empleados de la cadena de comidas rápidas resolvieron dejar de atender. Dijeron que hasta que no se terminaran las trampas y las peleas no iban a servirle a nadie. Hasta amenazaron con llamar a la policía.

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La advertencia hizo enfurecer a los tumultuosos. Uno de ellos saltó el mostrador y empezó a llevarse el pollo frito. Otros cinco siguieron su ejemplo.

Cinco minutos después llegó la Policía y puso orden. Sin embargo, gracias a la confusión, los ladrones lograron irse sin ser identificados.