El budismo y la ciencia

La neurociencia contemplativa concuerda con una práctica budista milenaria: la meditación

La neurociencia contemplativa es la que estudia qué cambios produce la meditación en la función y estructura del cerebro.
La neurociencia contemplativa es la que estudia qué cambios produce la meditación en la función y estructura del cerebro.

Cuándo estamos angustiados, ¿cuál es la manera más rápida de generar un cambio? ¿Cuáles son los métodos más efectivos para retomar rápidamente el equilibrio? Gracias a la ciencia, hoy podemos confirmar que las vías más rápidas para modificar estas emociones son a través de la respiración y la meditación.

Los budistas desde hace más de dos mil años lo practican y toman a la meditación como parte de una vida sana. Pero los occidentales tuvimos que esperar a que se crearan los resonadores magnéticos funcionales para poder ver la actividad cerebral y darle una explicación científica a esta práctica milenaria y comenzar a aplicar estas herramientas en los estados emocionales alterados.

Cada una de las emociones que experimentamos va acompañada de un determinado ritmo respiratorio. Por lo tanto, si alteramos el ritmo respiratorio, podemos modificar la emoción. Hoy se sabe que la respiración lenta y profunda genera en las neuronas un estado de calma. Por el contrario, si respiramos de manera rápida y corta, activamos y ponemos en alerta una serie de exactamente 350 neuronas (situadas en el tronco encefálico ubicado entre el cerebro y la médula espinal), que una vez activas, envían señales en el cerebro que provocan estrés, angustia, miedo, pánico y hasta alteraciones del sueño.

Una respiración lenta y calmada provoca menos agitación, evitando la activación de este grupo de neuronas. Cuánto más calmado está uno, más lenta es la respiración y viceversa; a mayor nivel de ansiedad, las respiraciones serán más rápidas. Sin embargo, también sucede que, si aumentamos la respiración, activamos los centros de ansiedad y si lentificamos la respiración generamos una sensación de calma.

Este descubrimiento puede explicar por qué la respiración consciente durante la meditación o la práctica del yoga modifica el estado emocional. Las personas que practican yoga, por ejemplo, utilizan una respiración lenta y controlada para fomentar la sensación de bienestar. Por lo que, si respira lento y profundo, hace yoga o medita, baja los niveles de stress y baja el cortisol en sangre. Esto explica porque respirar hondo nos hace sentir relajados.

La neurociencia contemplativa es la que estudia qué cambios produce la meditación en la función y estructura del cerebro. Los resultados son sorprendentes. Repercute de manera positiva en la salud mental y física. También potencia las funciones del cerebro, mejora la memoria, la capacidad para razonar, la atención y produce cambios en las partes del cerebro responsables de la creatividad. Promueve el sentimiento de compasión y mejora nuestra capacidad de comunicación interna y el registro de nuestras emociones.

El budismo y la ciencia han logrado un importante punto de encuentro. Hoy sabemos por qué esta práctica milenaria ayuda a controlar de una manera rápida y sencilla nuestros estados emocionales.

(Foto: cortesía)
(Foto: cortesía)

*Psicóloga y escritora

Lo aquí publicado es responsabilidad del autor y no representa la postura editorial de este medio.

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