Mujeres jóvenes y trabajo digno

La crisis económica por COVID-19 desató un huracán en medio de la tormenta profundizando las desigualdades para las y los jóvenes

Foto de archivo. Una mujer espera en una estación del Metro durante la protesta "Un día sin mujeres", como parte de la escalada de protestas históricas contra la violencia de género, en Ciudad de México, 9 de marzo de 2020.. REUTERS/Luisa Gonzalez
Foto de archivo. Una mujer espera en una estación del Metro durante la protesta "Un día sin mujeres", como parte de la escalada de protestas históricas contra la violencia de género, en Ciudad de México, 9 de marzo de 2020.. REUTERS/Luisa Gonzalez

“Me sentía desmotivada al ver como pasaban los años y mis actividades siempre eran las mismas: todas dedicadas a las labores del hogar, sin darme tiempo para mí. Me la vivía estresada, la mayor parte del tiempo discutía con mi pareja y mis padres, no era una persona muy sociable con mis vecinos, ya que vivo en una colonia muy conflictiva, rodeada de abuso de alcohol y sustancias. Mi último empleo fue hace cuatro años y las condiciones laborales en las que me encontraba no me daban seguridad: tenía que trabajar de lunes a domingo jornadas de 12 horas, la empresa movía constantemente mi lugar de trabajo y me quedaba muy retirado y a finales de mes no había horario de salida. Todo eso me hacía sentirme poco valorada en mi trabajo, cuando tuve la sorpresa de mi embarazo, se me cerraron las puertas porque nadie quería arriesgarse a darle empleo a una mujer embarazada, y eso a su vez me llevo a sentirme deprimida”.

Mariana: mujer, 24 años, Monterrey, Nuevo León, integrante del programa Jóvenes con Rumbo

Mariana, como muchas otras mujeres jóvenes en México, fue madre adolescente y a partir de ese momento: las barreras a vencer para tener un trabajo digno son aún más altas y retadoras. Es cierto que el derecho al trabajo en México es precario, pero es aún más precario para las mujeres jóvenes. Datos del Observatorio de Trabajo Digno (www.frentealapobreza.mx), señalan que, a inicios de 2020, había en México 12.1 millones de jóvenes en desventaja laboral, ya sea porque estaban fuera del sistema educativo y no tenían un trabajo; o bien, trabajaban en condiciones precarias: sin ingreso suficiente ni seguridad social. De los cuales, 3.8 millones eran mujeres realizando trabajos no remunerados de cuidado y doméstico.

La crisis económica por COVID-19 desató un huracán en medio de la tormenta, pues profundizó las desigualdades para las y los jóvenes, al ser los primeros en perder su trabajo y quienes más desempleo enfrentan hoy día: 70% de las bajas en el IMSS en marzo fueron de personas menores de 29 años y se estima que el desempleo para jóvenes creció a 40% mientras que para los no jóvenes se encuentra en 28%.

Al leer este panorama, quizá te preguntes, ¿qué se necesita para revertir esta situación? Y la respuesta no es sencilla, pues se necesita una profunda articulación entre distintos actores. Por un lado, alguien debe ganarse la confianza de Mariana o cualquier joven en una situación similar; luego darle herramientas - técnicas, académicas y socioemocionales-, para que construya una nueva imagen de sí mismo y se anime a tocar puertas de nuevos empleos; y por el otro lado, alguien en las áreas de recursos humanos debiera empujar procesos de contratación que ponderen la “no discriminación” y permitan el paso a jóvenes como Mariana.

Servicios a la Juventud (www.seraj.org.mx) por ejemplo, cuenta con un programa que suma voluntades y que promueve que más jóvenes tengan un trabajo digno. Hacerlo en tiempos de Coronavirus es nadar contracorriente, pero a nuestro lado están otras organizaciones, fundaciones y empresas que han apostado por que este sueño sea posible. Pero, sobre todo, contamos con muchas Marianas, que nos animan con sus palabras:

“El programa me ayuda a reconocerme a través de mis habilidades y destrezas, a tener metas claras y a mejorar los cuidados que le brindo a mi hija. Me siento orgullosa por que, durante esta contingencia, a pesar de las laboras del hogar, pude seguir mi formación. Ahora puedo ser empática, comprender a mi familia, enseñar a mi hija y aspirar a que pronto, ella se sienta orgullosa de su madre”.

Desde octubre de 1985, Seraj ha trabajado con más de 500,000 jóvenes, principalmente aquellos en condiciones de pobreza o exclusión, para que cuenten con las herramientas necesarias para cumplir sus sueños y vivan una vida digna, promoviendo que todas y todos los jóvenes en México, gocen de una de educación de calidad, accedan a empleos dignos, se sientan partícipes de su comunidad y se desarrollen en contextos libres de violencia.

*Directora de Servicios a la Juventud, A.C.

Lo aquí publicado es responsabilidad del autor y no representa la postura editorial de este medio.

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