La política monetaria para futuras pandemias: ¿qué hacer?

Muchas medidas de corte económico pudieron haberse tomado para paliar estos estragos, pero el gobierno mexicano decidió no hacerlo

Banco de México (Foto:REUTERS/Daniel Becerril)
Banco de México (Foto:REUTERS/Daniel Becerril)

Ya empiezan a darse cifras que muestran el descalabro de la economía nacional. Según el Banco de México, la actividad económica puede caer en más de 8%, probablemente se perderán entre 800 mil y 1.4 millones de empleos y el crecimiento esperado para el 2021 no compensará la caída del 2020. Como correlato de estos resultados, cerraran muchas pequeñas empresas, aumentará la informalidad, varios millones caerán en pobreza, los ingresos del gobierno caerán y muy probablemente varias entidades financieras -bancos, sofipos y microfinancieras- requerirán inyecciones de capital.

Muchas medidas de corte económico pudieron haberse tomado para paliar estos estragos, pero el gobierno mexicano decidió no hacerlo. Quizás la única institución de corte económico del Estado que buscó atemperar el vendaval fue el Banco de México. En coordinación con la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, se tomaron medidas para que los bancos tuvieran mayor liquidez y se flexibilizaron normas regulatorias para que los bancos pudieran ofrecer el diferimiento de pagos y la reestructuración de créditos sin que ello afectara a las provisiones que el marco legal exigía. Además, el Banco de México ofreció garantías crediticias y líneas de crédito para personas y empresas, y se hicieron operaciones de divisas para asegurar que el mercado cambiario funcionara apropiadamente. Según cifras presentadas en su Informe Trimestral, estos apoyos ascenderán a 800 mil millones de pesos, de los cuales el 44% son para que la banca preste a personas y a micro, pequeñas y medianas empresas.

Es aún muy temprano para saber cuál será el efecto de estas medidas sobre el financiamiento. Diversos estudios muestran que en tiempos normales una baja en la tasa de interés objetivo del banco central eleva el financiamiento a nivel nacional (Ibarra, 2016). Sin embargo, detrás de esta agregación hay resultados heterogéneos. Así, por ejemplo, en el caso de los préstamos personales y de nómina la historia reciente (2011-2019) muestra que el número de préstamos a nivel nacional varía con los cambios en la tasa objetivo del banco central. Sin embargo, si en lugar de analizar el impacto a nivel nacional lo hacemos a nivel municipal la historia es distinta. Agrupados los municipios de acuerdo a su grado de marginación, encontramos que el impacto de la mayor liquidez bancaria en el volumen de préstamos es en muchos casos nula. En lo que se refiere a los créditos con garantías, distintos estudios -ver por ejemplo Huidobro (2014)- muestran que por lo general se orientan a empresas medianas y grandes, no reduce de manera significativa la tasa de interés ni tampoco induce a los bancos a tomar más riesgo. En este sentido, en estos tiempos de alta incertidumbre, es probable que sólo se utilice un bajo porcentaje de estos 350 mil millones de pesos que el banco central tiene asignados a créditos para personas y para micro y pequeñas empresas. Más aún, posteriormente habrá que analizar qué ocurrió con aquellas personas y pequeñas empresas que obtuvieron financiamiento pues es posible que haya sido un arma de doble filo.

La autoridad monetaria tomó medidas en la dirección correcta pero lo más probable es que su impacto directo en las personas y en las micro y pequeñas empresas sea bajo y tardío. No será la última pandemia ni tampoco la última crisis extrema que enfrentaremos. La pregunta por tanto es qué debería hacerse la próxima vez. A mi parecer, se deben encontrar formas para que los recursos del banco central puedan ser recibidos de manera más expedita y alcancen a un mayor número de personas. A este respecto, el Banco de México debería considerar dos medidas. Primero, aprovechar su infraestructura de pagos para abrir cuentas digitales a todos los adultos que viven el país.

Dicha cuenta serviría para a hacer llegar más rápidamente los recursos a toda la población o de manera focalizada. Segundo, en caso de pandemias como la que estamos viviendo, es necesario analizar con detenimiento las ventajas y desventajas de que los recursos financieros que se destinen a dicha cuentas provengan del gobierno o de la autoridad monetaria. Como los trabajos de Van Rooij y de Haan (2019) y de Gali (2020) muestran, la respuesta no es obvia. Hablaremos de ello en una próxima entrega. En estos tiempos en que el gobierno mexicano optó por la parálisis hubiera sido muy útil que el Banco Central tuviera los instrumentos y la evidencia empírica para un accionar de mayor alcance e impacto entre la población. Esperemos que la próxima vez el Banco este mejor preparado y que las autoridades gubernamentales sean más sensibles y racionales.

*Investigador del Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana

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