Qué comer antes, durante y después de la pandemia por COVID-19

La alimentación juega un papel fundamental en nuestra nutrición y salud, también representa un aspecto cotidiano que permite la socialización y en algunos casos es un mecanismo regulador psicológico

(Foto: archivo)
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Las medidas implementadas para ralentizar la propagación de la enfermedad por COVID-19 y su impacto en el sistema de salud también han sugerido un cambio en la dinámica poblacional vista desde diferentes ámbitos, que van desde el social, económico, político, educativo, cultural, religioso, hasta el componente alimentario.

En este sentido, si bien la alimentación juega un papel fundamental en nuestra nutrición y salud, también representa un aspecto cotidiano que permite la socialización y en algunos casos es un mecanismo regulador psicológico ante situaciones en las que no se tiene control, como es el caso de la pandemia que actualmente estamos viviendo en todo el mundo.

Cambios en el comportamiento alimentario

Como parte de la modificación de nuestro estilo de vida y la incertidumbre que se ha generado por esta situación, estamos expuestos a experimentar diversas emociones negativas como estrés, ansiedad, cansancio, preocupación, enojo o temor, las cuales pueden contribuir a alterar la cantidad, variedad y frecuencia del consumo de alimentos y por otro lado, fomentar la búsqueda involuntaria de alimentos reconfortantes consecuencia del “food craving”, concepto multidimensional que involucra aspectos emocionales traducidos a un deseo intenso de comer, la búsqueda de alimentos específicos o “antojos”, constantes pensamientos relacionados a la comida y una mayor susceptibilidad a estímulos fisiológicos como la salivación.

Asimismo, afectaciones en el abasto, disponibilidad o acceso a los alimentos, los cambios en los patrones de compra que sugieren la selección de una menor variedad de productos o que favorecen aquellos con una vida de anaquel mayor, un mayor número de oportunidades para comer durante el día, alteraciones en la práctica de actividad física y en el sueño, son otros factores que pueden propiciar dietas poco saludables caracterizadas por ser altas en energía, ricas en grasas, hidratos de carbono simples y sodio, bajas en fibra, las cuales podrían impactar sobre la problemática actual de obesidad, diabetes, hipertensión y otras enfermedades crónico degenerativas, y a su vez, colocarnos en una situación de riesgo, particularmente en aquella población vulnerable, segmentos con ingresos basados en la economía informal y aquellos que viven en algún grado pobreza.

Por otro lado, pese a que pudiera existir un acceso reducido a comidas frescas que puedan comprometer oportunidades para alimentarse sanamente y tener una dieta variada, es posible que con un abasto de ingredientes y alimentos limitados, se logre una dieta completa, variada, adecuada, equilibrada y saludable. Para ello es aconsejable contar con herramientas que permitan una planificación de los diferentes tiempos de comida que incluya alimentos disponibles, de fácil acceso y locales, respetar las porciones, así como tener horarios y sitios definidos en donde se ingieran los alimentos.

De igual manera, este periodo de alerta sanitaria puede resultar una oportunidad para favorecer algunos hábitos saludables, dentro de los cuales encontramos la posibilidad de mejorar las estrategias de compra, almacenamiento y consumo de los alimentos, al planear e incorporar una mayor cantidad de alimentos preparados en casa o locales, así como el incorporar nuevas técnicas culinarias para la preparación de platillos y el consumo de alimentos que resulten nutritivos y reconfortantes. Todo esto acompañado de la realización de actividades que mejoren el estado de ánimo y disminuyan el estrés.

Perspectivas

La crisis de salud derivada de la pandemia por COVID-19 está teniendo impactos únicos e individuales, desde la perspectiva del comportamiento alimentario se pueden considerar aquellas problemáticas asociadas a la seguridad alimentaria, así como a la selección y consumo de alimentos aspectos mediados no sólo por cuestiones de producción, abasto o acceso sino por el estado de ánimo y los cambios generados en el estilo de vida a nivel personal y social.

Pese a que no existe evidencia contundente que sugiera cuales son los factores dietéticos que pueden disminuir el riesgo de contagio o sus complicaciones, se recomienda llevar una dieta correcta y adecuada (en términos de selección y preparación de alimentos variados, la frecuencia y cantidades de consumo), por lo que resulta necesario asegurar el acceso a alimentos nutritivos a partir de iniciativas que consideren propuestas colaborativas que involucren actividades de orientación alimentaria que permitan identificar hábitos de alimentación que se deben modificar o reforzar, acompañado de acciones que medien el aspecto psicológico y de actividad física para propiciar un estilo de vida saludable.

*Grupo de investigación en Ciencias Básicas y Clínicas de la Salud. Facultad de Ciencias Químicas, Universidad La Salle

Lo aquí publicado es responsabilidad del autor y no representa la postura editorial de este medio

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