(Foto REUTERS/Rafael Marchante)
(Foto REUTERS/Rafael Marchante)

En 1995 José Saramago publicó su novela “Ensayo sobre la Ceguera (Alfaguara)” en el que daba cuenta de una extraña enfermedad que provocó una ceguera blanca a los habitantes de la ciudad. En la novela hay un pasaje revelador para tener en cuenta en esta pandemia: “Un ciego se paró frente a un espejo, sabía que su imagen estaba ahí, aunque no pudiera verla, pero su imagen sí podía verlo y observar lo que hacía”. Saramago imaginaba la dificultad de imaginar el futuro en un contexto crítico, donde ese futuro depende de las decisiones en este presente.

Lo urgente se ha concentrado en resolver lo inmediato. Sin embargo, es necesario imaginar las consecuencias sociales y horizontes futuros que se perfilan a partir de lo que hoy se hace para enfrentar esta crisis sanitaria, social y financiera.

Una de las consecuencias sociales posteriores a esta pandemia será el incremento de la conciencia de vivir en la sociedad del riesgo, término acuñado por el sociólogo Ulrich Beck, quien señaló que la sociedad moderna pasó de imaginar el desarrollo y la seguridad que brindaba la medicina y la tecnología a una angustia permanente por las consecuencias que ese mismo desarrollo provocaba (medicinas que enferman, economías frágiles, cambio climático y epidemias. La conciencia de la fragilidad humana será memoria de las nuevas generaciones.

Otra consecuencia será una mayor desigualdad económica y la consecuente polarización social que generará mayores movimientos de protesta social a nivel global, aunado a la intensificación del estigma al extranjero o la discriminación al diferente por su condición racial, étnica o sexual, ejemplo actual es el estigma sobre China.

Pero más allá de los macro- cambios sociales que habrán de ocurrir también es necesario imaginar la transformación cotidiana en la vida de las personas. Uno de ellos será el cambio entre lo publico y lo privado que generará el confinamiento en el hogar de los miembros de la familia. La fusión de las actividades laborales y sociales con los espacios privados, íntimos y eróticos derivará en tensiones y conflictos entre las personas quienes se sentirán exhibidos frente a los demás. Esto se intensificará cuando se opte por generalizar el trabajo en casa (home office) y por el uso cada vez más intensivo de las redes digitales y el internet en las interacciones sociales intimas y sociales que modificarán el concepto de hogar.

Otros dos cambios habrán de observarse posterior a la pandemia. El primero será el tránsito de un individualismo acendrado hacia el fortalecimiento de redes de apoyo familiares y de solidaridad. Este será el mecanismo estratégico para hacer frente a la crisis económica y los conflictos sociales derivados de la pandemia.

El segundo y último revelará un incremento de la espiritualidad de las personas. No habrá un regreso a las iglesias o cultos. Por el contrario, las personas buscarán hacer frente a la angustia del riesgo social en la búsqueda de respuestas a formas de reflexión espiritual o de conexión consigo misma y no en las oraciones en los templos. De esta espiritualidad podemos comprender del por qué la obsesión de las personas por las profecías y las conspiraciones.

En síntesis, en medio de esta pandemia el futuro se dibuja incierto y dependerá de las decisiones en este presente las que habrán de modificar o no esa imagen que se refleja en el espejo.

*Investigador de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de La Salle

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