OPINIÓN: El medicamento para el bienestar

Desde que nacemos hasta que llegamos a la vida adulta necesitamos del cuidado de los otros. No llegamos por nosotros mismos al lugar en donde nos encontramos, hemos sido acompañados y ayudados por los demás y volveremos a necesitar del cuidado de los otros cuando seamos ancianos

(Foto: cortesía)
(Foto: cortesía)

Gracias al avance de la tecnología, hoy podemos saber qué acciones puntuales podemos hacer para sentirnos mejor y generarnos bienestar. Todas aquellas acciones que están dirigidas a ayudar a los demás hacen bien. Pero no sólo a aquellos a quienes ayudamos, sino que también repercuten directamente en nuestro propio bienestar, debido a la activación de un circuito neuronal asociado al placer y gracias a los químicos asociados a la felicidad que nos provocan sensaciones agradables.

Hoy podemos asegurar que el “otro” es aquel que nos procura la verdadera felicidad. Que es el prójimo el que nos hace feliz. Es curioso que hayamos pasado tantos años buscando la felicidad en el lugar equivocado, en nuestro interior, cuando en realidad estaba en la interacción con el otro.

Hoy también sabemos gracias a las investigaciones que se han realizado que el cerebro es maleable mediante el aprendizaje, y que podemos transformarlo para convertirnos en personas más felices y cooperativas. La empatía, la compasión y la cooperación no son virtudes o aptitudes personales, sino que se pueden promover y adquirir en base a un cierto entrenamiento. Podemos a través de la practica convertirnos en mejores personas.

El ser humano no se maneja por sí solo. Desde que nacemos hasta que llegamos a la vida adulta necesitamos del cuidado de los otros. No llegamos por nosotros mismos al lugar en donde nos encontramos, hemos sido acompañados y ayudados por los demás y volveremos a necesitar del cuidado de los otros cuando seamos ancianos.

Nos han acompañado y ayudado muchas personas a lo largo de nuestra vida. Muchos nos dieron una mano, una palabra o su compañía en el momento en que la necesitamos. Si tenemos esto presente, mientras tengamos una edad donde podemos valernos por nosotros mismos (cuando no somos niños ni ancianos) podemos no solo devolver lo que hicieron por nosotros, sino además ayudar a quienes nos rodean y tenderles una mano sin esperar nada a cambio. Dar, ayudar y acompañar a los otros nos ayuda a nosotros a ser mejores personas.

De todas las acciones que podemos realizar en procurar ayudar a otro, la bondad está por encima de todas. El ser bondadoso significa ser benevolente con quienes se encuentran a nuestro alrededor, es decir, procurar el beneficio para el otro.

No es un camino fácil o algo que podamos hacer de un minuto para el otro. Ser bondadoso requiere práctica, dejar de lado nuestras necesidades inmediatas y nuestros deseos en pos de necesidad o el beneficio para otro. Actuar de esa forma es conveniente tanto para nosotros como para quienes nos rodean. Se han realizado muchos experimentos que demuestran que la bondad es la base de un cerebro sano. Estimular la ternura y la bondad en los niños y adolescentes mejora su bienestar emocional, su salud y los resultados académicos.

Ayudar a alguien a cruzar la calle o cargarle las bolsas del supermercado a una persona mayor. Cualquier acto, por más sencillo y fácil que sea, si es para otro, genera bienestar, no solo para quien ayudamos, sino también para nosotros.

Tal vez usted se encuentre colmado de problemas, o de malhumor, con el ánimo decaído, ansioso o se sienta infeliz. Tal vez esté dando vueltas para encontrar alguna salida que le permita sentirse un poco mejor, que le haga la vida más llevadera y amable de lo que hoy la tiene. Si es así, intente salir de su problemática por un momento, mire a su alrededor y busque darle una mano a quien lo necesite, y experimentará enseguida, una sensación de bienestar simplemente porque quien hace el bien de manera desinteresada es más feliz que el resto de los seres humanos.

Pruébelo. No falla.

*Psicóloga y escritora

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