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Si nos detenemos un poco en la cartera de inversión, ésta puede ser de corto o de largo plazo. Enfocándonos exclusivamente a la cartera de corto plazo, en especial la que tiene que ver con los cambios en los precios de los activos financieros, debido a que se considera un escenario un poco mas optimista para este año, los inversionistas tendrán más alternativas de inversión factibles y por ende ampliar la diversificación y disminuir el riesgo.

Con respecto a las inversiones de largo plazo, estas se verán favorecidas por la firma del T-MEC, la baja en las tasas de interés y de inflación, así como por los proyectos de infraestructura y de apoyo al consumo popular de los diversos programas sociales del gobierno actual.

Las decisiones personales de gasto

Aunque bajo nuestra perspectiva se asume un crecimiento moderado en la versión más optimista, es necesario considerar que muchas de las recomendaciones con respecto a las finanzas personales implican actuar con mucha prudencia y esta también es nuestra recomendación, sobre todo cuando nuestra economía no es tan boyante.

La gran mayoría de los mexicanos no tiene posibilidades de ahorro debido a que tienen bajos ingresos y muchas veces incurren en el crédito para poder recuperar alcanzar cierto poder adquisitivo. Sin embargo, para no verse envuelto en problemas legales e incluso familiares o con amistades cercanas que de buena fe otorgan préstamos, en este caso no se debe gastar más de lo que se gana, especialmente cuando no se tiene la certidumbre de ingresos futuros.

En épocas navideñas, normalmente los gastos aumentan a la vez que las ventas. Los comerciantes, especialmente aquellos que acaban de integrar una empresa, no deben hacer mal sus cálculos puesto que las temporadas de ventas altas no se mantienen durante todo el año y, además, tampoco dejarse llevar por la insistencia de los proveedores, ya que sus inventarios podrían resultar muy onerosos. Cuidar de la calidad de sus productos y ser profesionales para no caer en aumentos desmedidos de precios.

Es cierto que el consumo es uno de los ejes fundamentales del crecimiento de los capitales. Sin embargo, hay que considerar que la competencia capitalista, su rivalidad y sus formas de operar tendrán sus efectos en lo que las personas gastan. La teoría económica dice que los consumidores optimizan, pero lo que no se toma en cuenta es que no siempre sucede así. La teoría económica nos dice que se trata de agentes económicos racionales, pero estas acepciones sólo son teóricas. Una sola noche de ofertas de una tienda departamental, dará cuenta de que la racionalidad no lo es tanto, muchas de las compras podrían resultar intrascendentes o innecesarias. Como anécdota, quiero comentar que un día estaba yo de compras en un supermercado y vi una joven pareja que estaba de compras, me imaginaba que estaban recién casados porque no llevaban ningún bebé o niños consigo. De pronto oigo que el hombre le dice a la mujer: “amor qué tal si llevamos esto (determinado producto”… “para qué” la mujer contesta. “No sé, tal vez podríamos necesitarlo” contestó él. Me quedé sorprendido, no le encontré la racionalidad a la elección. Pero como este hay miles de casos. Me acuerdo de uno más: hablan por teléfono la mamá y su hija. La hija: “Me acabo de comprar un pantalón” La madre contesta “de qué marca?” Otra vez mi sorpresa fue mayúscula pues yo esperaba alguna pregunta como de qué color es o cómo te queda. La racionalidad de la teoría opera de forma distinta en la realidad.

Hay muchos elementos que operan en la vida real y que tientan nuestro consumo inmediato y que debemos evitarlos o pensar y repensar nuestras decisiones. Expondré sólo algunos casos porque las formas para inducir o de persuasión al consumo son muy variadas, tan variadas como nuestra misma mente. Están llenas de imágenes, signos, símbolos y significantes con diferentes propósitos de acuerdo al producto y al grupo social al cual vaya orientado. Son parte de las acciones comunicativas organizacionales cuyo éxito finalmente radica en la atracción más o menos permanente del consumidor hacia su producto. Pero que un consumidor más o menos prudente siempre podría reflexionar sobre la pertinencia de su decisión de consumo, lo cual es sumamente difícil dado la decisión de su consumo no es sólo de él debido a que es muy difícil salir del ámbito social, cultural e identitario al cual pertenece y al cual la publicidad ha hecho énfasis.

Muchos de nuestros malos “hábitos de consumo” son inherentes a nuestro pensamiento e interacción en una época y sociedad o cultura determinada. En nuestra sociedad la aspiración hacia un nivel de bienestar mayor. El dicho inglés lo ejemplifica bien “siempre el pasto del vecino es más verde”. Esto puede llevar a que las personas incurran ya sea gastos superfluos o adquirir bienes que son innecesarios sólo por “aparentar un estatus económico mayor” al que realmente se tiene. Sea lo que fuere si no se quiere dilapidar los recursos lo que se debe evitar es gastar en bienes superfluos o innecesarios.

Como anécdota, les relato que una vez un profesor de economía nos decía que “si tu vecino tiene mejores cosas que tú, mayores ingresos y en general un mayor nivel de vida, que eso no te genere molestas ni envidia, más bien busca que venderle”, en otras palabras, aprovechar las oportunidades.

Además, en lugar de realizar gastos superfluos, se recomienda por motivo precaución, mantener liquidez ya sea en activos financieros mediante ahorros bancarios a fin de prevenir cualquier evento inesperado no deseado en el futuro cercano: pérdida de empleo, enfermedad, accidente, etc.

Muchas personas incurren en consumo innecesario por miedo a la exclusión o a la crítica social, esto es aprovechado por las marcas y es uno de los elementos más difíciles de evitar porque siempre surgen preguntas desde “¿cuánto te costó hasta qué marca es y dónde lo compraste?” Si usted pertenece a una esfera social alta y dice “lo compré en el tianguis” correrá el riesgo desde la incredulidad, la mofa o la pérdida de identidad social (exclusión). Evitar ser presuntuoso sorteará preguntas incómodas.

De todas maneras, sea cual sea es estatus de persona sabe que tiene una restricción de ingresos o dicho de otra manera cuenta con un presupuesto y lo más difícil es administrarlo. Sin embargo, el hedonismo de la quincena puede conducir a dilapidaciones y a disminuir nuestro peculio, y asimismo crear inconformidades familiares. El consumidor no sólo debe pensar en sí mismo, sino también tomar en cuenta en las necesidades presentes y futuras del entorno familiar.

Los períodos vacacionales son importantes por diversos motivos, con todo, las prioridades hay que acatarlas, sobre todo cuando se ha planeado el gasto asociado en vacaciones, procurar no salir de él, excediendo los gastos en un sinnúmero de recuerditos, bebidas alcohólicas, gastos suntuarios en restaurantes, etc.

Tampoco pecar de optimistas a través del uso poco responsable de las tarjetas de crédito, que en nuestro país son muy gravosas por las altas tasas de interés, así como los créditos al consumo que, de tan fáciles de adquirir, son sumamente onerosos para cubrir.

Uno de los aspectos importantes es saber reutilizar las cosas o adaptarlas para otros usos. Muchos ejemplos circulan por las redes sociales y también tienen un aspecto positivo en el ámbito del medio ambiente porque además de reciclar las cosas se pueden reusar o reutilizar. Muchas personas se deshacen de sus ropas -todavía útil- porque ya no están de moda pero unos meses después con ligeros cambios pueden llegar a utilizarla nuevamente o combinarla con otros aditamentos o vestuario porque la moda casi siempre regresa.

Aunque es un poco difícil de hacer, pero el adagio “consumidor desconfiado vale por dos” es pertinente cuando se trata del mundo de las ofertas. Hemos visto en “el buen fin” que muchos comerciantes suben sus precios dos semanas antes de el buen fin y, después en este período, bajan sus precios para aparentar unas superofertas y hasta con meses sin intereses.

El consumidor debe de tomar en cuenta muchas y variadas cosas que no bastaría un libro para hacer recuento de ellas.

Hace mucho tiempo, Miguel de Cervantes Saavedra se le adelantó a Freud, en su obra magistral Don Quijote de la Mancha, siendo el Quijote un personaje que se consideraba valiente e intrépido y que asumía muchos riesgos. En cambio, Sancho Panza significaba la prudencia, mesura y racionalidad. Por eso es que nosotros debemos de considerar que de alguna manera estos dos personajes participan en muchas de las decisiones que tomamos día con día, entre ellas nuestras decisiones de gasto en inversión, consumo y ahorro. Tratemos de ser más como el segundo personaje, pero sin dejar de considerar al primero.

*Investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México

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