Tragedia, amor y narco: La Güera Hilda, la mujer por la que mató el creador de Los Zetas

“Ahora sí, Paquito, La Güera es sólo mía”, exclamó de Osiel Cárdenas Guillén antes de mandar asesinar a quien era su socio y esposo de Hilda, su amante a la que incluso puso por encima de esposa

La Güera Hilda, la mujer que robó el corazón del fundador del cartel de los zetas (Fotoarte: Steve Allen)
La Güera Hilda, la mujer que robó el corazón del fundador del cartel de los zetas (Fotoarte: Steve Allen)

Hilda Flores González, mejor conocida como “La Güera Hilda” fue la amante de Osiel Cárdenas Guillén, quien fuera líder del Cartel del Golfo, una de las primeras organizaciones criminales en México.

Conocido también como “El Mata amigos”, Cárdenas Guillén era considerado como uno de los narcos más violentos e impulsivos, al grado en que fue su nivel de maldad el que lo llevó a convertirse en el líder del cártel y en el creador de Los Zetas, otra de las organizaciones criminales más sanguinarias de la historia.

La particularidad de su negro carácter radica en los detalles, como aquel en el que Hilda González siendo amante de Osiel, gozó de la muerte de su esposo al que Cárdenas mandó a matar a pesar de ser uno de sus colaboradores más cercanos: Rolando Gómez, “El Rolys”, a quien conoció en la cárcel en 1994 y que presumía como “amigo entrañable”.

Osiel Cárdenas  fue extraditado a Estados Unidos (Foto: archivo)
Osiel Cárdenas fue extraditado a Estados Unidos (Foto: archivo)

No era güera de cuna, pues Hilda se teñía el cabello de rubio, pero el apodo se le quedó a lo largo de los años y le valió ser una de las mujeres más afamadas en Matamoros, Tamaulipas. por su belleza, así como por la peculiaridad de ser protegida de la mafia.

La paz y seguridad de Hilda, iban por encima de la esposa de Osiel Cárdenas, Celia Salinas, quien a diferencia de Hilda, jamás obtuvo el reconocimiento del Cartel del Golfo, al grado en que nadie le ayudó a evadir a las autoridades, incluso cuando lavó dinero para la organización de contrabando que lideraba en aquel entonces su marido.

Además de sed de poder y de sangre, a Cárdenas le apasionaban las mujeres, hecho que se le atañe gracias a que sólo contó con un padre adoptivo y una madre ausente, como documentó en su momento el periodista Ricardo Ravelo en el libro “Osiel, Vida y tragedia de un capo”.

Mujeres bellas y voluptuosas eran su debilidad (Foto: Facebook)
Mujeres bellas y voluptuosas eran su debilidad (Foto: Facebook)

Mujeres bellas y voluptuosas eran su debilidad e Hilda, no fue la excepción, pues de las muchas amantes que tuvo, Flores fue la más especial.

Responsable de crear al cartel de los Zetas, Osiel Cárdenas compartió los lujos que obtuvo a través del crimen organizado con varias mujeres que, al paso de los años pelearon por su dinero y por su supuesto “amor”.

Rolando Gómez fue presa del odio y del coraje de Cárdenas cuando, al descubrir que Hilda era su amante, la golpeó, sin imaginar que a corto plazo le costaría la vida a manos de su jefe y traidor.

Varios medios de comunicación confirmaron en su momento que fue la misma Flores quien denunció la golpiza que le había dado su marido, con Cárdenas.

Osiel en venganza y para dejar claro que quien llevaba las riendas era él, mandó a llamar a un desertor del Ejército Mexicano conocido como el Z-1, Arturo Guzmán Decena, quien se encargó de abatir a Rolando Gómez y a deshacerse de su cuerpo.

Arturo Guzmán Decena, fue también fundador del grupo paramilitar de Los Zetas, mientras Rolando Gómez, alguna vez fue uno de los amigos más cercanos de Osiel Cárdenas.

La tecnología de aquellos años era liderada por el fax como medio para enviar mensajes e incluso imágenes desde largas distancias a través de transmisiones telefónicas de material escaneado impreso.

Fue de esa manera que Cárdenas pudo recibir las fotos que el Z-1 le hizo al cuerpo inerte de Rolando Gómez como prueba de que lo había matado.

Se dice que, tras el asesinato de su esposo, La Güera se fue con Osiel a Cancún para tomar unas vacaciones, aunque a pesar de la gran atracción que el capo sentía por ella, su relación era muy explosiva y su felicidad, efímera.

Quienes cuidaban muy de cerca las espaldas de Cárdenas, aseguraban que Flores habría de tenerlo embrujado, pues cuando ella lo dejaba, el hombre rompía en llanto por incontables días.

Sumado a ello, el asumir un liderazgo como el que requería el cartel del Golfo, sin querer, fue separando a la pareja de amantes, pues a Osiel no le quedaba más que ser precavido todo el tiempo, pues temía incluso de su gente más cercana, particularidad que lo volvió más frío, insomne y adicto a las drogas.

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