(Foto: cortesía)
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Una de las características principales de nuestro cerebro consiste en su capacidad para inventar y armar historias. Para hacerlo sólo necesita de una mínima cantidad de datos. Con apenas muy poca información le alcanza para rellenar los huecos que le quedan e hilvanar historias. Historias inventadas por nosotros que nos completan los espacios vacíos de información.

La neuróloga estadounidense Jill Taylor le puso a esta función del cerebro “el cuentacuentos” porque eso hace nuestro cerebro: nos cuenta cuentos. Nos crea continuamente historias y tiene una importante tendencia a rellenar los huecos que aparecen en nuestros pensamientos, y de esa forma, nos contestamos las preguntas que nos hacemos, utilizando los pocos datos que tenemos.

Por ejemplo: A la pregunta: ¿qué le habrá pasado a Alicia que no vino a trabajar hoy?, nos damos una respuesta independientemente de la verdadera causa de su ausencia. El cerebro está preparado para darnos una cantidad de guiones alternativos: “no vino a trabajar porque se quedó dormida, o porque suele faltar bastante seguido o porque se siente descompuesta”. Con la primera respuesta que sea satisfactoria para nosotros, nuestro cerebro rellenará el hueco y si además, el tema nos resulta apasionante, entran en juego las emociones (por ejemplo: “dicen en la oficina que Alicia es la amante del jefe y el jefe hoy tampoco vino a trabajar”) y con las emociones presentes podemos dar aún más alternativas y generar más historias sobre los motivos por los que Alicia no vino hoy.

Las historias que nos hacemos tienen un impacto directo en nuestra vida y en nuestra salud mental. La manera en que nos sentimos está muy relacionada a los cuentos que nosotros mismos nos contamos.

Nuestra actividad mental es continua, tanto si pensamos en temas conducentes como si estamos haciendo trabajar a nuestro cuentacuentos en la producción de historias. Estamos pensando desde el momento en que nos despertamos en la mañana hasta que el sueño nos vence. Tenemos que tener cuidado con nuestro cuentacuentos, porque gran parte de las dificultades que tenemos están basadas en tejer historias y sacar conclusiones basadas en datos insuficientes y a su vez, en darlas por ciertas.

Nuestro cerebro es magnífico en su capacidad de inventar cosas. Nuestra mente genera una línea argumental y nos ofrece muchos guiones alternativos que pueden calmarnos o ponernos en estado de alerta o angustiarnos. ¿A quién de nosotros no le ha pasado? Cuantas veces nos damos cuenta de que lo que estábamos pensando estaba muy alejado de lo que en realidad estaba sucediendo.

Vivimos contándonos historias que suelen representar muy bien a nuestros miedos, inseguridades, prejuicios u opiniones previamente formadas sobre los otros o sobre los hechos. Gran parte de esas historias son inventos de nuestra cabeza. El cerebro en su necesidad de eliminar la tensión que le provoca una pregunta sin respuesta, contesta cualquier cosa que lo conforme.

Queda en nosotros notar la diferencia y ser conscientes sobre los cuentos que hoy nos estamos contando.

*Psicóloga y escritora

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