Todavía los mexicanos lloraban la muerte de una de las leyendas de la canción romántica, cuando los restos de José José eran recibidos en el templo de la cultura mexicana: el Palacio de Bellas Artes, un recinto sagrado donde se ha despedido al escritor, Octavio Paz, y también a Juan Gabriel.

Este miércoles, las cenizas del cantante fueron trasladadas desde Miami, Estados Unidos, a la capital mexicana. Quien entonara aquello de “qué triste dicen todos que soy”, levantó un país entero para darle el último adiós.

Pero en medio del escenario solemne pasó todo lo malo que podía pasar: las masas superaron a la seguridad, el espacio en la Alameda era deficiente, durante largos momentos falló la señal del celular y las esperas interminables.

Las cenizas de José Rómulo Sosa Ortiz, mejor conocido como José José, llegaron al recinto cultural a las 10:29 (GTM -5) para recibir el último aplauso del público: los más ordenados hicieron fila desde una noche antes y los últimos se quedaron en las vallas hasta cerrar por completo el que es considerado el cruce peatonal más transitado de México: la esquina Juárez y Eje Central que da paso a la avenida Madero.

Siempre estuvieron los ingrediente para que las cosas se salieran de control: cansancio, hambre, impotencia por no tener el mejor lugar, pero la simple esperanza de ver o estar cerca de los restos del cantautor bastó para calmar las masa y mantener el buen ambiente.

Durante casi cuatro horas hubo aplausos, porras, canciones que se coreaban en pedacitos porque no existieron las condiciones para la instalación de pantallas gigantes como en el homenaje de Juan Gabriel (1971-2016).

Pero lo que más sorprendió a los fans, fue la premura de los tiempos. Fuentes oficiales informaron a Infobae México que su hija, Sara Sosa, no permitió que las cenizas del cantante permanecieran más tiempo en Bellas Artes, pues incluso se firmó un documento con la Secretaría de Cultura. Tampoco permitió que se realizara un espectáculo musical en las afueras del recinto.

Las consignas fueron peculiarmente dirigidas a la hija menor del cantante, Sara Sosa, quien aunque no estuvo presente en el homenaje en México, fue blanco de los repudios de los mexicanos: ¡Sarita, maldita!, gritaban mientras adentro se llevaba acabo un homenaje al intérprete.

A las 13:05 horas, la cenizas del “Príncipe de la Canción” fueron llevadas a la Basílica de Guadalupe, por lo que en medio de empujones y gritos un grupo de seguidores ingresó al Palacio, pues pretendían verlo por última vez.

Sin embargo, en la entrada elementos de seguridad restringieron el acceso al público, por lo que se generó un caos.

El programa artístico en el “Palacio de Mármol” concluyó con la participación de un grupo de mariachis y su interpretación de las Golondrinas. En tanto, las personas que aún esperaban entrar, se dispersaron hacia Eje Central, donde aguardaban la salida de la carroza fúnebre, la cual ya se traslada al recinto religioso, donde se oficiará una misa.

Más tarde pasarán por Parque la China en la colonia Clavería, Azcapotzalco, en donde vivió.

Finalmente, sus cenizas serán llevadas al Panteón Francés en donde será sepultado junto a su madre Margarita Ortiz, quien falleció en enero del 2004. Ahí sus familiares se podrán despedir de él.

José Rómulo Sosa Ortiz, José José, falleció el pasado 28 de septiembre a los 71 años de edad. Su muerte ha girado entorno de una lucha mediática protagonizada por los hijos del cantante.

Reportaron desde la Ciudad de México: Patricia Juárez, Diana Zavala y Juan Vicente Manrique