(Foto: cortesía)
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Por Celia Antonini *

En el estudio de la mente, las emociones merecen ocupar un lugar tan destacado como el que tienen hoy los pensamientos. Desde hace unos años la Neurociencia afectiva se dedica de lleno al estudio de las emociones, considerando que cada uno de nosotros tienen un perfil emocional que nos diferencia de los demás. Un perfil constituido por el modo en que nos enfrentamos a las circunstancias que nos tocan vivir y que nos hace ser quienes somos. Cada uno de nosotros tenemos una huella digital emocional que nos identifica e individualiza a unos de otros.

La manera en que reaccionamos a las situaciones de la vida, tienen más que ver con el perfil emocional de cada uno de nosotros que de las circunstancias externas. Hoy se sabe que lo que pasa fuera de nosotros no determina nuestra reacción, sino que nuestra forma de responder a los acontecimientos está determinada por la "configuración emocional de nuestra mente", por el cableado emocional que hemos realizado y que nos permite recorrer una y otra vez diferentes circunstancias utilizando la misma conducta.

¿Quién no conoce a alguien que es "calentón" "o que tiene pocas pulgas" Y que a cada mínima arbitrariedad responde de una manera exacerbada a la situación? ¿O aquellos que siempre ostentan una calma más allá de los límites racionales que uno pueda comprender y a quienes fácilmente catalogamos como personas que no tienen sangre en las venas? Las personas emocionalmente controladas, los explosivos, los que toman mucha distancia afectiva y los que son sumamente cariñosos y expresivos tienen distintos perfiles emocionales y responden a la configuración mental que han conformado.

El perfil emocional ha identificado 6 dimensiones. Algunas personas se sitúan en un extremo u otro de ese continuo, en tanto que otras se sitúan en algún lugar intermedio. La combinación de las diferentes posiciones que ocupamos en cada una de las dimensiones, equivale al perfil emocional total y es la que nos hace tan particulares y únicos a la hora de responder emocionalmente.

Cada uno de nosotros es una combinación de capacidad de resistencia a la adversidad, de actitud, de intuición social, de autoconciencia, de sensibilidad al contexto y del nivel de atención, es decir, una combinación de estas dimensiones que conforman un perfil emocional único. Una mezcla de características que describe el modo en que percibimos el mundo y reaccionamos ante él, de qué modo nos relacionamos con los demás y como sorteamos la carrera de obstáculos de la vida.

Así hay personas que se recuperan pronto de la adversidad, mientras que otros no. Como los hay quienes tienen una actitud que les permite mantener emociones positivas por largo tiempo y de manera deliberada. Por otro lado, hay personas a las que les resulta muy difícil "sentir" sus sentimientos, es decir, pueden llevarles días reconocer que están enfadados, tristes, celosos o que se sienten asustados y mientras otros son conscientes de lo que están sintiendo y son receptivos a los mensajes que sus cuerpos les envían.

También difiere entre unos y otros la sensibilidad al contexto que refleja el grado de sintonía que mostramos en el entorno social que nos desenvolvemos.

La Neurociencia Afectiva ha podido determinar los patrones de actividad cerebral y los circuitos neuronales específicos que subyacen a las estas dimensiones emocionales. Gracias a la plasticidad del cerebro podemos entrenar la mente y hacer intervenciones conductuales que posibiliten modificar nuestro perfil emocional.

A diferencia de las huellas digitales dactilares que se mantienen iguales a lo largo de toda la vida, con las emocionales podemos hacer modificaciones en cada uno de los aspectos que consideremos necesario, pero aun así seguiremos manteniendo una característica en común: ser únicas e irrepetibles.

*Psicóloga y escritora

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