(Foto: cortesía)
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Por Celia Antonini* 

Si le pregunto cómo protege su cuerpo, usted me daría una lista de cuidados tales como: lo abrigo en el invierno, lo alimento, lo mantengo hidratado, le doy descanso, lo ejercito, lo llevo al doctor, lo higienizo, etc. ¿Hace lo mismo con su cabeza? En general no tenemos el mismo cuidado con la mente que con el cuerpo y a decir verdad, si la prioridad fuera nuestra mente, nuestro cuerpo no sufriría muchas de las consecuencias de la actividad de nuestra cabeza.

Una buena manera de cuidarnos es poner el foco en la forma en que utilizamos la información que recibimos, los conocimientos que tenemos y la manera en cómo los procesamos. Las diferencias que tenemos entre unos y otros son abismales y los resultados también.

Informarnos no significa cambiar. Se realizaron estudios con atletas olímpicos y se pudo determinar que la diferencia entre ganadores y perdedores, no está dada por la resistencia física. De hecho, según el estudio, hay muy poca diferencia entre quien gana el oro y el resto de los competidores. La diferencia fundamental, que provoca un salto cualitativo, está dada por saber utilizar la información. Cuanto mejor utilizamos la información, mejores decisiones tomamos y más cambios provocamos.

Algo así como: de nada le sirve leer esta columna si no va a utilizar la información que hay en ella. La mayoría de las veces nos informamos y hacemos poco con lo que recibimos. Es uno de los principales motivos por los cuales podemos leer libros, asistir a conferencias, estudiar, ver programas educativos en la televisión, realizar seminarios, cursos y hasta carreras universitarias y no obtener los resultados que estamos buscando.

Para hacer modificaciones en nuestras emociones y pensamientos, necesitamos tener una actitud proactiva, una decisión que la sostenga a lo largo del tiempo y a su vez, que esos cambios se puedan plasmar en una modificación de la conducta.

Ni siquiera es cuestión de habilidad natural. No se trata de facilidad o de aptitud, se trata de actitud. La diferencia está dada en cómo organizamos y utilizamos la información, y no el talento natural que tenemos para determinada disciplina. Lo que percibimos como talento no es un don innato, sino, casi siempre, fruto del trabajo.

Podemos instruirnos muchísimo y adquirir un sinfín de herramientas, pero mientras no las pongamos en práctica de manera sistemática, no obtendremos buenos resultados ya que el proceso de consolidación del conocimiento necesita de la praxis.

Ser ejecutores es una buena forma de tomar el control de nuestras vidas. Podemos alcanzar metas inimaginables si trabajamos día a día. Una acción aparentemente difícil, si se hace una y otra vez y miles de veces, se logra dominar. Funciona tanto para alcanzar la excelencia en una habilidad motora (deporte), como en dominar emociones complejas y arraigadas en nosotros, como el miedo, que gracias a un enfrentamiento constante y continuo podemos llegar a dominarlo.

Una buena forma de ayudarnos es utilizar la información que recibimos para generar cambios, tener una actitud proactiva y repetir hasta lograr una modificación de la conducta

Ponerlo en práctica, no solo puede ayudarlo a llegar a la meta, sino, que al igual que a un deportista olímpico, puede llevarlo a ganarse la medalla de oro.

*Psicóloga y escritora

Lo publicado aquí es responsabilidad del autor y no representa la postura editorial de este medio