(Foto:: © Igualdad Animal / Love Veg México)
(Foto:: © Igualdad Animal / Love Veg México)

Por María José Lozano*

El Amazonas ardió este agosto. Y si bien el impacto de este incendio ha dado la vuelta al mundo, es solo un evento en gran escala que está mostrando lo que está pasando cientos de veces al día, en menor escala, en los bosques y las selvas de nuestro planeta.

En México, es común que se le atribuya al sector inmobiliario, principalmente porque el fuego que vemos, el que más nos preocupa, es el que está cerca de nuestro hogares. Pero la realidad es que en las zonas con menor urbanización también suceden, sin flashes ni transmisiones en vivo y, normalmente suceden por el actuar del hombre, para beneficio de madereros y de la industria alimentaria del ganado.

Así como lo lees, los incendios son provocados para lograr una deforestación que permita generar tierras para el cultivo de comida para ganado. Es esta la paradoja de nuestro tiempo: la comida que come. Y contamina y derrocha agua.

Es decir para poder comer un bistec, se tuvo que alimentar a una vaca y después a un ternero durante un promedio de dos años. Llega al matadero pesando 440 kilos aproximadamente de los cuales sólo 240 son usados para carne. Se le tuvo que dar de beber también. Y defecó y orinó, lo que terminó en el suelo de las granjas, que por el peso de los animales y sus deposiciones, quedan erosionadas e inservibles por años. Sus gases son uno de los principales factores del aumento de CO2 en nuestra atmósfera.

Centrándome solo en la alimentación que se requiere para que un bistec llegue a nuestras mesas, puedo asegurar que los requerimientos de tierra y producción ya son suficiente razón para alarmarse.

Es debido a la gran necesidad de comida y espacio que se requiere para la ganadería, a la escala en que el mundo solicita carne, que estamos quedándonos sin bosques y selvas a nivel mundial. Necesitamos cosechar granos y vegetales suficientes para alimentar a millones de animales que son criados para consumo. Cuanto más comemos carne, más tierras de cultivo se necesitan y cuanto más presionará la industria para obtenerlas o pagará por ellas. A costa de ecosistemas completos, generando la desaparición de hábitats y por ende de las especies endémicas del lugar, y de, claro, la vida de los pulmones del planeta.

Es recurrente que al decir que es mejor una alimentación basada en plantas se responda con la correcta aseveración de que en su mayoría se usa para producir soya transgénica. Pero lo que no se ha difundido con tanta claridad, es que más del 70% de esa soya se cultiva para alimentar animales.

No es de asombrar que la humanidad esté siendo azotada con enfermedades y padecimientos relacionados con los pesticidas y antibióticos, pues aunque vayamos comiendo orgánico, nuestra comida come hasta metales. De hecho a las vacas usadas para producir leche se da de comer imanes para retirar los metales de su estómago y evitar "pérdidas" asociadas con ello.

Así que aprovecho para reiterarte lo que ya dijo la Organización de las Naciones Unidas (ONU), lo que muchas celebridades están también impulsando y a lo que las principales organizaciones que luchan contra el cambio climático se están avocando: disminuir el consumo de carne es el paso necesario para salvar nuestro planeta. Y yo agrego, no hay mejor decisión para el futuro, tanto para evitar el sufrimiento animal, el derroche de recursos, el cambio climático y la desigualdad alimentaria que hacer una transición hacia una alimentación totalmente basada en plantas.

Ahora que ya lo sabes ¿qué tan comprometido estás a salvar a nuestro planeta?

*La autora es coordinadora de Comunicaciones México de Igualdad Animal

Lo aquí expuesto es opinión del autor y no refleja la postura editorial de este medio