(Foto: cortesía)
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Por Celia Antonini* 

Hay personas a las que se les dificulta pedir ayuda. No quieren ser vistos como personas no saben o no pueden. No importa si es referido al estudio, al trabajo, o tienen alguna dificultad para llevar adelante determinadas situaciones o estados emocionales, lo importante es no solicitar asistencia cuando la necesitan.

No todos evitan pedir ayuda por los mismos motivos.  Hay personas a las que les cuesta preguntar y mostrar que no saben y otros en cambio, son reacios a exponer determinadas emociones que consideran como un signo de debilidad (miedo, inseguridad, dolor, angustia). Varía entre unos y otros el aspecto donde se sienten más inseguros  o donde creen que van a ser criticados o no aceptados, pero para todos, no pedir ayuda significa lo mismo: miedo al rechazo o a la crítica de aquellos aspectos que "a priori" son considerados como un signo de debilidad.

Para sentirnos bien necesitamos tener una coherencia entre lo que pensamos y sentimos con lo que decimos y hacemos.   Cuando alguna de estas cuatro variables va en sentido opuesto, el malestar o el conflicto interno se hacen presentes. 

Evitar pedir ayuda es un error que frecuentemente solemos cometer. No queremos mostrarnos débiles, inseguros, temerosos, confundidos y buscamos la manera de aparentar una seguridad que para muchas cosas no poseemos.  Solemos creer que al evitar mostrar nuestras debilidades nos vemos más fuertes y no es así, aunque parezca una contradicción, mostrarnos necesitados nos fortalece. 

Cuando sabemos lo que no podemos hacer, conocemos nuestros puntos flojos y aceptamos las debilidades y dificultades que tenemos, perdemos el temor a cómo seremos vistos por los demás. En cambio, cuando tratamos de ocultarnos, corremos el riesgo de ser descubiertos.  

Podemos aparentar con los otros, pero no podemos ocultarnos de nosotros.  No podemos desconocer el grado de veracidad que tienen nuestros actos y palabras, y aunque en apariencia nos mostremos "fuertes" sabemos que no es así. Esas conductas impactan en nuestro nivel de autoestima y ante nuestros ojos, nuestra imagen se deteriora. No tenemos un lugar donde escondernos de nuestros miedos, mentiras e inseguridades.

Hace muchos años escuché una reflexión del Dalai Lama donde decía que el ser humano no se maneja por sí solo. Desde que nacemos y hasta llegar a la vida adulta necesitamos del cuidado de los otros. No llegamos por nosotros mismos al lugar donde nos encontramos, hemos sido acompañados y ayudados por los demás a lo largo de todo el camino y volveremos a necesitarlo aún más cuando seamos ancianos.

Pedir ayuda nos hace ver simplemente como somos: seres humanos necesitados, carentes de un sinfín de cosas. Temerosos de algunas, fuertes para otras, inseguros para muchas y con confianza en otras tantas.   Einstein decía: "Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas".  

Saber quiénes somos, conocer nuestras debilidades y fortalezas y sentirnos seguros y aprobados por nosotros, implica necesariamente, saber pedir ayuda.

*Psicóloga y escritora

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