(Foto: cortesía)
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Por Celia Antonini* 

La autoestima es la capacidad que tenemos los seres humanos de querernos, valorarnos y respetarnos. Saber quiénes somos, lo que queremos y sentimos y la imagen que nos hemos conformado de nosotros, es un proceso individual que fuimos construyendo a lo largo de los años. Ninguna otra persona puede entender cabalmente nuestras reacciones y motivaciones internas, ni conocer la totalidad de nuestra historia, solo pueden ver un conjunto de actitudes y conductas que responden, sin duda, al nivel de autoestima que tenemos.

Las personas con una autoestima suficiente tienden a tener estrategias muy diversas para satisfacer estas necesidades que no tienen las personas con baja autoestima.

La persona que tiene una buena autoestima, tiene un cierto grado de confianza en sí mismo. Resuelve los problemas en vez de preocuparse por ellos, encuentra la forma en que los otros le respondan positivamente y enfrenta los conflictos interpersonales que se le presentan.

Por el contrario, la baja autoestima despoja a la persona de confianza, no sintiéndose capaz de afrontar la ansiedad, los problemas interpersonales o los riesgos que supone un desafío. La vida se vuelve más penosa y aparecen los sentimientos de ansiedad, desamparo, rechazo e insuficiencia.

Solemos pensar que la autoestima es una sola, pero en realidad tiene dos aspectos muy bien definidos. Por un lado, evaluamos nuestra "capacidad personal" es decir cuan capaces nos sentimos para enfrentarnos a los desafíos de la vida. (trabajar y/o estudiar) y que habilidad consideramos tener para comprender y superar los problemas.

Por el otro lado, la autoestima tiene un sentimiento de valía personal, es decir, cuanto creemos que valemos. Cuanto merecemos ser felices y cuanto respetamos y defendemos nuestros intereses y necesidades para poder alcanzar la felicidad.

Estos dos componentes explican el por qué muchas personas son exitosas en sus negocios o actividades profesionales y a pesar de ello, tienen una baja autoestima. Se sienten capaces en lo que hacen, pero a la vez no se sienten merecedores de afecto que le procuran los otros o no se permiten ser felices.

Nuestra evaluación es el reflejo del grado de aprobación que nos procuramos y del concepto que nos tenemos. Respondemos únicamente a la calificación que nos pusimos. Es decir, confirmamos y tomamos en cuenta sólo aquellos aspectos que pueden coincidir con nuestra evaluación y descartaremos el resto. Todo aquello que no concuerda con nuestra forma de vernos lo desechamos de manera casi imperceptible de nuestra conciencia y terminamos por confirmar que lo que pensamos sobre nosotros es cierto. Reafirmamos día tras día lo que sentimos por nosotros y nos garantizamos que la manera en que nos vemos, no sufra modificaciones.

A la vez, no podemos evitar que los demás vean nuestro nivel de autoestima, nuestras conductas, nuestras respuestas, nuestras formas de comportarnos hablan de cuanto nos respetamos, queremos o valoramos. Cada palabra, cada gesto, cada acción que hacemos habla por nosotros.

No hay nada más fuerte, ni más poderoso ni más efectivo que lo que creemos sobre nosotros. Nuestra imagen está sostenida, avalada y confirmada por aquello que creemos. No hay nadie en nuestro interior compartiendo responsabilidades. Queda en nosotros cuestionarnos o no la forma en que nos vemos y sentimos.

Si tiene baja autoestima, comience por poner en tela de juicio lo que piensa y cree de sí mismo. Es muy peligroso andar por la vida queriéndose poco.

*Psicóloga y escritora

Lo publicado aquí es responsabilidad del autor y no representa la postura editorial de este medio