Elementos de la policía Federal y agentes migratorios detuvieron a la fuerza a una caravana (Foto: Cuartoscuro)
Elementos de la policía Federal y agentes migratorios detuvieron a la fuerza a una caravana (Foto: Cuartoscuro)

"Decidí salir de El Salvador porque mis papás son muy pobres. Dejé la escuela para poder ayudarlos. Llegué a Quintana Roo, después logré llegar a Campeche, y en ese lugar estuvo mi mala suerte porque me detuvieron y me llevaron a la estación migratoria en Tabasco, ahí comenzó mi peor pesadilla (…)"; así comienza el testimonio de Luiz, un menor de 16 años de edad que contó su experiencia en uno de los centros de migración de México a Save the Children. 

"Estaba en un cuartito pequeño sin nada, sin una cama, una cobija. Estuve dieciséis días solo, no salía, me pasaban la comida por la ventana, no se veía ni el día, ni la noche, perdí completamente la noción del tiempo. En el día diecisiete llegaron compañeros y me sentí aliviado, en esos días me enfermé y solo salía para que me inyectaran y regresaba, al día treinta y cuatro me dijeron 'te vas'; lo primero que se sentí fue miedo, esperaba lo peor, pero llegué al mejor lugar que he estado en mi vida, un albergue con adolescentes de mi edad" explicó el joven que, al igual que miles de menores, abandonó su país de origen en busca de mejores oportunidades.

Desde octubre de 2018 México ha presenciado la entrada de caravanas masivas de personas provenientes principalmente de Centroamérica, que buscan llegar a Estados Unidos con el fin de mejorar su situación económica y estar protegidos contra la violencia. Miles de niñas, niños y adolescentes han formado parte de estos flujos masivos, y aunque muchos están acompañados por sus familias, muchos otros viajan sin ninguna compañía.

De acuerdo con Save The Children, 1 de cada 3 personas migrantes que ingresan al país de forma irregular son niñas, niños o adolescentes.

1 de cada 3 personas migrantes que ingresan al país son menores de edad (Foto: Reuters)
1 de cada 3 personas migrantes que ingresan al país son menores de edad (Foto: Reuters)

Las condiciones en las que viajan los menores los hace más vulnerables a sufrir daños. Muchos de ellos han caminado a pie por varios días, deteriorando su estado de salud y emocional.

"Mis tres hijos, mi esposa y yo salimos de Nicaragua porque nos amenazaron de muerte por estar en contra del gobierno; yo tenía todo, casa, trabajo, pero no tuvimos opciones. Hicimos un viaje largo, dormimos en la selva, en la calle, con lluvias o calor, mis hijos pasaron hambre; sólo pedía que mi familia llegara a salvo a México. Fue muy duro como padre ver a mis hijos así, les conté por qué nos íbamos, les dije que nuestra familia nunca se separaría", relató Leónidas de 43 años.

El largo viaje, las detenciones y las separaciones familiares provocan en la liberación en altas cantidades de la hormona del estrés conocida como cortisol; la sobrecarga de esta sustancia puede afectar el organismo de niñas y niños, ya que se reducen centros cerebrales como el hipocampo, una estructura necesaria para la memoria y el procesamiento emocional.

"Estamos seriamente preocupados por el estrés tóxico que están viviendo cientos de niñas y niños migrantes que se encuentran hoy en día en nuestro país, la experiencia de salir de sus hogares y estar en espacios a la espera de su resolución migratoria, que puede ser favorable o no, incrementa los sentimientos de angustia y estrés en niñas y niños", afirmó Jorge Vidal Arnaud.

Los menores presentan daños emocionales y físicos (Foto: AFP)
Los menores presentan daños emocionales y físicos (Foto: AFP)

De acuerdo con Vidal, además de los daños emocionales, es recurrente ver a los menores enfermos de diarreas, gripas e infecciones desde leves hasta severas en la piel.  Para quienes son detenidos esta situación se puede exacerbar, ya que se suelen presentar sentimientos de culpabilidad y frustración.

"Nosotras salimos de Honduras porque mi papá quería matar a mi mamá; la quería ahorcar, le mandó mensajes a mi mamá, le dijo que nos seguiría hasta matarla… extraño a mi abuelita y a mi escuela" dijo Liz, una niña de 10 años de edad.

Es probable que durante el periodo de detención los infantes presenten un aumento constante de frecuencia cardíaca y presión arterial, debido al estrés tóxico vivido.

Por ley desde el año 2014 está prohibido mantener en estaciones migratorias a niñas, niños o adolescentes migrantes, y es mandato activar mecanismos especiales de protección y buscar familias temporales de acogida durante el proceso de deliberación de status migratorio. Sin embargo, esta legislación no ha sido respetada; Save the Children ha insistido en que esta medida resulta ilegal, inadecuada y vulnera aún más los derechos de la niñez.