Encontraron un textil de la madrina del Bauhaus perdido en el sótano de un hotel mexicano
Encontraron un textil de la madrina del Bauhaus perdido en el sótano de un hotel mexicano

Pensaron que era un tapete más, sin embargo lo que había en el sótano del Hotel Camino Real era en realidad una pieza artística única: un textil de la gran exponente alemana del Bauhaus Anni Albers (1899-1994).

Una pieza que podría adquirir gran valor en cualquiera las mejores galerías o museos del mundo estuvo enpolvada y olvidada por tres décadas.

Anni Albers hizo que se revalorizara el trabajo de la artesanía al de un cuadro, a analizarlo como arte abstracto contemporáneo.

La pareja Albers había abandonado Alemania rumbo a Estados Unidos en 1933, año del cierre de la Bauhaus ante la persecución del Gobierno nazi. Se conocieron en la sede de Weimar en 1922 cuando eran alumnos, se convirtieron en maestros –él del taller de diseño, ella de telares–, y ya en Dessau convivieron en las míticas casas diseñadas en el bosque por Gropius junto con otras parejas como Paul y Lily Klee, Wassily y Nina Kandinsky.

Detalle de la obra hecha cosida a mano por la artista alemana Foto: Camino Real
Detalle de la obra hecha cosida a mano por la artista alemana Foto: Camino Real

Su refugio americano fue Black Mountain College, en Carolina del Norte, otra escuela vanguardista donde ambos expandieron su enfoque racional y geométrico de las formas y el color. Hasta aquella estancia californiana viajaron en coche en 1967 Luis Barragán, Mathias Goeritz y Ricardo Legorreta, el arquitecto del hotel, para proponerle a Anni Albers el encargo de la, hasta hace poco, obra desaparecida.

En enero de 2018 los editores Carla Zarebska y Humberto Tachiquín la encontraron mientras recopilaban documentación para hacer un libro homenaje a los 50 años del hotel, que se mantuvo a la vanguardia de la arquitectura racionalista mexicana de los sesenta, que contó con Luis Barragán y Mathias Goeritz como asesores y un puñado de obras por encargo para la ocasión: Alexander Calder, Rufino Tamayo o el propio Goeritz.

Cuando recién se encargó, la obra estuvo expuesta en el vestíbulo del hotel, sin embargo tras décadas de remodelaciones fue archivada en el sótano ignorando su valor artístico real Foto: Camino Real
Cuando recién se encargó, la obra estuvo expuesta en el vestíbulo del hotel, sin embargo tras décadas de remodelaciones fue archivada en el sótano ignorando su valor artístico real Foto: Camino Real

"Sabíamos que Anni Albers había sido uno de aquellos encargos –explica Zarebska– y le fuimos preguntando a todo el mundo sin suerte. El responsable de la bodega donde almacenan muebles viejos tampoco sabía nada hasta que le enseñamos una foto con el celular. Entonces reconoció lo que para él no era más que un tapete antiguo. Lo extendimos y casi nos desmayamos", explicaron en entrevista a El País.

"Llevábamos mucho tiempo buscándola y creíamos que se había perdido", cuenta desde New Haven Brenda Danilowitz, la comisaria jefe de la Fundación Josef & Anni Albers, que lo primero que hizo cuando conoció la noticia fue tomar un avión a Ciudad de México para comprobar la autenticidad y estado de conservación de la obra.

Mientras todo esto sucedía, la Tate Modern de Londres inauguraba en octubre del año pasado una retrospectiva de la artista, que tomaba el relevo de otra muestra en el Guggenheim de Bilbao en 2017 y su fichaje por parte de la prestigiosa galería neoyorkina David Zwirner. En Londres se expusieron hasta febrero de este año más de 300 piezas, desde sus telares pictóricos, textiles de gran producción, colgaduras —como la pieza recuperada en México— o sus estampados y grabados, a los que dedicó el tramo final de su carrera.

El entusiasmo entre los curadores y académicos especializados creció  cuando una de las investigadoras involucradas en el hallazgo mexicano viajó a finales de enero a la Tate para anunciar la noticia. "Fue recibida con asombro en uno de los eventos paralelos con académicos que organizó el museo. Casi no había detalles hasta ahora, solo sabíamos que era textil, pero no sabíamos nada de los materiales ni manufactura", relató Ana María Mallet, curadora mexicana especializada en diseño y en la obra del matrimonio alemán.