Mario Benjamín Murphy, el mexicano que mató por encargo de su amante(Foto: Especial)
Mario Benjamín Murphy, el mexicano que mató por encargo de su amante(Foto: Especial)

"Hoy es un buen día para morir", fueron las últimas palabras pronunciadas por el mexicano, Mario Benjamín Murhy, quien el 17 de septiembre de 1997 a las 21:09 horas, fue ejecutado poco después de que el gobernador de Virginia (Estados Unidos), George Allen, rechazó las peticiones de clemencia del gobierno de México.

A Allen no había quien lo detuviera cuando se trataba de una condena de muerte. En julio de ese año, declinó conmutar la sentencia para Joseph Roger O'Dell pese a las súplicas de Juan Pablo II y del primer ministro italiano, Romano Prodi. 

Murphy, de 25 años, y nacionalidad mexicana murió un miércoles en la noche víctima de la inyección letal. El 28 de julio de 1991 por encargo de Robin Radcliff y a Gerard Hinojosa, asesinó al suboficial de la Marina, James Radcliff mientras dormía.

Las encargadas de ejecutar el homicidio eran la esposa y amante de Radcliff, quienes planearon que Murphy sería el encargado de dispararle al hombre, y luego Robin (esposa) llamaría a la policía para parecer ser una víctima de la delincuencia. Entonces, diría a los agentes que su esposo fue sido asesinado por un ladrón.

Entre los asesinos de James Radcliff, él fue el único  en recibir sentencia de muerte (Foto: Especial)
Entre los asesinos de James Radcliff, él fue el único  en recibir sentencia de muerte (Foto: Especial)

La "condena" de ser mexicano: 

La llamada prisión moderna, donde Murphy pasó sus últimos días, era una de las cárceles de más alta seguridad del estado, por ello las rejas de seis metros de alto con alambre de púas en la parte superior alrededor del inmueble. No había pueblo cerca y, según algunos, las ejecuciones se realizaban ahí precisamente por su ubicación remota, menos accesible a los que protestan o que favorecen la pena de muerte.

Murphy fue sentenciado a muerte por participar en 1991 en un asesinato por contrato, lo cual confesó. Pero sus abogados y el gobierno de México habían alegado ante la Suprema Corte de Justicia, el Departamento de Estado y el gobernador que su juicio se efectuó en violación a la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares, la cual otorga el derecho a todo extranjero detenido en un país firmante a comunicarse y obtener la asistencia de sus autoridades consulares.

Por tanto, el asesino nunca fue informado de sus derechos como mexicano, y mucho menos la consúl de su país tuvo opinión sobre la sentencia. Además, la Amnistía Internacional nunca tuvo pruebas de que Murphy fuera más culpable que sus cómplices. 

A George Allen, gobernador de Virginia, no había quien lo detuviera cuando se trataba de ejecutar (Foto: Especial)

Los hechos: 

Exactamente a las 21:00 horas sujetado de su camilla, Mario se mostró "alerta, despierto y aparentemente en calma" cuando fue inmovilizado por las jeringas introducidas en sus brazos.

Antes, se le acercó un micrófono e hizo su última declaración. Poco después, se le inyectó un somnífero; una segunda inyección detuvo su respiración y una tercera paró su corazón.

A las 21:15 horas un vocero del Departamento de Correccionales de Virginia salió para informales a la prensa, que esperaba afuera, sobre la ejecución que se había llevado a cabo con la orden de la corte.

El abogado de Murphy, seis oficiales estatales y cuatro periodistas fueron los testigos de la ejecución; representantes del gobernador George Allen escucharon el procedimiento a través de una llamada telefónica abierta desde la capital de Virginia.

Una prisión de máxima seguridad en Virginia, EU (Foto: Documental Solitary para HBO)
Una prisión de máxima seguridad en Virginia, EU (Foto: Documental Solitary para HBO)
 La familia, víctima invisible 

"El castigo no está de acuerdo con el crimen", declaró Sonia Valle, tía de Murphy, quien formó parte de un grupo de religiosos y familiares que acompaño al condenado antes y durante la ejecución.

La madre de Murphy, Silvia Rodríguez, su tía, y otros dos familiares lo visitaron  en su celda. Rodríguez no pudo hablar por el llanto, pero otros familiares expresaron su ira contra el gobernador y el sistema judicial estadounidense.

Esa noche, la familia prendió velas y rezó para esperar los últimos momentos.