(Foto: Especial)
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Por José Ignacio Martínez Cortés*

México requiere de una revolución estructural antes que inicie nuevamente un cambio, y necesariamente debe ser impulsada por una reforma integral del Estado

En los últimos 50 años, México ha tenido dos modelos económicos, uno donde prevaleció la figura de Estado Interventor a otro donde predomina el Estado Regulador. Ante la situación del mercado interno, y la nueva estructura de la competencia internacional marcada por la globalización, es imperante la figura del Estado Promotor.

El primer modelo impulsó el mercado interno con el abuso del gasto público; en el segundo se privilegia al sector externo a costa del mercado interno. Ahora se requiere el ejercicio de políticas de coherencia pública duraderas (educativas, tecnológicas, de infraestructura, jurídica (para brindar seguridad física, fiscal, social), que a través de la plena aplicación del Estado Económico de Derecho y el Estado Social de Derecho podrá asegurarse un crecimiento integral mediante la Política de Competitividad Industrial.

Para consolidar este modelo de desarrollo industrial se requieren políticas de coherencia pública duraderas para que en el 2030 México consolide los Objetivos de Desarrollo Sostenible, por lo que es necesario antes diseñar un proyecto de nación de largo plazo, en el que la prioridad sea el mercado interno para generar condiciones de productividad, competitividad y cohesión social. El nuevo proyecto de nación debe necesariamente proponer un Estado Promotor que, a través de la competitividad sistémica, genere una redistribución de la riqueza mejorando con ello el bienestar de la sociedad en su conjunto.

López Obrador ante el resto de los objetivos de 2030 (Foto: Cuartoscuro)
López Obrador ante el resto de los objetivos de 2030 (Foto: Cuartoscuro)

Ante la nueva realidad que tendremos a partir del 2030, se precisa que el Estado debe ser el rector del desarrollo, y no la empresa la impulsora del crecimiento económico. Ahora más que nunca es importante discutir el proyecto de nación que queremos a largo plazo, por lo que deben presentarse propuestas viables para su discusión, siendo una de éstas la política de competitividad sistémica para el desarrollo.

México requiere de una revolución estructural antes que inicie nuevamente un cambio, y necesariamente debe ser impulsada por una reforma integral del Estado (tanto en su vertiente política como económica), cuyo principal objetivo sea el desarrollo social del México del Siglo XXI. Por ello es de suyo importante pensar en una planeación a largo plazo que permita diseñar estrategias integrales que impulsen un crecimiento equilibrado y duradero. En este sentido se propone la política de competitividad sistémica para la productividad estructural que busca vincular el papel del Estado con la actuación de la empresa a través de la relación directa entre políticas públicas y programas de desarrollo.

En este contexto, es necesario implementar estrategias, diseñadas bajo el esquema de una política de competitividad sistémica de productividad estructural, cuya directriz sea una política de desarrollo industrial. Por ello, es evidente la necesidad de una nueva estrategia económica que ayude a resolver las contradicciones de fondo en las que se debate la sociedad mexicana hoy en día, y que encuentre el sensato equilibrio entre el mercado y el Estado, entre el librecambio y la protección comercial, entre el interés público y el interés privado, entre la productividad vía la tecnología y el empleo, entre la eficiencia productiva y el bienestar social. Eso solo puede realizarse construyendo una vía alternativa de desarrollo, tarea que es profundamente compleja, pero que del éxito de sus resultados dependerá la puesta en marcha de un sistema productivo nacional coherente e integrado, sustentable y con equidad, que esté orientado hacia el fortalecimiento de todas las empresas, con especial atención a las micro, pequeñas y medianas, ya que constituyen la parte fundamental del aparato productivo de nuestro país, lo que es congruente con las aspiraciones de la sociedad.

México al ratificar la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible está obligado asegurar el progreso social. Para ese año, el país debe reducir las brechas de desigualdad mediante un desarrollo territorial sostenible, inclusivo, equitativo, resultado de un crecimiento constante y equilibrado a través de la coherencia de las políticas públicas.

Una de las metas de México es lograr un desarrollo sostenible (Foto: Archivo)
Una de las metas de México es lograr un desarrollo sostenible (Foto: Archivo)

Ello puede ser bajo el modelo Industrialización Orientado al Desarrollo Sostenible se requieren políticas de coherencia pública duraderas para que en el 2030 México consolide los ODS, por ende, en la década próxima la política económica debe generar condiciones de productividad, competitividad y cohesión social. El nuevo proyecto de nación debe necesariamente proponer un Estado Promotor que, a través de la competitividad sistémica, impulse la productividad para hacer posible la redistribución de la riqueza mejorando con ello el bienestar de la sociedad en su conjunto.

*José Ignacio Martínez Cortés es profesor del Centro de Relaciones Internacionales, UNAM y coordinador del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios.

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