En el edificio de Álvaro Obregón 286, de la Colonia Roma, en la capital mexicana, los rescatistas anunciaron que los aparatos de rastreo detectaron personas con vida bajo los escombros. Aunque sin confirmación, se habló de seis sobrevivientes. Los familiares y amigos renovaron las esperanzas luego de que pasaran más de 24 horas perdiéndolas.

Desde el jueves, la cifra de rescatados se mantenía en 28; nada se sabía de otras 46 a 52 personas que no habían logrado salir del edificio. La estructura de la planta inferior, apuntalada, no brindaba seguridad para perforarla e intentar nuevos rescates, ya que se estima que las personas vivas están entre el segundo y el cuarto piso. La lluvia complicó las labores. Unas ráfagas de olor a gas hicieron temer en una pérdida que pusiera en peligro la operación.

No sólo la esperanza de los familiares tambalea: también la paciencia. "No he visto avances en los trabajos", dijo una mujer a Infobae. "Estamos exigiendo hechos, no que nos digan que ya van a sacarlos… Siempre nos presentan una misma lista, no vemos avances. ¡No es justo lo que están haciendo! Se trata de seres humanos, nuestros seres queridos".

Ante el estancamiento de los rescates, se pidió autorización a los familiares para levantar losa por losa, a pesar del riesgo de derrumbe; con líneas de vida y arneses, los rescatistas intentarían ingresar por arriba y por abajo. Pero muchas personas están en contra: "No queremos maquinarias", dicen sus carteles improvisados. "Siguen vivos, no los maten".

La mujer argumentó: "Queremos que sigan trabajando, que no se meta la maquinaria porque hay seres con vida". Dijo que entre los rumores que circulaban había escuchado que las autoridades mexicanas habían pedido a los rescatistas israelíes que ya se retirasen porque no quedaba nada más por hacer, salvo ingresar las grúas.

Algunas personas debieron resignar su ilusión de volver a abrazar a sus familiares, como el hermano de Jesús Emmanuel Navarro, quien se suponía que estaba entre los escombros. Pero en realidad su cuerpo había sido retirado el miércoles 20, y sólo el viernes se lo identificó.

Los voluntarios duplicaron el número estimado que se necesitaba, pero se quedaron en largas filas para relevar a los que lo necesiten. Buena parte del tiempo tratan de tranquilizar a los familiares: "No nos dicen nada, sólo nos piden paciencia", se lamentó la madre del joven Martín Estrada, que espera noticias sobre su hijo. "Están esperando que muera nuestra familia", decía el cartel que sostenía un hombre a su lado.

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