La capital de Islandia buscar ser la primera ciudad con cero emisiones de carbono (Shutterstock)
La capital de Islandia buscar ser la primera ciudad con cero emisiones de carbono (Shutterstock)

La capital de Islandia, Reykjavik, se propuso un ambicioso objetivo: convertirse en la primera ciudad a nivel mundial libre de emisiones de carbono. A principios de septiembre, días antes de que el Gobierno nacional ratificara el Acuerdo de París, la ciudad divulgó un plan de acción para lograr la neutralidad en un plazo de 24 años, antes de 2040, y de esa manera contribuir a evitar los impactos más graves del cambio climático.

Para cantidad de centros urbanos en todo el mundo, los combustibles fósiles son todavía el principal frente de batalla. Mientras que Reykjavik, de poco más de 120.000 habitantes, se ve favorecida por la electricidad y la calefacción que produce a partir de la energía geotérmica, sin emisiones de gases de efecto invernadero. Por lo que la capital islandesa decidió concentrar su mayor esfuerzo en el transporte.

La receta, tal como la presentó el alcalde de la ciudad, Dagur Eggertsson, parece simple y tiene como principales ingredientes caminar, andar en bicicleta y viajar en transportes públicos. "Cuando se trata de cambio climático, los pasos pequeños son tan importantes como los saltos grandes", destacó el funcionario en el plan de acción.

Para que Reykjavik alcance su objetivo, el transporte es clave (Shutterstock)
Para que Reykjavik alcance su objetivo, el transporte es clave (Shutterstock)

La estrategia plateada por Reykjavik incluye, entre otras medidas, una fuerte inversión en vías para circular en bicicleta, el desarrollo de un proyecto conjunto con los municipios vecinos para una línea de autobús de tránsito rápido (BRT, por sus siglas en inglés) o de tranvía, y la ampliación de la red de estaciones de carga para los vehículos eléctricos.

La ciudad apunta a cambiar la distribución de los viajeros: triplicar el uso de transportes públicos, que pasaría de 4 a 12%, e incrementar la proporción de peatones y ciclistas de 9 a 30 por ciento.

Pero no todo es sobre cómo la gente se mueve, sino también dónde habita. Para Þorsteinn Hermannsson, director de transporte y diseño urbano de la capital islandesa, resolver el "dilema del crecimiento urbano" es clave para reducir hasta el 80 por ciento de las emisiones relacionadas con el transporte.

"El área de Reykjavik está bastante esparcida, casi como en una ciudad estadounidense. Y eso se refleja en la elección del auto privado como medio de transporte", explicó el funcionario al diario The Guardian.

Las calles de Reykjavik (Shutterstock)
Las calles de Reykjavik (Shutterstock)

Ahora, el desafío de Hermannsson es lograr que los ciudadanos elijan vivir en las ciudades en lugar de los suburbios. "Que la gente esté cerca de su trabajo y de los comercios significa que se mueve diferente", dijo el funcionario, y agregó que la población tiene que "crecer hacia adentro en lugar de hacia afuera". "La neutralidad en las emisiones de carbono siempre tiene que ver con el diseño urbanístico", confirmó el experto en transporte público Jarret Walker.

Los desarrolladores inmobiliarios también esperan gestos del Gobierno para avanzar en el diseño de una ciudad sustentable. El dueño de Arcus, Þorvaldur Gissurarson, está llevando a cabo un proyecto que incluye oficinas y 80 departamentos en el corazón de la capital. "Los centros urbanos aquí no tienen la densidad poblacional que se puede apreciar en otros países debido a que existen restricciones en los precios y en el número de departamentos. Es algo que las autoridades tienen que cambiar", señaló el empresario.

Reykjavik no es la primera ciudad en anunciar sus intenciones de marcar un récord en la historia medioambiental -Copenhague, la capital de Dinamarca, también está en carrera- pero tal vez sea la primera en conseguirlo. La respuesta habrá que esperarla hasta 2040.