Yael Stone y Geoffrey Rush 1920 (Grosby)
Yael Stone y Geoffrey Rush 1920 (Grosby)

"Yael Stone tiene miedo", dice la columnista de The New York Times, Bari Weiss, sobre una de las protagonistas de "Orange Is the New Black". No es una impresión de la periodista, es la propia Stone quien lo revela. Acaba de denunciar a uno de los actores más poderosos de Australia, Geoffrey Rush, y sabe que lo que viene da terror.

Fuera de Australia, Geoffrey Rush es el tipo que enseña a Colin Firth a no tartamudear en "El discurso del rey". Pero en su país, es un líder de la industria teatral. Fue durante mucho tiempo el presidente de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas y fue nombrado australiano del año en 2012.

Tiene miedo Stone porque además del dolor de revivir experiencias traumáticas, existe la rabia de no ser creída. Y a veces existe la incomodidad de admitir, como lo hace ella, que no dijo "no" y en ocasiones incluso alentó algo de su comportamiento por temor a ofender a un mentor.

(Grosby)
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Pero no es solo terror a que la destruyan mediáticamente, teme que las leyes de difamación en Australia también la arruinen."Australia es la única democracia occidental sin una protección constitucional explícita para la libertad de expresión", explicó al medio norteamericano el abogado Matt Collins. "La gente dice que Sydney es la capital mundial de la difamación", agregó.

"El uso de casos de difamación contra mujeres con denuncias de acoso sexual está teniendo un efecto escalofriante", dijo Kate Jenkins, la comisionada de discriminación sexual del gobierno australiano. "Las mujeres con las que hablo en todo el país están absolutamente convencidas de que no pueden denunciar porque arriesgan absolutamente todo".

En otras partes del mundo, como en EEUU, la carga legal recae en la persona que afirma haber sido difamada: debe probar que las acusaciones son falsas. En Australia, es todo lo contrario.

La pesadilla empezó en 2010, cuando le ofrecieron "el papel de su vida". Iba a protagonizar con Rush -hasta entonces su ídolo- "The Diary of a Madman". La obra se estrenaría en Sydney y luego en la Academia de Música de Brooklyn en Nueva York. Pero las cosas fueron extrañas desde un principio… Primero fueron los mensajes de texto, que llegaban a altas horas de la noche.

Ella contestaba, incluso con entusiasmo algunas veces, por eso ahora siente culpa. "Me sentía tan halagada de que alguien así pasara su tiempo enviándome mensajes de texto", contó. "Gradualmente, los mensajes se volvieron más sexuales, pero siempre estaban redactados en un marco de lenguaje intelectual muy elevado".

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"Me avergüenza la forma en que participé", asegura Stone. "Tenía 25 años, desde luego ahora no lo haría". No eran solo los textos. Había, según ella, "extrañas intimidades en los camarines". A veces él le pedía que lo ayudara a desvestirse y cuando había intervalos y ella intentaba dormir entre funciones, el se unía a ella sin ser invitado.

Y luego llegó el día que usó un espejo para verla mientras se duchaba. El camarín compartido tenía dos cubículos de ducha, uno al lado del otro. "Recuerdo que miré hacia arriba y ví que había un pequeño espejo de afeitar sobre la parte superior, lo estaba usando para mirar hacia abajo, para ver mi cuerpo desnudo. Sentí que ya no había ningún lugar donde me sintiera segura, donde no me observara".

"Lo vi", reveló otra persona que trabajó en la obra y pidió permanecer en el anonimato. "Estaba muy cerca y tenía una vista directa de las duchas. Después del show esa noche, escuché a Yael gritar y decirle que parara".

Tras las denuncias, Rush emitió en una declaración en la que afirma que las acusaciones "son incorrectas y en algunos casos se han tomado completamente fuera de contexto".

Stone tiene miedo porque no es la primera que lo denuncia y otra de sus víctimas sufrió el show que se montó en torno a su historia. El año pasado, se conoció la denuncia que Eryn Jean Norvill hizo contra Rush por "comportamiento inapropiado". En su declaración, la joven actriz contó cómo al manoseó en un escenario. Rush negó categóricamente la acusación y arremetió legalmente contra ella, y el periódico donde se publicó el artículo.

Una cineasta australiana Sophie Mathisen hace una descripción brutalmente honesta del costo del #MeToo en su país: "Aquí si hablas, te incendias públicamente".

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