La revolución que propone un editorialista estrella de The New York Times para cuando termine la pandemia de coronavirus

Thomas L. Friedman imagina el futuro de los Estados Unidos una vez que pase el brote que sacude a los Estados Unidos. Su idea, sin embargo, podría aplicar en cada país golpeado por COVID-19, pero sobre todo para América Latina

Un estudiante con una máscara protectora camina en el campus de la University of Wisconsin-Madison (Reuters)
Un estudiante con una máscara protectora camina en el campus de la University of Wisconsin-Madison (Reuters)

Una revolución espera. El título invita a sumergirse en la columna que el prestigioso y multipremiado periodista Thomas L. Friedman publicó este martes por la noche en The New York Times y que pronostica cómo quedará configurado el mundo del trabajo y la educación una vez que se dé por terminada la pandemia del coronavirus que paralizó al planeta en un inusual y -trágicamente- inolvidable 2020.

El ganador de tres Premios Pulitzer -y miembro del diario neoyorquino desde 1981- realizó una descripción original de cómo tendría que reconfigurarse no sólo el conglomerado del trabajo, sino también el educativo, a partir de una innovación que ya está en marcha en algunos pocos sectores de vanguardia pero que debería universalizarse a todos las industrias, ya sean estas tecnológicas, administrativas o de manufactura. “Cuando salgamos de esta corona-crisis, seremos recibidos con una de las eras más profundas de destrucción creativa schumpeteriana de la historia, que esta pandemia está acelerando y disimulando”, advierte el autor.

Cuando hace referencia a la era “schumpeteriana”, Friedman se refiere a la teoría que lleva ese nombre y que responde a su creador Joseph Alois Schumpeter, mediante la cual se da una relevancia única a las innovaciones y al empuje emprendedor que permitiría un nuevo desarrollo económico a partir de una crisis. De acuerdo al economista nacido bajo el imperio austro-húngaro y académico de la Universidad de Harvard, el proceso de producción se da por una combinación de fuerzas productivas materiales e inmateriales.

Sin embargo, Friedman no se detiene en esta teoría, sino que explora en la actualidad. Su preocupación se basa en cómo se proveerá a más norteamericanos con un sistema de salud y pensiones acordes y -sobre todo- “oportunidades de aprendizaje permanente para aprovechar al máximo este momento”. “La razón por la que la era pospandémica será tan destructiva y creativa es que nunca tantas personas tuvieron acceso a tantas herramientas baratas de innovación, nunca tantas personas tuvieron acceso a computación barata y de alta potencia, nunca tantas personas tuvieron acceso a crédito tan barato -dinero virtualmente gratis- para inventar nuevos productos y servicios”, dice el editorialista.

Verá que surgen algunas cosas asombrosas, que desaparecen algunas instituciones establecidas desde hace mucho tiempo, como universidades, y que se transforma la naturaleza del trabajo, los lugares de trabajo y la fuerza laboral”, plantea Friedman. Para abordar con mayor precisión el tema dialogó con un experto en la materia de innovación educativa: Ravi Kumar, presidente de la empresa india de servicios tecnológicos Infosys.

Una estudiante chequea su teléfono en la ciudad universitaria de Louvain-La-Neuve en Bélgica (Reuters)
Una estudiante chequea su teléfono en la ciudad universitaria de Louvain-La-Neuve en Bélgica (Reuters)

Según Kumar, los límites claros que se marcaron a partir de la Revolución Industrial quedarán barridos a partir de la reconfiguración que propone la postpandemia. Muchas de esas líneas tan marcadas que se daban entre, por ejemplo, empleador y empleado o entre profesor y alumno quedarán “borradas”.

Debido a que el ritmo del cambio tecnológico, la digitalización y la globalización siguen acelerándose, están sucediendo dos cosas a la vez: el mundo se teje más estrechamente que nunca; la globalización de bienes y personas se ha visto frenada por la pandemia y la política, pero la globalización de los servicios se ha disparado y ‘la vida media de las habilidades se está reduciendo constantemente’, dijo Kumar, lo que significa que cualquier habilidad que posea hoy se está volviendo obsoleta cada vez más rápido”, resume Friedman parte de su diálogo con el experto indio.

El periodista de The New York Times también hace referencia a lo corto que son los períodos laborales en la actualidad. Las nuevas generaciones cambian de trabajo más a menudo que las generaciones pasadas. En ese sentido, Friedman propone -basándose en las palabras de Heather E. McGowan: “El aprendizaje es la nueva pensión”- “equipar a los jóvenes con la curiosidad y la pasión de ser aprendices de por vida, que se sientan dueños de su educación”.

Obviamente, todo el mundo todavía necesita sólidos fundamentos en lectura, escritura y matemáticas, pero en un mundo en el que cambiará de trabajo y profesión varias veces, la automotivación para ser un aprendiz de por vida será primordial”, señala el autor del artículo. Esa es la revolución de la que hablaba en su título. “Paralelamente, explicó Kumar, las aceleraciones en la digitalización y la globalización hacen que cada vez más trabajo sea ‘modular’, dividido en pequeños paquetes que son distribuidos por las empresas. Las empresas, argumenta, se convertirán cada vez más en plataformas que sintetizan y orquestan estos paquetes modulares para fabricar productos y servicios”, agrega Friedman.

Estudiantes estudian en la biblioteca de la Vienna University en Vienna, Austria (Reuters)
Estudiantes estudian en la biblioteca de la Vienna University en Vienna, Austria (Reuters)

Este concepto de “trabajo modular” es clave para comprender cómo estará configurada la fuerza laboral en el futuro y cómo deberán prepararse las empresas, pero sobre todo los empleados para competir por un puesto. “A medida que más trabajo se vuelva modular, digitalizado y desconectado de una oficina o fábrica, muchos grupos más diversos de personas, los que viven en áreas rurales, las minorías, las amas de casa y los papás y las personas con discapacidades, podrán competir por él. desde sus hogares”, sugiere la columna.

En la actualidad, Kumar prepara a las compañías para el mundo futuro. Las ayuda a identificar potenciales nuevos empleados con capacidades y habilidades más allá de sus pergaminos académicos. Luego los empareja “con nuevas vías de capacitación en línea y empareja a las empresas con estos nuevos grupos de talentos. Todas las grandes empresas están pasando por esto ahora, o lo harán”.

Hemos comenzado a contratar a mucha gente sin título. Si sabe cosas y puede demostrar que las sabe y se ha estado mejorando con la capacitación en línea para realizar la tarea que necesitamos, está contratado. Creemos que este cambio estructural, de títulos a habilidades, podría salvar la brecha digital, ya que el costo de la educación de pregrado ha aumentado en un 150 por ciento en los últimos 20 años", subraya Kumar.

El perfil que busca Infosys, la compañía que dirige Kumar, cambió radicalmente en los últimos años. Más allá de que continúa contratando ingenieros, cambió su research de “solucionadores de problemas” a “buscadores de problemas”. Es decir, una forma diferente de ver el negocio: “personas con intereses diversos (arte, literatura, ciencia, antropología) que pueden identificar las cosas que la gente quiere antes de que la gente sepa que las quiere”.

La revolución, según Kumar, se basará en el futuro próximo en cómo se lleven adelante los planes de trabajo y educación. Aquella educación clásica que se conoció hasta ahora cambiará. La instrucción terciaria será “un ecosistema híbrido de compañías, universidades y colegios locales cuyo objetivo será crear la oportunidad de una ‘recapacitación radical’”. “La recapacitación radical significa que puedo tomar a un recepcionista de hotel y convertirlo en un técnico de ciberseguridad. Puedo tomar un agente de mostrador de una aerolínea y convertirla en una consultora de datos”, imagina el ejecutivo indio.

Hoy en día, empresas como Infosys, IBM o AT&T están creando universidades internas de vanguardia: Infosys está construyendo un campus de 100 acres en Indianápolis diseñado para brindar a sus empleados y clientes no un ‘aprendizaje por si acaso’ -material que usted podría o no necesitar- sino ‘aprendizaje justo a tiempo’, que ofrece las habilidades precisas necesarias para la última tarea”, explicó Kumar.

Esto reconfigura la actual estructura académica y universitaria. De acuerdo a Kumar, en el futuro las alianzas entre empresas y casas de altos estudios serán de ida y vuelta, es decir que incluso los estudiantes irán a los campus de las grandes firmas para capacitarse en algo específico y viceversa. “Ambos podrán aprender, ganar y trabajar, todo al mismo tiempo", resume Friedman.

Hay un gran potencial aquí, si se hace bien. Los estudiantes se exponen a lo más nuevo a través de tecnologías y técnicas de innovación. Y los ingenieros y ejecutivos de la empresa se exponen a lo que es más perdurable: la educación cívica, la ética, las teorías de la justicia, los principios de la democracia, las nociones del bien público, el ambientalismo y cómo llevar una vida con propósito”, concluye el periodista de The New York Times.

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