Al menos un muerto y un herido fue el resultado de un tiroteo durante un mitin del movimiento Black Lives Matter en Estados Unidos

El incidente ocurrió en el parque Jefferson Square en el centro de Louisville, donde los manifestantes se reúnen desde hace semanas para protestar por el asesinato de Breona Taylor

Un persona protesta con un tapaboca alusivo al movimiento Black Lives Matters
Un persona protesta con un tapaboca alusivo al movimiento Black Lives Matters

Una persona resultó muerta y otra herida en un tiroteo en un mitin del movimiento Black Lives Matter (Las vidas negras importan) en la ciudad de Louisville, en el estado estadounidense de Kentucky, dijo la policía.

El incidente ocurrió el sábado en el parque Jefferson Square en el centro de Louisville, donde los manifestantes se reúnen desde hace semanas para protestar por el asesinato de Breona Taylor, una afroestadounidense.

La muerte de Taylor en marzo contribuyó a alimentar una campaña contra el racismo y la brutalidad policial en Estados Unidos que estalló con la muerte de George Floyd, un negro muerto por asfixia por un policía que lo acababa de detener, y cuyos gritos de “no puedo respirar” se han convertido en el motor de una campaña contra el racismo que se ha extendido por el mundo.

El alcalde de Louisville, Greg Fischer, dijo que estaba “profundamente entristecido por la violencia”.

Antes del tiroteo, Fischer había instado a los contramanifestantes a permanecer lejos del parque, después de que el periódico local Louisville Courier Journal informara de que “grupos patriotas armados” planeaban enfrentarse a los manifestantes.

Las autoridades no revelaron por el momento detalles de las circunstancias de la muerte del manifestante.

Protestas por abuso policíaco
Protestas por abuso policíaco

En más de 400 ciudades repartidas en los 50 estados del país hubo manifestaciones, muchas verdaderamente multitudinarias. La mayoría fueron pacíficas, pero otras terminaron con estallidos de violencia, que llevaron a los alcaldes de al menos 40 ciudades a imponer toques de queda. Nueva York, Chicago, Los Ángeles, Filadelfia y Washington DC son algunas de ellas.

La mitad de los estados del país convocaron a la Guardia Nacional, que desplegó más de 30.000 uniformados para ayudar a las policías locales a contener los disturbios. En algunos casos, los desbordes de las fuerzas de seguridad sirvieron más para exacerbar a los manifestantes que para contener la violencia, como se vio en Buffalo, donde dos agentes empujaron a un hombre de 75 años y lo dejaron tendido en el suelo, con la cabeza ensangrentada.

El presidente Donald Trump acusó por los hechos vandálicos a grupos de izquierda radical y puntualizó en Antifa, un movimiento antifascista bastante amorfo, y amenazó con llamar al Ejército para restaurar “la ley y el orden”. Pero, si bien hay indicios de la participación de grupos organizados, no parece que tengan la capacidad de generar eventos de este alcance.

Más que el resultado de una conspiración oculta, tanto las movilizaciones pacíficas para pedir justicia y el fin de la discriminación, como los violentos episodios que siguieron a muchas de ellas, parecen expresiones de un malestar creciente. La mayoría canaliza esa frustración de manera civilizada, pero hay grupos en los que brota de manera caótica, creando las condiciones para que delincuentes comunes saquen provecho.

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