“Vi un sistema muy inhumano. Después de cierto tiempo no quería ser parte de la política que deshumaniza al migrante. Día tras día, vi historias de gente humilde a la que siempre están mostrando como criminales. La realidad es que se encuentran en una situación humanitaria, no de criminalidad”, afirma Cantú Foto: (Efe)
“Vi un sistema muy inhumano. Después de cierto tiempo no quería ser parte de la política que deshumaniza al migrante. Día tras día, vi historias de gente humilde a la que siempre están mostrando como criminales. La realidad es que se encuentran en una situación humanitaria, no de criminalidad”, afirma Cantú Foto: (Efe)

Durante cinco años Francisco Cantú fue agente fronterizo en Arizona y Texas, sin embargo tras no estar cómodo con lo que vivía dejó el servicio y ahora se ha vuelto un crítico de las duras políticas migratorias. Para contrarrestar esas acciones prefirió ponerse del otro lado y ayudar a los inmigrantes en centros de detención. "Día tras día, vi historias de gente humilde a la que siempre están mostrando como criminales", advierte.

Dos años después de que Francisco Cantú dejó la Patrulla Fronteriza, motivado por su sentimiento de que hace parte de una política "que deshumaniza al migrante", uno de sus mejores amigos fue arrestado por agentes del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) y llevado a centros de detención en el estado de Arizona.

Su amigo, José Martínez, un padre mexicano que había vivido unos 30 años en este país, no podía ni recibir la visita de su esposa, quien también era indocumentada. Cantú decidió ayudarlo a lidiar con un sistema migratorio que él cataloga de "violento" y que desconocía hasta ese momento.

"Me impactó muchísimo. Yo no tenía conocimiento de ese lado del sistema, nunca había entrado a una corte de inmigración. Mi experiencia solo había sido agarrar a los indocumentados en el desierto; buscarlos y traerlos a un pequeño centro de procesamiento en la estación", dijo Cantú a Univision Noticias, en una reciente visita a Los Ángeles.

Cantú portó el uniforme verde olivo de la Patrulla Fronteriza en Arizona y Texas entre 2008 y 2012. Entró a la dependencia cuando tenía 23 años, ilusionado con seguir los pasos de su madre, quien estuvo en el Servicio de Guardabosques. Pero bajo el sol abrazador y las frías noches del desierto, descubrió que estaba aplicando leyes que no le gustaban.

Dice que tuvo pesadillas de que le disparaba a los migrantes o encontraba cadáveres desmembrados por los narcos. Ya estaba traumatizado, aunque solo vio un cuerpo en uno de sus recorridos.

Cuando le ofrecieron una beca en Holanda para estudiar políticas de asilo no se lo pensó dos veces y entregó su placa de agente migratorio. Asegura que no se arrepiente. "Vi un sistema muy inhumano. Después de cierto tiempo no quería ser parte de la política que deshumaniza al migrante. Día tras día, vi historias de gente humilde a la que siempre están mostrando como criminales. La realidad es que se encuentran en una situación humanitaria, no de criminalidad", afirma Cantú.

Solo en marzo pasado, más de 150,600 migrantes fueron detenidos en los sectores de Yuma y Tucson, en Arizona. De estos, casi 6,500 eran menores no acompañados, según estadísticas de la Oficina de Aduanas y Control Fronterizo (CBP).

El temor de Cantú es que los traficantes de personas están sacando provecho de esta situación, que él considera es el resultado de políticas "deplorables".

"La intensidad y deshumanización de la aplicación de las leyes en la frontera está, de hecho, siendo usada para reclutar a más gente para cruzar, diciéndoles: (que deben viajar al norte) 'antes de que se ponga peor'", reflexionó durante una conferencia sobre los retos en la frontera en la Feria del Libro del diario Los Angeles Times, que se realizó en la Universidad del Sur de California (USC) este fin de semana.

Visita detenidos de ICE y alimenta migrantes

Cantú llegó al evento para hablar de su libro The Line Becomes a River (La frontera se convierte en un río), que hace unas semanas salió de la imprenta luego de más de un año de leerse solo en internet.

El tercer capítulo de su obra cuenta la historia de su amigo José Martínez, a quien visitó en los centros de detención de ICE en Florence y Eloy, en Arizona. Martínez, padre de tres estadounidenses, enfrentaba un proceso de deportación justo dos años después de que Cantú había salido de la Patrulla Fronteriza.

La primera vez lo vio en la polémica cárcel de Eloy, donde también por primera ocasión se topó de frente con "la inmensidad del sistema de deportación".

"Yo llevé a sus hijos para que lo vieran; su esposa no pudo ir al centro de detención porque ella es indocumentada", lamentó Cantú. "Para mí no fue gran problema ayudarles. Tenía cierto conocimiento del sistema, sabía cómo averiguar, cuándo y dónde se presentaría en la corte de inmigración", detalló.

Finalmente, ICE decidió deportar a Martínez a México. Él y Cantú se volvieron a reunir en Nogales, en el estado de Sonora, cuando el migrante se disponía a volver a cruzar ilegalmente para reunirse con su familia en Arizona. Allí, el mexicano aceptó compartir su experiencia, que fue contada en primera persona en el libro.

"Sé que infrinjo las leyes, pero es necesario. Mi familia está allá", le dijo Martínez al ex agente fronterizo. "Al mismo tiempo estas leyes hieren algo dentro de mí (…) el gobierno está separándonos", agregó.

"Ves la misma gente con la mayor dedicación a sus familias que empiezan a construir un historial de deportaciones y tienen más y más problemas con el gobierno; se vuelve cada vez más difícil para ellos legalizarse. De esa manera, Estados Unidos está catalogando como criminales a los que pueden ser sus mejores ciudadanos", reflexionó el migrante.

El ex oficial fronterizo dijo que su amigo "sigue en contacto con su familia", pero no especifica dónde está ahora.

"Estamos frente a una verdadera crisis humanitaria, creo que no hablamos lo suficiente sobre los cientos de personas que mueren todos los años en la frontera", enfatiza.

Según Cantú, desde que dejó de vigilar la línea divisoria entre México y EEUU no ha dejado de ayudar a sus amigos de la niñez y otros indocumentados arrestados por ICE.

Cuenta que uno de ellos es un inmigrante de Durango a quien conoció en Arizona porque era el propietario de un restaurante de comida mexicana en el que solía desayunar cuando era un estudiante de secundaria. Ese hombre había pasado 30 años de su vida en este país.