El restaurante Charlotte’s Legendary Lobster Pound en el área de Southwest Harbor, Maine
El restaurante Charlotte’s Legendary Lobster Pound en el área de Southwest Harbor, Maine

La dueña de un restaurante en el estado de Maine asegura haber ideado la estrategia perfecta para minimizar el sufrimiento de las langostas al momento de ser hervidas vivas.

Charlotte Gill, propietaria del establecimiento Legendary Lobster Pound en el área de Southwest Harbor, está experimentando con marihuana para sedar a los crustáceos y aliviar su dolor durante el proceso de cocción.

"Me hace sentir mal cuando recibimos a las langostas sabiendo el destino que enfrentarán" compartió Gill, en diálogo con el periódico local, Mount Desert Islander.

Uno de los platos servidos en el establecimiento que propone sedar a las langostas
Uno de los platos servidos en el establecimiento que propone sedar a las langostas

La empresaria gastronómica se propuso darles una muerte más digna al colocarlas en un contenedor con agua antes de ser hervidas. Con la ayuda de una tapa, Gill les bombea el humo de la marihuana para que al inhalarlo estas se relajen.

La mujer compartió que, tras evaluar el comportamiento de una de sus langostas de ensayo, notó como estas se calmaban de forma notoria y no utilizaban sus pinzas como armas durante el momento previo a ser hervidas.

Gill asegura que planea servir a las langostas bajo el efecto de la marihuana a todos los clientes que así lo requieran y agregó que espera que, de ahora en más, todas los crustáceos que sean cocinados en su restaurante tengan una muerte más digna.

La dueña del restaurante asegura que no quedarán rastros de THC en los alimentos
La dueña del restaurante asegura que no quedarán rastros de THC en los alimentos

Gill aseguró que, para evitar cualquier tipo de intoxicación de sus comensales, implementará un cuidadoso proceso.

"El THC se descompone completamente a los 392 grados, por lo que usaremos el vapor y el calor para exponer la carne a 420 grados de temperatura extendida, para asegurarnos de que no haya ninguna posibilidad de un efecto remanente" indicó Gill.

A principios de año, Suiza prohibió la práctica de hervir a las langostas vivas debido al dolor que sufren durante el proceso. Distintos estudios han demostrado que estas, al igual que otros animales, son capaces de sentir sufrimiento.

Por su parte, la organización Personas por el Trato Ético de los Animales (PETA) hizo pública su condena a la nueva medida, alegando que la única forma de evitar el sufrimiento de los crustáceos es simplemente no comerlos.