Lo que el fuego se llevó: científicos valientes, tristeza y piezas perdidas en la tragedia del Museo Nacional de Río

Hace una semana, un incendio destruyó el bicentenario Museo Nacional de Río de Janeiro, en Brasil, que albergaba más de 20 millones de objetos. Las razones, el abandono estatal y los relatos de los audaces que desafiaron las llamas. Además, otras catástrofes de la historia en museos
La tragedia afectó al mundo

El fuego todo lo devora, todo lo consume. Salvo la valentía y la pasión. Y de ellas se valió el profesor de zoología Paulo Buckup cuando, junto a otros colegas, no dudó en ingresar al Museo Nacional de Río de Janeiro, Brasil, el domingo pasado cuando por nueve horas, interminables nueve horas, las llamas destruían 200 años de un acervo cultural irrecuperable e invaluable.

El edificio, ubicado en el interior del parque de la Quinta da Boa Vista, una zona coqueta del norte del Río de Janeiro, albergó más de 20 millones de piezas de diferentes períodos de la historia, tanto de Brasil como del mundo, y de acuerdo a su subdirectora, Cristiana Serejo, "las llamas consumieron cerca del 90% de las piezas del lugar".

Museo Nacional de Brasil (Reuters)

En ese 10% que sobrevivió se encuentran los objetos que personas como Buckup rescataron o que las llamas no alcanzaron a destruir y el fuego llegó más allá de lo evidente, de lo superficial, alcanzando los sótanos y habitaciones cerradas al público de una colección que solo tenía en exposición el 1% de los objetos.

Buckup salió acunando entre sus brazos varios cajones, los protegía con su cuerpo, con su alma. Allí había especímenes de moluscos, apenas una muesca del enorme inventario que los científicos del museo habían mapeado de la fauna de América del Sur. "Estos ejemplares fueron usados ​​en las descripciones originales de especies de la fauna sudamericana de moluscos, tanto marinos como de agua dulce. Ese material es único porque es la base para conocer las especies descritas a lo largo del último siglo; sin eso, perdimos ese registro", comentó el científico.

Paulo Buckup, el zoólogo que engrentó a las llamas (BBC Brasil)

"Se perdieron no sé cuántas decenas de miles de insectos, como, por ejemplo, todo el material de araña y de crustáceos", dijo con tristeza ante las cámaras de televisión. Y su desconsuelo es compartido, porque así como sucedió con los moluscos, muchas de las piezas desaparecidas eran ejemplares únicos en su tipo, desde colecciones completas a hallazgos de una vez en la vida o irrepetibles, que iban desde momias egipcias -tenía la serie más completa de la región-, pasando por miles de utensilios precolombinos a fósiles de dinosaurio y a Luzia, los restos más antiguos de una mujer americana.

"La pérdida del acervo del Museo Nacional es incalculable para Brasil. Se perdieron 200 años de trabajo, investigación y conocimiento", aseguró Michel Temer, presidente de Brasil, vía Twitter, en lo que consideró un "día triste para todos los brasileños".

Museo Nacional de Brasil

Historia de un despropósito

A una semana del incendio, bomberos y Defensa Civil siguen buscando su origen quizá porque entender las causas suele aliviar la pena. Sin embargo, desde empleados del museo hasta el mismo subdirector, Luiz Fernando Dias Duarte, sostienen que el edificio necesitaba mantenimiento urgente, una ayuda económica que no llegaba debido a la crisis y que de hecho se había intensificado con un desfinanciamiento que obligó a clausurar un tercio de las 30 salas por diferentes peligros para los visitantes o los objetos expuestos.

"En 2017 recibimos 240.000 reales (más de USD 58 mil) debido a que nos recortaron gran parte de los 514.000 reales (USD 125 mil) de nuestro presupuesto", denunció la subdirectora Serejo.

De acuerdo a diferentes medios brasileños, los empleados ya habían presentado quejas y petitorios para expresar su preocupación por el estado calamitoso de las instalaciones. De hecho, una gran exhibición de dinosaurios debió cerrar luego de un ataque voraz de termitas hace solo cinco meses y logró reabrirse luego de una campaña de crowdfunding (microrrecaudación de fondos a través de internet), que alcanzó casi los USD 7 mil.

Por su parte Dias Duarte, comentó sentir "una gran ira" y apuntó hacia el gobierno por la "falta de atención": "Luchamos hace años, durante diferentes gobiernos, para obtener recursos que nos permitan preservar adecuadamente todo lo que se destruyó hoy".

Maurílio Silva de Olivo, uno de los responsables proteger la colección de fósiles, comentó: "A pesar de todas las dificultades, éramos el quinto museo del mundo y la quinta institución de investigaciones de Latinoamérica por tamaño de nuestra colección".

El lunes, los brasileños se dieron cita para protestar contra la falta de recursos del gobierno a las instituciones históricas (Reuters)

Luego de las manifestaciones populares en la calle, el gobierno anunció un proyecto que contempla la inyección de U$D 6 millones para mejorar las instalaciones de diferentes museos del país. Para el de Río, ya es muy tarde.

Lo que el fuego se llevó

La historia del hombre se construye desde las bases de los edificios, que a lo largo del tiempo fueron una expresión no solo de un poder determinado en un momento, sino también, de manera posterior, una expresión de orgullo para los pueblos.

Arriba, el diseño del Palacio en el diseño de Jean Baptiste Debret. Abajo, cómo lucía antes del incendio

El Museo, fundado en 1818 y administrado por la Universidad Federal de Río de Janeiro y el gobierno federal, estaba instalado en el Palacio de San Cristóbal, un espacio fundamental en la rica historia brasileña, siendo la residencia de la familia real portuguesa entre 1808 y 1821, para luego albergar a la familia imperial brasileña (1822-1889) y finalmente ser el espacio donde se desarrolló la primera Asamblea Constituyente Republicana (1889-1891).

El museo cuando aún era la residencia de la familia imperial en 1862

Allí, donde de acuerdo al primer informe solo quedaron las paredes, también se cobijaban documentos preciados y una extensa biblioteca, que iban desde la llegada de los portugueses en el siglo XVI hasta la declaración de Brasil como república, en 1889.

"Pueden reconstruir todo, poner paredes de la más alta tecnología… Pero, ¿qué vamos a colocar ahí dentro?", dijo entre sollozos el paleontólogo Silva de Olivo. Y agregó: "Todo lo que estaba expuesto se perdió: no resiste a una temperatura tan alta durante tanto tiempo. Nuestra esperanza está en el material guardado en cajas de acero".

El Museo Nacional de Brasil había sido el palacio de la familia real portuguesa (AFP PHOTO / Mauro Pimentel)

No hay ciencia que el fuego no haya consumido. La mayor biblioteca científica de Río de Janeiro es hoy una gran montaña de cenizas. El bibliotecario, Edson Vargas da Silva, aseguró que los documentos de papel se extinguieron inmediatamente, junto a los pisos de madera. Los más de 100 mil objetos provenientes de varias civilizaciones americanas, europeas y africanas, desde el Paleolítico hasta el siglo XIX -que incluían piezas de la época greco-romana y de Egipto- hoy solo pueden ser apreciadas en material fotográfico.

Historia hecha cenizas

(Imagen Pictoline)

Luzia, la madre de todas la madres

Luzia: su calavera y dos reconstrucciones de cómo era su rostro

En 1975, la afamada arqueóloga francesa Annette Laming-Emperaire lideró un grupo de científicos franco-brasileños durante una expedición a la cueva de la Lapa Vermelha, Minas Gerais, donde hallaron los restos de una mujer que, pruebas de radiocarbono mediante, fueron datados en al menos 11.400 años, lo que en su momento se convirtió en el esqueleto humano más antiguo de todo el continente y los restos más antiguos de una mujer americana. Luiza era una de las principales atracciones del museo, sino la principal.

Los científicos estipularon que tenía entre 20 y 25 años cuando falleció y, a partir de la reconstrucción de su rostro, se determinó que estaba relacionada con los negros africanos y los aborígenes australianos, dato que significó un cambio de paradigma con respecto a las teorías sobre el poblamiento de América.

De América toda 

Colección de artefactos de los pueblos amerindios

Los rituales mortuorios fueron -y son- comunes en todas las épocas, lo que varían son las técnicas y los significados. El Museo poseía una vasta colección de momias precolombinas de América del Sur, en especial de aquellas que habitaron la Amazonia, tanto brasileña como peruana, por lo que se podían ver cabezas reducidas por los jíbaros y máscaras de los indios Ticuna, un cuerpo momificado de un aymara hallado cerca del Lago Titicaca en Bolivia y una enorme cantidad de artefactos cotidianos de otros pueblos originarios.

Egipto en América Latina

Con más de 700 piezas, la colección era la más grande y la más antigua de esta parte del mundo. En su gran mayorías las piezas llegaron al museo en 1826, cuando el comerciante de antigüedades italiano Nicolau Fiengo las trajo desde Marsella.

Entre los objetos, que habían pertenecido al famoso explorador italiano Giovanni Battista Belzoni, quien excavó Luxor y el Templo de Karnak, se encontraba una pequeña colección de momias de animales, como ibis, gatos, peces y cocodrilos.

Kherima, la momia hipnótica

Kherima

Con alrededor de 2.000 años de antigüedad, Kherima llegó al país en 1824, de la mano de Fiengo. La adquirió el emperador brasileño Pedro I, en una subasta, para luego donarla al museo.

La momia tenía dos características que la hicieron única. Por un lado, las extremidades de los vendajes de lino estaban decoradas, una técnica que puede encontrarse en solo otras siete momias en el planeta.

Por otro lado, durante los '60, Kherima tuvo una fama que trascendió las paredes del museo, cuando se realizaron a su alrededor sesiones del estilo espiritista, lideradas por el profesor Victor Staviarski, miembro de la Sociedad de Amigos del Museo Nacional, quien dictaba además cursos de egiptología y escritura jeroglífica. Alrededor de su cuerpo, entonces sin protección y accesible al tacto, se reunían médiums que participaban de sesiones de hipnosis colectiva.

Sha- Amun-en-su

Otra momia célebre era Sha- Amun-en-su. En 1876, durante su segunda visita a Egipto, el emperador Pedro II recibió el escote pintado de la "Cantante de Amón". Un examen tomográfico reveló que en su interior se hallaban diferentes amuletos, entre ellos un escarabajo-corazón.

Paleontología 

El museo tenía un inmenso acervo paleontológico, con un total de 56.000 ejemplares y 18.900 registros, divididos en núcleos de paleobotánica, paleoinvertebrados y paleovertebrados: fósiles de plantas y animales, además de reconstituciones, réplicas, modelos y moldes.

El fósil del Maxakalisaurus y una representación de su apariencia

El más "famoso" de todos era el esqueleto de Maxakalisaurus topai, hallado en Minas Gerais en 1998 luego de una excavación que se tardó cuatro años y otros tantos para armarlo. Esta especie única de dinosaurio titán vivió hace aproximadamente 80 millones de años, en Sudamérica. El ejemplar, el más grande encontrado en Brasil, medía unos 13 metros de largo y 9 toneladas de peso y se estima que como adulto hubiera llegado a los 20 metros.

Arqueología clásica 

Además de miles de piezas de civilizaciones pre-hispánicas, el museo contaba con una de las más valiosas colecciones de arqueología clásica: en total eran 750 piezas de las civilizaciones griega, romana y etrusca, lo que la convertía en la más importante de la región.

Fresco de Pompeya

Entre los objetos más destacados se encontraba la colección grecorromana de la emperatriz Teresa Cristina y de la colección de la reina Carolina Murat, hermana de Napoleón Bonaparte y esposa del rey de Nápoles, Joaquim Murat.

Trono de Dahomey

En 1811, entre las piezas donadas por los embajadores del Rey Adandozan (1718-1818) al Príncipe Regente D. João VI  se encontraba este trono, que fue datado entre el siglo XVIII al XIX.

El trono y una representación del Reino de Dahomey

Dahomey fue un Estado africano, desaparecido en 1904, que ocupaba la región costera de la actual República de Benín. Pasó a la historia por su feroz ejército de mujeres soldado y por ser el centro de la trata de esclavos en el siglo XVIII.

Otras grandes tragedias en museos

Biblioteca de Alejandría

Si bien sus ruinas no fueron halladas, se la considera como la más grande del mundo antiguo y albergó hasta 90 mil manuscritos. Estaba situada en Alejandría, Egipto, y fue fundada a comienzos del siglo III a. C. por Ptolomeo I Sóter y extendida por su hijo Ptolomeo II Filadelfo.

Grabado de 1876 que recrea el incendio que quizá destruyó parte de la Biblioteca

Las razones de su desaparición son difusas o, más bien, existen diferentes versiones. Algunos historiadores sostienen que fue destruida en gran parte durante el incendio provocado por las tropas de Julio César en 48 a. C., mientras que para otros -la versión más respetada- es que no sobrevivió a los saqueos del emperadores Aureliano (273) y Diocleciano (297).

Museo Americano de Barnum

Situado en Nueva York, funcionó entre 1841 y 1865, cuando un incendio lo destruyó. Era propiedad de P. T. Barnum, un exitoso showman, que lo fundó tras comprar el Scudder's American Museum, y poseía una colección donde se mezclaba lo educativo con lo extraño: zoológico, sala de conferencias, museo de cera, teatro y espectáculos freaks.

Durante su mejor época, recibía hasta 15 mil visitas diarias y se calcula que alrededor unos 38 millones de clientes pagaron la entrada entre 1841 y 1865, un número increíble si se tiene en cuenta que la población de EE.UU. apenas alcanzaba, en 1860, los 32 millones de habitantes.

En noviembre de 1864, el ejército confederado de Manhattan intentó incendiarlo sin éxito, pero el 13 de julio de 1865 la suerte fue otra y se lo recuerda como uno de los grandes incendios de la historia de NY. Los relatos de época detallan cómo los animales se tiraban por la ventana para escapar, aunque eran asesinados por las balas de la policía que esperaba afuera o la historia de las dos ballenas que fallecieron hervidas en sus tanques.

Museo de Mosul

Ubicado en Irak, el museo fue destruído por Estado Islámico en 2015, por lo que se perdieron incontables reliquias de la era del Imperio Asirio (2.500 a.C. y 600 a.C.), entre ellas los imponentes toros alados de Hatra con mazas y otras herramientas.

Hatra, comparada con Petra y Palmira, fue considerada como una joya del desierto y una de las ciudades más importantes de la región entre los siglos II y III a.C. Fue un centro religioso y un enclave estratégico en las rutas comerciales que hicieron rica a la antigua Mesopotamia. Su imponente arquitectura ya no existe más.

Luego, Estado Islámico incendió y rompió más de 100.000 manuscritos históricos de la librería de Mosul e ingresaron con aplanadoras a las ruinas de Nimrud, antigua capital del imperio asirio. Los terroristas, que aseguraban que lo hacían por cuestiones religiosas, difundieron todo mediante un video.

Museo de Telefonía John K. La Rue

Dedicado a preservar la historia de los teléfonos, el espacio quedó reducido a cenizas luego de uno de los peores incendios forestales que azotaron el valle central de California.

Antes y después

Localizado en San Adreas, contenía miles de teléfonos, tableros de conmutación y otros equipos antiguos, que databan de finales de 1800 hasta la actualidad. No quedó nada en pie.

Museo Nacional de Historia Natural de la India

Localizado en Nueva Delhi, el museo tenía decenas de exposiciones de plantas y animales, entre ellos un fósil de dinosaurio de 160 millones de años de antigüedad. Como en Brasil, un incendio fue responsable de la destrucción parcial del espacio, que es muy popular entre los científicos y los estudiantes.

SIGA LEYENDO

Últimas noticias

Mas Noticias