“Joven defendiéndose de Eros”, de William Adolphe Bouguereau
“Joven defendiéndose de Eros”, de William Adolphe Bouguereau

Plegaria

-Eros: ¿acaso no sentiste nunca
Piedad de las estatuas?
Se dirían crisálidas de piedra
de yo no sé qué formidable raza
en una eterna espera inenarrable.
Los cráteres dormidos de sus bocas
dan la ceniza negra del Silencio,
mana de las columnas de sus hombros
la mortaja copiosa de la Calma,
y fluye de sus órbitas la noche:
Víctimas del futuro o del misterio,
en capullos terribles y magníficos
esperan a la Vida o a la Muerte.
Eros: ¿acaso no sentiste nunca
Piedad de las estatuas?

Piedad para las vidas
Que no doran a fuego tus bonanzas
Ni riegan o desgajan tus tormentas;
Piedad para los cuerpos revestidos
Del armiño solemne de la Calma,
Y las frentes en luz que sobrellevan
Grandes lirios marmóreos de pureza,
Pesados y glaciales como témpanos;
Piedad para las manos enguantadas
De hielo, que no arrancan
Los frutos deleitosos de la Carne
Ni las flores fantásticas del alma;
Piedad para los ojos que aletean
Espirituales párpados:
Escamas de misterio,
Negros telones de visiones rosas…
¡Nunca ven nada por mirar tan lejos!
Piedad para las pulcras cabelleras
-Místicas aureolas-
Peinadas como lagos
Que nunca airea el abanico negro,
Negro y enorme de la tempestad;
Piedad para los ínclitos espíritus
Tallados en diamante,
Altos, claros, extáticos
Pararrayos de cúpulas morales;
Piedad para los labios como engarces
Celestes donde fulge
Invisible la perla de la Hostia;
-Labios que nunca fueron,
Que no apresaron nunca
Un vampiro de fuego
Con más sed y más hambre que un abismo.-
Piedad para los sexos sacrosantos
Que acoraza de una
Hoja de viña astral la Castidad;
Piedad para las plantas imantadas
De eternidad que arrastran
Por el eterno azur
Las sandalias quemantes de sus llagas;
Piedad, piedad, piedad
Para todas las vidas que defiende
De tus maravillosas intemperies
El mirador enhiesto del Orgullo:
Apúntales tus soles o tus rayos!

Eros: ¿acaso no sentiste nunca
Piedad de las estatuas?…

Delmira Agustini, 1886-1914, poeta uruguaya

“En cama el beso”, de Henri de Toulouse-Lautrec
“En cama el beso”, de Henri de Toulouse-Lautrec

El futuro del sexo

en el futuro el sexo no va a ser
tocarse el hombro con un dedo
como hacen los extraterrestres
ni va a ser por internet ni por
teléfono. no va a ser
con forro porque el fin
del mundo va a estar
cerca y a nadie le va a importar
el sida, ninguna ets
pero no por el apocalipsis,
contagiarse va a ser un compromiso
el sexo va a ser amor
el sexo sólo va a existir con amor
nadie va a pensar que el sexo
y el amor puedan ser
cosas distintas y el sexo
va a ser directo, como ahora
darse un beso, mandarse un
mail, un dm, no va
a existir toda esa pérdida
de tiempo, ni las vueltas eternas
para llegar a eso. todos
sabemos que los beatles
son más grandes que jesús
todos sabemos que necesitamos
amor necesitamos sexo y en el futuro
nadie va a disimular que busca eso
como en el supermercado nadie
disimula que busca pan o café
a la incertidumbre se la va a
aniquilar con sexo
al miedo se lo va a eliminar
con sexo a la soledad se la va a
matar con sexo a la muerte
se la va a consolar con sexo
al dolor se lo va a curar con
sexo a lo oscuro se lo va a
iluminar con sexo la ansiedad
se va a calmar con sexo la
gordura se va a adelgazar con sexo
la amistad se va a sellar con sexo
la riqueza se va a distribuir con sexo
el aburrimiento se va a solucionar
con sexo la tristeza se va a curar
con sexo cada vez va a ser el comienzo
de un relato y la continuación de otro
una red y nadie va a estar nunca más solo
en la calle, en el subte, en las casas
en las clases, fácil, simple, sin freud
sin palabras sin lenguaje sin pensamiento.

Marina Mariasch, 1973, poeta argentina

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