Aníbal Gaviria envió una carta a su hermano, secuestrado y asesinado en 2003

El suspendido gobernador de Antioquia hizo un llamado a la no violencia y a la reconciliación.

Aníbal Gaviria, gobernador de Antioquia.
Aníbal Gaviria, gobernador de Antioquia.

Aníbal Gaviria, quien se encuentra suspendido de su cargo como gobernador de Antioquia, presentó una carta abierta su hermano, Guillermo Gaviria, quien fue secuestrado hace 18 años. Además de hablarle a su hermano, envía un mensaje a todos los colombianos de seguir el legado de su hermano, pues Guillermo luchó por la ‘No violencia’, razón por la cual, según se menciona en misiva, fue secuestrado por parte de la antigua guerrilla de las FARC.

Guillermo Gaviria fue asesinado el 5 de mayo de 2003, con un tiro de gracia por los exguerrilleros durante un fallido operativo de rescate por parte de fuerzas especiales del Ejército Nacional. Para esa fecha ya había entregado su cargo de gobernador de Antioquia, pues él estuvo al frente del departamento paisa entre el 1 de enero de 2001 y el 21 de abril de 2002.

La última vez que se supo de el fue 21 de abril de 2002 cuando Guillermo Gaviria se encontraba participando en una marcha simbólica por el movimiento de la ‘No Violencia’. Ese día el político fue secuestrado por el Frente 34 de las Farc.

Actualmente el país se encuentra atravesando la pandemia del COVID-19 y el Paro Nacional que dio inicio el 28 de abril de este año. Hasta el momento se ha registrado actos de violencia por parte de la Fuerza Pública, los cuales han terminado, en múltiples casos, en el asesinato de civiles o que los manifestantes salgan heridos de las protestas.

Esta es la carta que le envió Aníbal Gaviria a su hermano Guillermo:

Amadísimo hermano;

Hoy 5 de mayo de 2021, 18 años después de tu absurda y dolorosa partida, y después de intentarlo sin éxito en muchas ocasiones, he por fin encontrado la fuerza para escribirte; esa fuerza la he hallado en el dolor. El dolor que hoy comparto con miles de familias en Antioquia, Colombia y el mundo entero, que han visto partir para siempre a sus seres queridos en medio de la pandemia más letal del último siglo. El dolor, hermano, que también a ti te laceró, de vernos violenta e injustamente apartados, en momentos tan críticos, de las sublimes responsabilidades y tareas que en nuestras manos depositaron democráticamente nuestras queridas gentes de Antioquia.

El dolor de ver cómo la violencia, esa contra la que luchaste entregando tu libertad y tu vida, esa maldita violencia que cambiando de nombres, de formas, de protagonistas y supuestas razones, sigue siendo después de más de 70 años nuestra propia y desgarradora pandemia estructural y permanente. El dolor más grande aún de ver cómo frente a estas dos pandemias, la de hoy y la de siempre, parecemos, como dirigencia y como sociedad, seguir escogiendo el tortuoso camino del odio, la división y la muerte, en cambio de optar por la senda de la solidaridad, la unidad y la vida.

Tú tenías la razón y la continúas teniendo: el camino es la ‘No violencia’. Hoy que tu ausencia cumple la mayoría de edad, quiero volver a comprometerme contigo, conmigo mismo, con mi gente, en ese tu legado, que es inspiración y guía. Permíteme orar contigo, como lo hicimos tantas veces -la última en la propia Marcha a Caicedotu plegaria preferida, la de San Francisco de Asís:

”Donde haya odio, siembre yo amor” No alentemos, no cultivemos el odio entre hermanos colombianos. “Donde haya discordia, siembre yo unión” No dividamos ni destruyamos; unámonos respetando las diferencias y valorando la inmensa riqueza en la diversidad de nuestra tierra y nuestra gente. “Donde haya tristeza, siembre yo alegría”. Sigamos a pesar de la injusticia, la arbitrariedad y la mentira, entregándonos, pues esa es la alegría de servir.

Oremos, hermano, para acompañar a aquellos que hoy son golpeados por la ausencia de un ser querido, pero oremos con más fervor aún para suplicar que todos sintamos y comprendamos que este dolor, antes que hacernos más indiferentes, debe transformarnos; que seamos, como seres humanos y como civilización más solidarios y más unidos.

Hermano, hoy al exaltar también el sublime valor de la amistad, esa que te unió por la paz y en el martirio con el inolvidable Gilberto Echeverri, quiero celebrar también la vida del Gobernador (e) Luis Fernando Suárez, con quien siguiendo el hermoso ejemplo dejado por ustedes, queremos enviar un claro mensaje a nuestro pueblo: en medio del dolor, de la angustia, de la incertidumbre, seamos verdaderos amigos.

Hermano: imposible no recordar, y aún hoy más, a tus ocho compañeros de secuestro y de suplicio. Ellos son representación genuina de nuestras gentes, son la razón misma por la cual lo entregaste todo: no querías, no queremos más colombianos muertos por la violencia, llámense soldados, policías, guerrilleros, líderes sociales, manifestantes, campesinos, jóvenes, mujeres y niños. Muchos dirán que es una utopía, otros que para qué te escribo. A los primeros les diré que no es una utopía sino la prioridad de cualquier persona y de todos: proteger, promover y honrar la vida. A los segundos les diré que te escribo porque no has muerto, estás vivo en mí, y en muchos, muchísimos otros en los cuales sembraste con tu amoroso ejemplo la maravillosa semilla de la ‘No violencia’.

Hermano, ¡TU MARCHA CONTINÚA! Te admiro y quiero con toda el alma,

Aníbal.

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