Conflictos familiares y una disputa por un billón de pesos, se revive el polémico caso Lafrancol

Todo comenzó en el 2012, cuando los hermanos Viviane Ventura y Michael Ventura culparon de estafa a su prima Esther Ventura , tras la venta de los laboratorios Lafrancol a la multinacional chilena Recalcine. Aquí la historia.

El interminable lío judicial que desató la venta de los laboratorios Lafrancol en la familia Ventura.
El interminable lío judicial que desató la venta de los laboratorios Lafrancol en la familia Ventura.

Esther Ventura, quien fue accionista y presidenta de los laboratorios Lafrancol, durante 30 años, fue citada a audiencia, por séptima vez, el próximo 4 de marzo, para responder por las acusaciones de estafa, interpuestas por algunos de sus familiares, tras la venta del que era cnsiderado el mayor laboratorio farmaceútico del país y uno de los fabricantes de medicamentos genéricos más grande de América Latina, a la multinacional chilena Recalcine.

La defensa de la empresaria afirma que no existe ningún delito, ya que sus primos, Viviane Ventura y Michael Ventura, realizaron, en 2010, la venta del 7% de sus acciones por voluntad propia y sin ninguna presión.

El diario El Espectador, que reportó en aquel entonces la venta del laboratorio, indicó que el conflicto familiar entre los primos Ventura inició cuando se realizó la venta total de LaFrancol a la multinacional chilena Recalcine (CFR) por un billón de pesos (alrededor de US$562 millones de la época).

La transacción dejó felices a casi todos los socios de la empresa, menos a los hermanos Ventura, quienes, al enterarse de que los chilenos pagaron por las acciones mucho más de lo que ellos habían recibido cuando las vendioern en 2010, señalaron que su prima Esther Ventura les había ocultado información y los había engañado sobre el valor real de su participación.

El descontento de los hermanos Ventura por haber vendido sus acciones antes de tiempo y haberse quedado por fuera del gran negocio de la venta del laboratorio generó un conflicto laboral que ya lleva casi una década.

En cifras concretas, los hermanos habían vendido sus acciones por US$5 millones (casi $9.000 millones), que era lo que, según Esther Ventura, les correspondía de una empresa avaluada para entonces en US$70 millones. Sin embargo, de haber seguido como accionistas cuando los chilenos pagaron US$562 millones, ellos hubieran recibido US$40 millones (casi $70.000 millones). Es decir, cerca de ocho veces más de lo que recibieron al momento de vender.

Pese a que existen documentos en los que se evidencia que la negociación que realizaron los hermanos fue conforme a la ley y no habría habido ninguna presión para dicha venta, los hermanos Ventura afirman haber sido engañados, por lo que decidieron tomar acciones judiciales, por medio de una denuncia penal ante la Fiscalía en contra de su prima Esther Ventura, quien en ese entonces fungía como presidente de la compañía.

“Esther se aprovechó de la confianza familiar que depositamos en ella, para asaltarnos en nuestra buena fe. No actuó con transparencia, no nos informó la situación real de nuestras acciones y la compañía, y con esto logró obtener lo que legítimamente nos corresponde por un precio muchísimo menor del que hubiera tenido que pagar de haber actuado correctamente”, decía la denuncia penal, impuesta en 2013.

En el escrito, que consta de 18 páginas, los hermanos Viviane y Michael Ventura alegan que durante la negociación se les ocultó información, lo cual los llevó a tomar una mala decisión, y que la única que se benefició fue su prima.

“...de forma premeditada, con el objetivo de excluirnos de recibir la parte que nos correspondía de la venta de la empresa Lafrancol, fuimos compelidos a vender nuestra participación de forma anticipada y fuimos engañados de forma sistemática, en el sentido de que se nos hizo entender que la compañía valía mucho menos de lo que se podía obtener en el comercio”, aseguraron los hermanos hace cinco años, cuando comenzó el proceso legal.

Sin embargo, los últimos dueños de la farmacéutica aseguran que los hermanos Ventura vendieron voluntariamente y sin presiones, en un momento en el que no estaba en los planes de los accionistas vender la compañía. Incluso, lo que buscaban era fortalecerla.

Esther Ventura había sido citada el pasado 13 de enero por la Fiscalía para intentar, por séptima vez, realizar la audiencia de conciliación y/o traslado de escrito, sin embargo, dicha audiencia se aplazó porque el abogado de la empresaria, Ricardo Calvete, le solicitó al fiscal del caso, Mario Antonio Chaves Rodríguez, que ésta se adelante por procedimiento ordinario y no por el abreviado, tal como lo indicó la resolución 00279 de 2019, emanada de la propia Fiscalía, por lo cual indicó que su cliente no asistirá a dicha citación.

El Tiempo estableció que el fiscal Chaves, al ser autónomo en sus decisiones, indicó que es viable el trámite a través de la vía ordinaria, como lo señaló el abogado Calvete, y, de manera inmediata, citó a una nueva audiencia para el próximo 4 de marzo.


La construcción de un imperio

A comienzo del siglo XX, Bernard Pauly, consejero comercial del gobierno francés, abandonó sus oficinas en el corazón de París y, tras un largo viaje en Barco, terminó en Puerto Colombia. Poco tiempo después abrió un pequeño laboratorio en Barranquilla, por medio del cual no solo importaba medicamentos de Europa sino que facilitó que científicos colombianos desarrollaran fórmulas que eran posteriormente patentadas por casas farmaceúticas francesas.

El negocio prosperó; sin embargo, a mediados de siglo, Bernard abandonó la costa Caribe y se radicó en el Valle del Cauca, dejándole las riendas del negocio al hijo de su hermana, Roberto Ventura Pauly.

Roberto consolidó la empresa, en compañia de su esposa, Isabel Crispino, una compañera de la Universidad Nacional, donde ambos estudiaron Química farmacútica, con la cual tuvo seis hijos, incluida Esther, una ingeniera química de la Universidad del Valle que estuvo tres décadas al frente de la empresa familiar.

En 1989, tras la muerte de su padre, Michael Ventura Pauly (hermano de Bernard), sus hijos, Viviane y Michael, recibieron un porcentaje de acciones de la compañía; sin embargo, ambos vivían fuera del país, por lo que Esther se encargo completamente del manejo de la empresa. “Dejamos todo en manos de nuestra prima Esther. Tuvimos una relación familiar y cercana con ella”, indicaron los hermanos según lo reseñó en su momento El Espectador.


Comienza la guerra

Ante lo que llamaron conflictos con la familia, en 2009 los hermanos decidieron vender sus acciones en los laboratorios. De acuerdo con un avalúo contratado en su momento por Lafrancol, la empresa tenía un valor de USD40 millones; un peritaje independiente, contratado por los hermanos, arrojó que valía USD200 millones.

Ahí comenzaron las negociaciones. Por el 7% que poseían, de acuerdo con el avalúo contratado por la compañía, los hermanos Ventura debían recibir alrededor de USD3 millones; si se acogían al estudio que contrataron ellos, la cifra era de casi USD14 millones; después de una larga negociación las partes aceptaron US$5 millones. Dos años más tarde, la empresa fue vendida a la multinacional chilena Corporación Farmacéutica Recalcine (CFR) por USD562 millones y comenzó la guerra.

“Esther se aprovechó de la confianza familiar que depositamos en ella, para asaltarnos en nuestra buena fe. No actuó con transparencia, no nos informó la situación real de nuestras acciones y la compañía, y con esto logró obtener lo que legítimamente nos corresponde por un precio muchísimo menor del que hubiera tenido que pagar de haber actuado correctamente”, aseguró en su momento la demanda penal.

En su momento, los abogados de Esther Ventura aseguraron que la empresa actuó “bajo el estricto respeto de todos los accionistas y con una debida y oportuna entrega de los estados financieros de la compañía”.

Informaron que Michael Ventura, vendió en 2010 participación en la empresa, que era del 3,44%, terminó en 2010, mientras que Vivianne Ventura, quien tenía poco más del 3,5% de la compañía fue vendiendo sus acciones entre1998 y 2001. Los apoderados de la compañía aseguraron que, con la asesoría del abogado Jaime Lombana, los hermanos Ventura firmaron un documento en el que se manifestaban satisfechos con la transacción.

Sin embargo, al parecer cambiaron de opinión, inerpusieron una demanda penal en contra de su prima que, aseguran los hermanos, no ha asistido a ninguna de las audiencias que se han convocado desde el 2015.

La próxima citación quedó para el 4 de marzo, cuando se espera que se realicen tres audiencias: una por contumacia (por no haber comparecido en las pasadas oportunidades); otra para formulación de imputación y otra más para solicitud de medida de aseguramiento por el presunto delito de estafa agravada en contra de Esther Ventura. Ha pasado casi una década desde la venta de la empresa, y el conflicto no para.




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