Drogas a domicilio durante la pandemia: difícil panorama en las calles de Bogotá

Mientras que la mayoría de sectores económicos en Bogotá tuvieron que dar pausa a sus actividades -lo que generó un déficit monetario-, el expendio y distribución de drogas legales e ilegales aumentó significativamente durante la pandemia.

Por: César Fuquen Leal

La gran mayoría de los sectores económicos en el país siguen batallando para recuperarse tras las cuarentenas y las medidas de aislamiento; sin embargo, los microtraficantes de estupefacientes “se reinventaron” e implementaron domicilios de sustancias ilícitas, que les permitieron recibir grandes ganancias durante el confinamiento.

Tráfico de drogas azota las calles de la capital colombiana: bazuco, cocacaína y marihuana.
Tráfico de drogas azota las calles de la capital colombiana: bazuco, cocacaína y marihuana.

“Los primeros que se adecuaron en un ‘modelo de economía naranja’ -durante la cuarentena- fueron el microtráfico y el narcotráfico. Generaron domicilios, rutas y procesos de atención para la distribución de drogas a través de redes sociales. Hay páginas de Facebook, Twitter e Instagram donde puedes pedir la droga a domicilio, te la envían al lugar de residencia o al sitio donde esperas cnsumir”, le dice a infobae, Ferney Idrobo Molina, investigador social, director del Observatorio Distrital de Convivencia, Paz y Seguridad y presidente del Sindicato Nacional de Defensores de Derechos Humanos en Bogotá.

Ni una pandemia ha frenado el consumo de sustancias psicoactivas en la capital de Colombia. Esta es la principal conclusión a la que llegó una encuesta realizada en Bogotá (“Échele Cabeza”, de la Corporación ATS) para conocer el consumo de sustancias durante la cuarentena.

“El 64% de las personas -consumidores frecuentes- que respondieron, han comprado sustancias ilegales en cuarentena. (...) El 65% dicen que las sustancias han aumentado entre un 25% y un 50% dependiendo de la sustancia. (...) El 32% dice que ha sentido abstinencia durante la cuarentena y de ellas, el 58% dice que su abstinencia es por falta de cannabis, seguido de nicotina (13%), alcohol (10%), éxtasis (6%), cocaína (5%) entre otras”, expone la encuesta.

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Alarmante panorama

Alarmante panorama

Según Idrobo Molina, el incremento acelerado del microtráfico -actividad ilícita de venta o suministro de estupefacientes en pequeñas cantidades- en la capital colombiana no solo ha generado mayor consumo de drogas en menores de edad, sino que ha incidido drásticamente en hurtos y violencia.

“Podemos ver cómo las posibilidades de consumo, principalmente en menores, a partir del 2015 hasta el 2020, cambiaron garrafalmente. Tenemos niños desde los 10 años que empiezan su consumo, principalmente vinculado a la marihuana. Hubo un incremento, entre 2019 y 2020, del 116%. El aumento en el consumo de bazuco (droga de bajo costo similar al crack, elaborada con residuos de cocaína) se ha visto reflejado también incremento de delitos menores: hurto a celulares, asalto a residencias y atraco callejero. Esos consumidores tienen que generar nuevos mecanismos de ingresos ilegales para poder adquirir su consumo en estas redes de narcotráfico”, advierte el experto.

Este tipo de situaciones se presentan con mayor frecuencia en localidades del sur de Bogotá como Ciudad Bolívar, Rafael Uribe, Usme, San Cristóbal, Bosa, Suba y Kennedy.

Alerta por consumo en universidades

Alerta por consumo en universidades

Antes de la cuarentena, las autoridades ya estaban preocupadas por un dramático aumento en el consumo de sustancias psicoactivas en universidades y centros de educación superior. Según Idrobo Molina, de acuerdo con las cifras del observatorio, se ha visto un incremento del 17.4 % de consumo de sustancias psicoactivas en los estudiantes de primeros semestres de las universidades. “Este incremento se debe a la captación de fiestas ilegales y también a la crisis que se ha generado en cuanto a factores socio económicos y a la ruptura de entornos familiares”, denuncia el especialista.

Miembros de la Policía Nacional de Colombia durante una operación de incautación de un cargamento de droga (AP)
Miembros de la Policía Nacional de Colombia durante una operación de incautación de un cargamento de droga (AP)

Según el investigador social, la venta ilegal de sustancias psicoactivas en centros universitarios podría generar ganancias semanales de entre 120 y 150 millones de pesos colombianos (40.000 dólares aproximadamente). Además, advierte que los distribuidores de estupefacientes podrían engañar a los compradores y entregarles drogas para pacientes psiquiátricos.

Estudiantes y trabajadores participan en una jornada de protesta contra la política económica y social del Gobierno colombiano y contra la violencia policial en la Plaza de Bolívar de Bogotá, Colombia, 21 de septiembre, 2020. REUTERS/Luisa González
Estudiantes y trabajadores participan en una jornada de protesta contra la política económica y social del Gobierno colombiano y contra la violencia policial en la Plaza de Bolívar de Bogotá, Colombia, 21 de septiembre, 2020. REUTERS/Luisa González

“Mientras que una bomba de marihuana puede adquirirse en entre 2.000 y 5.000 pesos, una pastilla de éxtasis puede costar hasta medio millón de pesos. (...) En los estratos 4, 5 y 6 sigue predominando la heroína, la cocaína y las drogas sintéticas, a la cabeza del éxtasis. (...) Muchas veces se dice que les venden éxtasis y les están entregando medicamentos psiquiátricos. Junto con estos medicamentos psiquiátricos, también han empezado a ser populares las drogas sintéticas, que han tenido una presencia clara, principalmente en fiestas electrónicas y los llamados amanecederos”, cuestiona el entrevistado.

Una de las situaciones más preocupantes frente al panorama antes expuesto, es que el fenómeno parece estar superando a las autoridades. Según el investigador, en la capital colombiana se debe hacer una reforma de seguridad para contrarrestar el narcotráfico que tan azotada tiene a la urbe más importante del país.

“Hay una regla general que se está imponiendo, todo el mundo sabe -dónde venden las drogas-, menos la autoridad. Si tú haces una encuesta en Bogotá, cada vecino sabe dónde funciona la olla (lugar de expendio de estupefacientes) de su barrio, pero los únicos que no saben son las autoridades. En Bogotá, creo que hace falta una política de seguridad integral. Estamos evaluando las respuestas desde la seguridad ciudadana, pero no desde el fortalecimiento de la confianza como comunidad. Falta el contacto con ese entorno territorial, el acercamiento a las comunidades, la falta de confianza se ve reflejada en una pérdida de legitimidad y de gobernabilidad, como lo demostraron los sucesos reprochables que ocurrieron recientemente, que son muestra de la deteriorada relación de lo comunitario con lo institucional”, concluye Idrobo Molina en diálogo con infobae.

Uno de los CAIs incendiados la noche del miércoles 9 de septiembre en Bogotá en medio de las protestas por el asesinato de Javier Ordóñez por dos policías.
Uno de los CAIs incendiados la noche del miércoles 9 de septiembre en Bogotá en medio de las protestas por el asesinato de Javier Ordóñez por dos policías.

Encuesta: http://www.echelecabeza.com/wp-content/uploads/2020/04/informedrugscuarentena-3_compressed.pdf

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