La noche del 20 de abril de 2018, Radio Darío fue quemada por un grupo de simpatizantes del régimen de Ortega. Dos de los atacantes murieron quemados por su propio fuego. El personal escapó a duras penas. (Fotos: Óscar Navarrete)
La noche del 20 de abril de 2018, Radio Darío fue quemada por un grupo de simpatizantes del régimen de Ortega. Dos de los atacantes murieron quemados por su propio fuego. El personal escapó a duras penas. (Fotos: Óscar Navarrete)

Aníbal Toruño es uno de los periodistas más perseguidos de Nicaragua. Su radio ha sido destruida en dos ocasiones durante el régimen de Daniel Ortega, hace nueve meses se fue al exilio para salvar su vida, y ahora que ha regresado fue atacado con saña por paramilitares y policías que, según él, querían matarle. "El Carmen (Casa Presidencial) ha ordenado mi muerte", dice.

Toruño, de 60 años, es el director de Radio Darío, de León, una de las principales y más antiguas ciudades de Nicaragua, ubicada a 95 kilómetros de Managua. Radio Darío fue fundada en 1949 por el padre de Toruño, Juan, un herrero aficionado a la radiodifusión, quien por iniciativa propia fabricó un transmisor y comenzaría la empresa familiar que ha estado marcada por la violencia en diferentes gobiernos.

Desde su fundación, Radio Darío ha estado sometida a la represión de casi todos los gobiernos. En 1978, durante el gobierno de Anastasio Somoza Debayle, la radio fue quemada y destruida por una tanqueta de la Guardia Nacional que llegó a atacarla hasta a su sede. "Siempre hemos sido críticos, siempre hemos estado en la acera de enfrente", dice Toruño, quien, sin embargo, considera que Ortega "ha sido lo peor".

En 2008, poco después de que Ortega regresara al poder, un grupo armado irrumpió en la emisora, encañonó al personal y destruyó a balazos sus equipos. Diez años más tarde, cuando comenzó la rebelión de abril 2018, una turba quemó totalmente la radio y el personal que se encontraba en ella, unas doce personas, Toruño incluido, a duras penas pudo salvar la vida escapando por una puerta lateral del edificio.

Tan pronto se anunció la visita de Toruño a su ciudad, León, paramilitares motorizados llegaron a hacer pintas amenazantes en las paredes de Radio Darío.
Tan pronto se anunció la visita de Toruño a su ciudad, León, paramilitares motorizados llegaron a hacer pintas amenazantes en las paredes de Radio Darío.

"Esta vez la acción fue mucho más grave. No solo se trataba de destruir la radio, sino que ya se había tomado la decisión de matarnos", dice Toruño. "Una decisión de esa no la toma un operario cualquiera, la orden venía de arriba, de los más altos niveles".

Si bien en esa ocasión lograron quemar la radio, las cosas no salieron del todo bien para los malhechores. Dos de los atacantes murieron quemados por el mismo fuego que provocaron.

La turba llegó en camionetas, armados de bidones de gasolina y morteros artesanales. Encañonaron al vigilante mientras el resto del personal trabajaba en la cabina, ajeno a la tragedia que se venía. Regaron el combustible por las habitaciones frontales y el techo, y desde una distancia de tres metros, Apolonio Delgadillo, uno de los atacantes, disparó un mortero para iniciar el incendio. La lengua de fuego que provocó lo alcanzo a él y a Jimmy Paiz, otro de sus compañeros, cuyas ropas aparentemente quedaron impregnadas de combustible. Dos días después ambos murieron en el hospital como consecuencia de las quemaduras.

"Yo ya los perdoné. Era gente humilde, le pagaron 500 córdobas (16 dólares aproximadamente) a cada uno", relató Toruño a La Prensa, en esa ocasión.

El director de Radio Darío acusa al diputado sandinista Filiberto Rodríguez de estar a cargo de la operación que pretendía quemarlos vivos dentro de la emisora. Paradójicamente Rodríguez, quien nunca fue acusado ni procesado por este hecho, es miembro de la junta directiva de la Comisión de la Paz, Defensa, Gobernación y Derechos Humanos de la Asamblea Nacional.

Desde entonces Aníbal Toruño sintió que su vida estaba sentenciada. Comenzó a esconderse en casas de seguridad, vivir en virtual clandestinidad, hasta que hace nueve meses se marchó del país para proteger su vida.

Aníbal Toruño, mientras visitaba la tumba de su padre el sábado pasado antes del ataque de los paramilitares.
Aníbal Toruño, mientras visitaba la tumba de su padre el sábado pasado antes del ataque de los paramilitares.

El 29 de agosto pasado, sin embargo, Toruño decidió regresar al país junto al conocido comentarista televisivo, Jaime Arellano. Toruño explicó que hay unos 70 periodistas nicaragüenses en el exilio, la mayoría viviendo en condiciones difíciles y su regreso representa una especie de "punta de lanza" para el retorno de todos. "Nicaragua es de todos. Vamos a estar desde adentro luchando para construir un país en libertad", dijo cuando entró al país por el aeropuerto de Managua.

Una vez en Nicaragua, decidió este sábado visitar su radio y la tumba de su padre, en León, y para su resguardo fue acompañado de una comitiva que incluía, entre otros, al presidente de la cámara empresarial, Cosep, José Adán Aguerri. Aun así la caravana fue atacada por paramilitares violentos que actuaron en coordinación con la Policía.

Según explica Toruño, la caravana de vehículos fue perseguida por paramilitares que se movilizaban en motocicletas. Uno de ellos se adelanta y le indica a unos policías que estaban en la vía que detengan la caravana, para permitir que el resto de paramilitares los alcance y agreda con bates, piedras y disparos. Uno de los disparos pegó en la ventana donde va el presidente del Cosep.

"Ellos atentan contra el vehículo en el que creían que iba yo, y atacan el que iba el presidente del Cosep, José Adán Aguerri, y eso tiene enormes efectos, porque queda en evidencia los que viven negando, que aquí hay paramilitares. Los vimos de frente, atacando y poniéndose de acuerdo con los policías. Me buscaban a mí", dice Toruño.

Después del ataque paramilitar en el que se atentó contra la vida del presidente del Cosep, José Adán Aguerri (primero de la izquierda) el grupo realizó una misa apara agradecer el salir sin mayores daños.
Después del ataque paramilitar en el que se atentó contra la vida del presidente del Cosep, José Adán Aguerri (primero de la izquierda) el grupo realizó una misa apara agradecer el salir sin mayores daños.

Dice que le dio una gran tristeza ver que León "se quedó en el tiempo de la Operación limpieza" en alusión a las caravanas de paramilitares que patrullan las calles con licencia para matar. "Grupo ultrarradicales tienen el manejo de la ciudad. Siguen en operación limpieza. Caravanas de la muerte, salieron del zonal. Yo lo vi. Están en guerra y represión".

Estos grupos son sumamente peligrosos, dice, "porque buscan el reconocimiento de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Para ellos la mejor recompensa es presentarme ante Ortega o Murillo ajusticiado (asesinado) o secuestrado".

Asegura que no espera ninguna protección de la Policía. "Cuando destruyeron la radio ni la Policía, ni los bomberos ni la Cruz Roja, aparecieron. Los vecinos apagaron el fuego. Los policías más bien trabajan en coordinación con los paramilitares. Nunca me asistieron ni llegaron para investigar el crimen que se cometió contra nosotros. Solo han llegado para apedrearme y allanarme. La única vez que llegó el jefe de la Policía de León fue para esposar a los periodistas y confiscar el esquipo de la radio", dice.

-Cuando usted dice que han ordenado su muerte, ¿acusa directamente a Daniel Ortega?

-Sí. La destrucción de la radio con mi persona y otros adentro no pudo ser llevada a cabo sin la autorización de El Carmen. No sé quién de los dos (Daniel Ortega o Rosario Murillo) pero a ese nivel.

Aún así, dice que insistirá en regresar a su ciudad. "Los riesgos de vivir en León son grandes, pero tengo el derecho de vivir y trabajar en León. Daniel Ortega me puso una raya roja, me desterró. Debo ser prudente. Soy leonés, pertenezco a León, nací en León. En algún momento voy a regresar", promete.