Claudia Dupeirón
La Habana, 9 jun (EFE).– Los patios de colegio en La Habana están extrañamente silenciosos este junio. Sin transporte ni alimentos para los comedores, el fin del curso escolar se ha adelantado a la fuerza por la intensificación de la crisis derivada del bloqueo petrolero de EE. UU.
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“Soy abuela de un niño de 10 años y ya estamos disfrutando de estas vacaciones apresuradas”, señala escéptica a EFE Amalia Acosta, de 65 años, mientras recorre a media mañana con su nieto el Paseo del Prado, en La Habana Vieja.
Con los padres trabajando, Acosta ha quedado al cuidado del infante. Explica que “desafortunadamente” las evaluaciones finales tuvieron que adelantarse y se realizaron en un contexto muy complicado, pues “no había corriente” ni conexión a internet para “buscar la información”. “La afectación fue bien seria”, remata.
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Su caso no es una excepción. Por las calles de Cuba se ven estos días, desde primera hora de la mañana, a niños de la mano de familiares saliendo a cumplir mandados, acompañando a sus padres en el trabajo o jugando a fútbol y pelota en plena calzada con amigos del barrio.
La ministra de Educación, Naima Trujillo, explicó recientemente que el fin de curso debía adelantarse en el actual contexto y que se llevaría a cabo “de forma gradual del 15 al 30 de junio” por la crisis energética. Pero parece que la realidad se ha impuesto de forma acelerada.
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La crisis energética, que comenzó a mediados de 2024, se ha agravado en los últimos meses de la mano del bloqueo petrolero de EE.UU. La economía estatal está casi en su totalidad paralizada y se estima que se va a contraer al menos un 6,5 % este ejercicio (tras una caída acumulada de más del 15 % en los cinco años previos).
El transporte público ha desaparecido. Las basuras se acumulan en las calles sin equipos de recogida. La industria no produce. Los hospitales apenas ofrecen algunos servicios mínimos y las oficinas gubernamentales están en modo contingencia.
La educación, uno de los pilares de los beneficios sociales que ofrecía el sistema cubano de forma universal y gratuita, no podía ser ajeno al profundo deterioro general.
“No hay luz, no hay agua, no hay nada”, asegura a EFE Norki Rigondeaux, una habanera de 57 años al recoger antes de tiempo a su nieto en una escuela primaria de la capital cubana. "No se puede dar (clase) así”, zanja.
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Algunos padres explican que los apagones -de hasta 22 horas al día en La Habana y peores aún en el resto del país- impiden dormir en condiciones a los niños, especialmente con el calor, lo que hace difícil la asistencia a la escuela al día siguiente.
Rigondeaux explica que muchas veces los educadores "llegan tarde por el problema del transporte", si es que no desaparecen a medio curso porque se marchan del país y hay que sustituirlos, como le sucedió a la clase de su nieto, de primer grado.
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Según cifras recopiladas por EFE al inicio del actual curso escolar en septiembre pasado, ninguna provincia de la isla alcanzó una cobertura docente del 100 % y en algunos lugares, como Sancti Spíritus (centro) y La Habana, las autoridades no lograron cubrir una de cada tres plazas de profesor.
De fondo late el problema de las bajas retribuciones del sector. El salario medio es de unos 5.600 pesos (equivalente a casi 46 dólares con la tasa oficial, pero apenas 9 en el cambio informal), según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), por debajo del promedio del sector estatal, de 6.930 pesos mensuales.
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La situación del sistema educativo cubano ha encendido las alarmas de organismos internacionales como la Unesco, que ya advirtió sobre un riesgo sistémico para el aprendizaje y el futuro de toda una generación en la isla.
La directora de la Oficina Regional de la Unesco en La Habana, Anne Lemaistre, alertó el pasado 29 de mayo, que "la educación en Cuba está en riesgo debido a la actual crisis energética" y "esto dificulta que docentes y estudiantes asistan a clases, aprendan eficazmente y disfruten de una vida social normal con sus amigos”.
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Recalcó que, en ese contexto, se “pone en peligro el futuro de toda una generación, con consecuencias a largo plazo”, y advirtió que ese porvenir debe “protegerse por el bien de todos”. EFE
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