El bosque pantanoso de Benín enfrenta el peligro de desaparecer

En el bosque pantanoso de agua dulce de Hlanzoun, en el sur de Benín, los árboles majestuosos se mecen entre el trino de los pájaros y el jugueteo de los monos.

Otrora hogar de una abundante flora y fauna, los expertos temen por el futuro de este frágil ecosistema, uno de los pocos que quedan en este país de África occidental y accesible solo por canoa.

Las 3.000 hectáreas de bosque, cuyo nombre viene del río Hlan, albergan 241 especies de plantas y 160 especies de animales, incluido el mono de vientre rojo, la mangosta de la ciénaga y la sitatunga, un antílope que vive en los pantanos.

Encima de un árbol gigantesco aparece un cálao, una ave de gran porte conocida por su pico largo y curvo, similar al tucán.

"El cálao se alimenta de insectos y frutas. Le gusta seguir a los monos porque hace salir los insectos cuando se mueven, lo que hace más fácil capturarlos", explica Vincent Romera, un ornitólogo y fotógrafo francés.

Con sus binóculos, Romera admira a una familia de monos que saltan de árbol en árbol.

"Los animales aquí se han vuelto temerosos", comenta el ornitólogo, quien piensa usar cámaras ocultas para fotografiarlos y contabilizar la fauna del bosque.

"Los números han caído mucho", aseguro.

Algunas veces, los sonidos del bosque son interrumpidos por disparos, seguramente de cazadores.

- Tala de árboles -

Las comunidades radicadas alrededor del bosque "necesitan dinero, por eso los que pueden disparar salen a matar animales", explica Roger Hounkanrin, un guía de turistas.

Pese al crecimiento económico sostenido en los últimos años, 40% de la población de Benín, especialmente en áreas rurales, vive bajo el umbral de la pobreza, según datos del Banco Mundial.

Cerca del camino contiguo al bosque Hlanzoun se venden lagartijas, cocodrilos y culebras matadas por los cazadores, que a veces también venden monos para aprovechar su carne.

Pero la mayor amenaza para el bosque es la tala excesiva.

Entre 2005 y 2015, la cobertura boscosa de Benín fue talada en más de 20% según el Banco Mundial, y la tasa de deforestación se mantiene en 2,2% anual.

Los árboles son derribados para leña y producir "sodabi", la bebida alcohólica local que utiliza el fermento de una palmera.

La práctica de talar y quemar con fines agrícolas también se ha generalizado, advierte Josea Dossou Bodjrenou, director de Nature Tropicale, una oenegé ambientalista en Benín.

La destrucción del hábitat boscoso reduce las áreas donde subsisten los animales, obligándoles a ir a las fincas en busca de alimentos, donde quedan expuestos a los cazadores.

"Este es un lugar que corre el riesgo de desaparecer", alerta Judicael Alladatin, un economista agrícola local.

"Es una zona pobre y no podemos culpar a la gente por querer alimentarse", admite sin embargo Alladatin. Por eso, urge a las autoridades a "crear condiciones para darle a la gente fuentes alternativas de ingresos".

El gobierno no reconoce oficialmente el bosque Hlanzoun como área protegida, pese a la presión de varias oenegés y estudios científicos elaborados desde 2000.

Sin embargo, ha comenzado a reconocer la importancia de resguardar los bosques en general, al actualizar sus políticas forestales y sistema tributario.

En Hlanzoun, el Estado "debe actuar rápidamente y apoyar a las comunidades del bosque para que puedan generar ingresos (...) pero de una manera distinta", con el desarrollo de la agricultura, el comercio y el turismo sostenible, abunda Bodjrenou.

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