Poca carne, estacional, regional: ¿Cómo comer para proteger el clima?

ILUSTRACIÓN - Preparar la comida diaria no debe ser un proceso demasiado largo y complicado, aun si se quiere cuidar el medio ambiente al hacerlo. Foto: Christin Klose/dpa
ILUSTRACIÓN - Preparar la comida diaria no debe ser un proceso demasiado largo y complicado, aun si se quiere cuidar el medio ambiente al hacerlo. Foto: Christin Klose/dpa

Volar rara vez en avión, prescindir del auto y proceder de forma ahorrativa con el agua son algunos de los consejos ampliamente conocidos para reducir la propia huella de CO2, aunque no siempre resulten fáciles de implementar.

Y, aún más difícil se vuelve cuando se trata del tema de la alimentación. ¿Es posible proteger el medio ambiente a través de la elección de la comida?

A la hora de contemplar el clima desde una perspectiva ecologista, el eslogan es "menos animal, más ecológico", según lo describe Michael Bilharz desde la Oficina germana de Medio Ambiente.

"Definitivamente deberíamos comer menos carne", opina también el autor Malte Rubach, "aunque tampoco nadie debe convertirse en asceta".

En uno de sus libros, brinda algunos consejos sobre cómo se puede permanecer "vital y sano, comer placenteramente y no perder la alegría de vivir, solamente porque alguien le hace creer que ahora debe contribuir a salvar el mundo con puré de garbanzos y bebidas de avena".

Rubach no tiene nada que objetarle a los garbanzos ni a las bebidas de avena, sino que aboga por no desvalorizar los alimentos en general.

Según puntualiza Bilharz, la huella promedio de CO2 en el área de alimentación ronda en Alemania las 1,7 toneladas por persona por año con una alimentación mixta. En el caso de los vegetarianos, son de 1,3 a 1,4 toneladas, y en el caso de los veganos, una tonelada.

Y esto se refiere solamente a la comida. La germana Oficina Federal de Medio Ambiente y la comunidad internacional de estados elogiaron la meta para pasar de las actuales 11 toneladas de CO2 en general a menos de una tonelada por persona por año.

Lo que más cantidad de carbono produce, explica Bilharz, son los productos procedentes de los rumiantes, o sea de la carne vacuna, pero también el queso y otros lácteos, seguidos por la carne porcina y de pollo.

Quien se proponga restringirse, puede orientarse por la "Planetary Health Diet" (dieta de salud planetaria). Esta forma de alimentación -así la describe Rubach- se organiza de forma tal que todos reciban suficiente comida y al mismo tiempo no se sobrepasen los límites planetarios de recursos.

La "alimentación planetaria" recomienda un máximo de 300 gramos de carne diarios por persona y privilegia la carne porcina y aviar. La Sociedad Alemana de Alimentación, en tanto, recomienda no más de 300 a 600 gramos por semana. "Sobre todo, la carne debería ser producida en la región", dice Rubach.

En el marco de esta "alimentación planetaria", pueden incluirse semanalmente de un litro y medio a tres litros de leche, o 300 gramos de queso y tres o cuatro huevos. Bilharz puntualiza que tanto las legumbres como los cereales se convierten aquí en la principal fuente de proteínas.

Comenta asimismo que, "como consumidor o consumidora de comida, uno podría devanarse los sesos cada día intentando rastrear de dónde procede cada producto". E incluso los expertos en ecobalance no pueden responder cada pregunta individual, porque todo depende de cada caso en concreto.

"Advierto que no hay que problematizar demasiado la alimentación en referencia al cambio climático, porque de todos modos ya tenemos muchos problemas con la comida, desde la anorexia hasta la obesidad", señala Bilharz. Rubach asimismo aconseja no colocar el listón moral demasiado alto y no descuidar el disfrute.

Bilharz se muestra convencido de que una alimentación sana y respetuosa con el clima van de la mano. "Aliméntese principalmente en base a plantas, preste atención a las fibras vegetales, pocas grasas animales y mucha verdura y fruta, en lo posible de origen agroecológico", afirma.

Recomienda los productos agroecológicos, porque cuentan con restricciones más estrictas en lo referente a aditivos e ingredientes, también en el caso de los productos de reemplazo cárnico y lácteo.

El experto indica que el sello ecológico de la UE simplifica la cuestión para los consumidores. Y, quien quiera obtener mayores datos, puede consultar los criterios más detallados de los distintos sellos.

Asimismo, Bilharz recomienda que en la mayoría de las regiones de Alemania se beba agua del grifo. "No hay absolutamente ningún motivo para no tomarla", recalca.

Según Rubach, las bebidas ocupan en Alemania el segundo puesto en los aportes a la formación de gases de efecto invernadero, directamente por detrás de la carne.

"Vista por litro, la huella de CO2 es por supuesto pequeña, pero la cantidad que bebemos cada día, especialmente de bebidas embotelladas, hace que se dispare", afirma. De modo que beber más agua del grifo sería también un buen inicio, agrega el experto.

Bilharz advierte que la protección del clima siempre es una tarea comunitaria y no un proyecto de optimización para obtener un halo personal. Por eso, remarca, no se trata de una medida individual, sino del balance al finalizar el año.

Rubach concluye que comer es siempre una cuestión de ponderación entre la viabilidad cotidiana, el pragmatismo y un principio ético. "Usted puede comer todo, siempre que se atenga a una medida tolerable", añade.

dpa