La Librera Feliz que regala libros en pequeños mercados de Roma

La periodista romana Monica Maggi salva "libros destinados a la destrucción o al abandono" para después regalarlos en pequeños mercados de la provincia de Roma, convencida de que la lectura "debe ser un bien de todos y no un privilegio". EFE/Mercedes Ortuño Lizarán
La periodista romana Monica Maggi salva "libros destinados a la destrucción o al abandono" para después regalarlos en pequeños mercados de la provincia de Roma, convencida de que la lectura "debe ser un bien de todos y no un privilegio". EFE/Mercedes Ortuño Lizarán

Riano (Italia), 23 abr (EFE).- La periodista romana Monica Maggi salva "libros destinados a la destrucción o al abandono" para después regalarlos en pequeños mercados de la provincia de Roma, convencida de que la lectura "debe ser un bien de todos y no un privilegio".
Con la pandemia, los varios trabajos de los que picoteaba Maggi desaparecieron. "Entonces pensé 'a lo mejor lo que me puede salvar, como siempre, son los libros'", explica a Efe sobre el nacimiento de su proyecto "Páginas Viajeras", con el que ha conseguido llegar a toda Italia gracias a las redes sociales bajo el sobrenombre de la Librera Feliz.
Hoy, además de ser el Día Internacional del Libro, es viernes y Maggi monta como siempre su pequeño puesto itinerante en el mercado del Largo Montechiara de Riano, un pueblo de unos diez mil habitantes al norte de Roma donde ha residido los últimos 34 de sus casi 60 años.
Hasta hace apenas una semana, la Librera Feliz también regalaba lecturas en el mercado del Tufello, en la capital, pero "Roma es una ciudad difícil", en la que hay "demasiada burocracia y demasiada política", y Maggi prefiere dedicarse por entero a "otra clase de política", la de hacer que la literatura llegue lo más lejos posible de forma sencilla.
"Libros gratis" y "Se agradece un donativo" son los dos únicos carteles que se leen en su puesto, que se afana en mantener perfectamente ordenado durante toda la mañana, como si fuese la librería que regentó durante tres años.
"De haber sabido que estabas aquí, te habría traído todos los libros que tengo en casa", lamenta una vecina: así es cómo se nutre el inventario de la Librera Feliz, con "libros tirados, heredados pero no queridos, de librerías que cierran, de negocios que fracasan...", enumera.
"La gente no sabe qué hacer con ellos", así que Maggi les busca un nuevo hogar. "No es un intercambio", subraya, "es la donación y la adopción del libro salvado".
Desde que comenzara a llevar su biblioteca a varios mercados de la provincia de Roma, en julio de 2020, el proyecto "Páginas Viajeras" ha crecido tanto que Maggi recibe peticiones de envío al sur de Italia, y de consulta y reserva de títulos a través de las redes sociales.
"Todos me conocen de Internet y me piden libros para equipar pequeñas librerías y puntos de lectura de todo el país, sobre todo del sur, donde hay todavía menos posibilidades de encontrar una biblioteca. Mando decenas de paquetes y ellos solo pagan los gastos de envío", explica.
Para reconocer su trabajo altruista, muchos de los lectores que pasan por el puesto de Maggi le dejan un donativo en una cajita de metal, colocada justo al lado de una pila de carnés de socio en blanco.
"Hoy han sido muy generosos: será porque es el Día del Libro", agradece, sonriendo con los ojos tras unas enormes gafas redondas de pasta que delatan su pasión por la literatura.
Maggi personaliza con el nombre de cada nuevo lector una tarjetita de la asociación cultural Libra, de la que es presidenta. Antes de la pandemia, organizaban lecturas en voz alta para personas ancianas, jornadas para niños pequeños y talleres de alfabetización para mujeres extranjeras, que aún se pueden seguir desarrollando al ser en grupos muy reducidos.
Las "Páginas Viajeras", que también hacen escala todas las semanas en el otro mercado de Riano y en la localidad vecina de Sacrofano, han continuado incluso en los momentos en los que la región del Lacio se encontraba en confinamiento blando o "zona roja", aprovechando que los mercados son negocios esenciales.
Un día, volviendo a casa, "cansada, cansadísima", Maggi miró hacia su coche en el que transporta su biblioteca ambulante y pensó: "Estoy cansada, pero soy muy feliz porque hago felices a los demás".
Cambió todos sus nombres en redes sociales y se rebautizó: "Soy una Librera Feliz".
Por Mercedes Ortuño Lizarán