Los productores de sal del desierto en India asfixiados por el cambio climático

Roshni Thakor deja la escuela para ir a sacar sal en un sofocante desierto indio golpeado por la canícula, un negocio agotador practicado por sus ancestros desde hace siglos pero ahora amenazado por el desbocado cambio climático.

Cada año, durante ocho meses, los trabajadores laboran bajo un calor abrasador para bombear agua salada de pozos construidos a mano en un rincón del estado de Gujarat occidental.

Una tonelada de sal se negocia en la baja suma de 300 rupias (4 dólares), pero la impredecible lluvia, el alza de las temperaturas y las frecuentes tormentas de polvo han reducido drásticamente los rendimientos, por lo cual Thakor y su familia tienen más dificultades para ganarse el sustento.

"Hace cada vez más calor aquí. Mis ojos arden y con frecuencia me siento mareada y enferma", dijo la joven de 20 años a la AFP, mientras su madre prepara té en un fogón de madera.

Los cambios impredecibles de la temperatura han causado muchas pérdidas a su familia, pero su padre Raju dice que hay que seguir intentando ganarse la vida con sus cuatro salinas.

"No tengo más opción que seguir trabajando aquí, pues no tengo tierra para cultivar. No tengo otra fuente de ingresos", dice Raju.

India es el mayor productor de sal del mundo y cerca de las tres cuartas partes de su producción viene de Gujarat.

La familia Thakor es una de las decenas de miles de familias  "Agariyas", o productores de sal, que pasan la mayor parte del año viviendo y trabajando entre los áridos espacios del desierto de Thar.

Cavan pozos de 50 pies de profundidad con palas y sus manos y utilizar bombas de diésel para dirigir el agua hacia una cavidad rectangular, donde se evapora dejando los cristales de sal.

El trabajo es tedioso y agotador. Preparan las cavidades presionando la salmuera con sus pies para evitar que el agua se filtre de nuevo a la tierra, lo que los hace vulnerables a dolorosas infecciones de la piel en los pies.

- "Hay que empezar otra vez de nuevo" -

El calor desempeña un papel fundamental en el proceso, ya que 24 grados Celsius (75 grados Fahrenheit) es la temperatura óptima para la formación de los cristales de sal, dice Raju.

Pero el cambio climático está haciendo difícil el trabajo y la recolección y retrasa el inicio de la temporada. Además provoca oleadas de calor insoportables para quienes trabajan en los terrenos desérticos.

La deforestación y la no planificación del desarrollo ya ha transformado la temporada de monzones, y un reciente informe del gobierno indio advierte que el cambio climático hace las lluvias impredecibles y más intensas.

"La producción de sal requiere tiempo seco y si llueve de súbito, todo nuestro esfuerzo se va al carajo", dice Raju Thakor. "La sal se disuelve y hay que comenzar otra vez de nuevo".

El informe del gobierno advierte que India enfrenta incrementos promedio de temperatura de 4.4 para final de siglo.

Dhvanit Pandya, que dirige una organización de salineros, dice que la temperatura ha aumentado mucho en el desierto de Thar en la pasada década, con récords máximos en el día de 54 grados.

Las tormentas de polvo también están aumentando con frecuencia, enturbiando las salinas y haciendo bajar los precios.

"Los comerciantes cortan el precio a la mitad si la sal no es de buena calidad", dice Pandya.

Pandya considera que los que trabajan en eso están perdiendo  la cuarta parte de sus recolecciones cada año por los cambios drásticos de temperatura, hundiendo a muchas familias a la pobreza.

- "Apenas podemos llegar a fin de mes" -

Los Agariyas dicen que sus ancestros recolectan sal en la región desde hace más de 500 años.

Sus casas en el desierto de Gujarati, lejos de los centros poblacionales, carecen de electricidad.

El agua fresca en el desierto es escasa, y los niños de la comunidad pasan la mayor parte del tiempo fuera de la escuela.

Una iniciativa gubernamental de hace una década ayudó a los recolectores de sal a remplazar sus bombas de diésel por motores solares para tratar de bajar sus costos de producción.

Pandya dice que el esquema ha mejorado "lenta pero con seguridad" sus vidas.

La comunidad muy unida del desierto se comunica a lo largo de las distancias a donde no llegan las voces, mediante el uso de espejos que reflejan la luz solar en las chozas lejanas.

Muchos dicen que no quieren dejar su negocio, pero reconocen que el trabajo se hace cada vez más difícil con los cambios climáticos.

Tejal Makwana dijo a AFP que ella solía ahorrar 700 dólares cada temporada, suficiente para mantener su familia durante el resto del año.

"Pero por ahora apenas podemos llegar a fin de mes", agregó.

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