EEUU debe liderar en materia de cambio climático: Editorial

(Bloomberg) -- Durante su campaña para la Casa Blanca, e incluso años antes de eso, el presidente electo, Joe Biden, enfatizó en la amenaza que representa el cambio climático y la necesidad de que Estados Unidos actúe. Biden tiene razón. No se puede permitir que la agitación en la política del país lo distraiga de la necesidad de acciones rápidas y audaces para enfrentar la amenaza existencial del calentamiento global.

Lo que Biden ha dicho sobre sus prioridades es alentador, y también lo son muchos de sus nombramientos propuestos, incluido Michael Regan, un antiguo defensor de la responsabilidad ambiental, para dirigir la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés), y Gina McCarthy, exjefa de la EPA y presidenta del Consejo de Defensa de los Recursos Naturales, como coordinadora de la política climática de la Casa Blanca. El presidente electo ha pedido de forma correcta un enfoque global en todo el Gobierno, lo que significa que todas las políticas deben sopesarse por sus implicaciones en el cambio climático. Si Biden sigue adelante, este tipo de compromiso podría revertir el retroceso de los últimos cuatro años y marcar una diferencia real, no solo para EE.UU., sino para todo el planeta.

El cambio climático es una amenaza global que requiere una acción global, por lo que es esencial que EU.UU. se una, y preferiblemente oriente, los esfuerzos de cooperación mundial. Entre los primeros actos de Biden debería estar el de notificar a las Naciones Unidas que Estados Unidos volverá a ser parte del Acuerdo de París, un marco global para la reducción de las emisiones de carbono promovido en un inicio por EE.UU. y luego abandonado por Donald Trump. Sus objetivos deben ser más ambiciosos, y el país no debe liderar con exhortaciones sino con el ejemplo.

Resulta crucial tener un objetivo ambicioso de energía limpia y una transición rápida es factible. El costo de la energía limpia de fuentes como la eólica y la solar se ha reducido drásticamente y sigue cayendo. En muchos casos, la energía limpia ya es más barata que la electricidad procedente de combustibles fósiles, incluso sin tener en cuenta sus enormes beneficios para la salud y el medio ambiente. El hidrógeno, un combustible que puede almacenarse, está a punto de convertirse en la próxima fuente importante de energía limpia. La tecnología de las baterías está mejorando todo el tiempo. Y con una nueva y mejor infraestructura energética, EE.UU. podría construir una red eléctrica inteligente. La energía limpia está al alcance.

Biden debe hacer más atractivos los incentivos para la producción de energía limpia, instar al Congreso a que establezca nuevos estándares para la eficiencia energética, y restaurar y endurecer los controles de contaminación para las plantas que producen carbón y gas. Una transición más rápida pondrá bajo estrés a algunas comunidades, por lo que Biden debería trabajar para proporcionar empleos y ayuda financiera a quienes resulten afectados. Los subsidios a los combustibles fósiles se deben terminar.

Se necesitan nuevos incentivos para ayudar a empresas y hogares para que reemplacen los electrodomésticos y sistemas que desperdician energía y contaminan. Biden ha prometido actualizar 4 millones de edificios y climatizar 2 millones de hogares. El transporte también debe ser más limpio y eficiente, con todos los vehículos nuevos de pasajeros libres de contaminación para el año 2035. Los estándares federales sobre el consumo de gasolina deberían aumentar con el tiempo. Los estados y las ciudades necesitan ayuda para construir redes de estaciones de carga para vehículos eléctricos. El sistema de carreteras debe estar electrificado, con instalaciones de carga cada 20 millas. La administración debe apoyar un transporte público limpio y carreteras y senderos adecuados para bicicletas y caminatas. Los combustibles bajos en emisiones carbono, o sin ellas, también deben ser prioridad en el transporte marítimo, mediante normas más estrictas, gasto público en instalaciones portuarias e incentivos de precios. Tan pronto como sea posible, todos los barcos que atracan en los puertos de EE.UU. deberían poder conectarse a una red de energía alterna.

La concepción de Biden de que la lucha contra el cambio climático interfiere con todo, requiere una nueva forma de pensar en otras áreas de la política. Por ejemplo, muchas preguntas deben verse de nuevo a través de la lente de la justicia ambiental para garantizar que las comunidades que más han sufrido por la contaminación obtengan algún tipo de compensación, especialmente en forma de energía limpia asequible y empleos bien remunerados. La resiliencia climática debería ser otro enfoque. Exige protección y mejora de infraestructura crítica como la creación de medidas para proteger parques, tierras públicas y océanos; preparación y entrenamiento ante incendios forestales; y evaluación exhaustiva de impacto ambiental en nuevos proyectos. Hay muy pocos elementos del gasto público que no tengan implicaciones en el medio ambiente.

Es una agenda de una amplitud intimidante, de acuerdo, pero ya no se puede eludir. Los últimos cuatro años Estados Unidos ignoró estos problemas, e incluso, política tras política, hubo retrocesos. Biden ha prometido poner fin a este escándalo y poner al cambio climático donde debe estar, en el centro del Gobierno estadounidense. No debería demorar mucho en hacerlo.

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