Los filipinos "descubren" la jardinería durante la pandemia

Filipinos en una feria de venta de plantas. El auge del cuidado de jardines y plantas interiores durante la pandemia ha sido llamado "plantdemia". Foto: Girlie Linao/dpa
Filipinos en una feria de venta de plantas. El auge del cuidado de jardines y plantas interiores durante la pandemia ha sido llamado "plantdemia". Foto: Girlie Linao/dpa

Antes de la pandemia del coronavirus, Delong De Leon solo tenía tres plantas en macetas en su casa ubicada en un suburbio en el sur de la capital filipina, Manila.

Ahora, De Leon muestra orgulloso sus más de 70 plantas, incluyendo un Framboyán de Madagascar de 1,5 metros, cuya semilla plantó en el exterior de la vivienda.

Desde que comenzó el confinamiento a mediados de marzo, el filipino ha tenido mucho tiempo libre, que aprovechó para dedicarse a la jardinería.

"Las plantas realmente me ayudaron a estar más tranquilo y menos ansioso durante las restricciones. Estaba ocupado, pero en el buen sentido", resalta De Leon, de 44 años.

Al igual que muchos filipinos, De Leon descubrió esta afición por las flores y las plantas durante el largo encierro. 

La nación insular del sudeste asiático, con 107 millones de habitantes, es el país más afectado de la región por el coronavirus después de Indonesia. Desde mediados de marzo se han establecido reglas estrictas que solo se relajaron ligeramente en junio.

Durante los tres primeros meses de cuarentena, la gente prácticamente no pudo salir a la calle, y mientras los bares y cines siguen cerrados, los restaurantes solo pueden abrir parcialmente y el transporte público sigue funcionando de forma limitada.

Para distenderse en una época en la que incluso caminar por algún espacio verde estaba prohibido, mucha gente simplemente llevó la naturaleza a su casa. Como estaba permitida la entrega por correo encargaron las plantas y semillas por Internet. 

De Leon siempre ha estado interesado en la jardinería, pero su larga jornada laboral no se lo permitía y le faltaba la energía para dedicarse a este hobby.

"Ahora, en cambio, es mi realidad: estoy conectado con la Madre Tierra, con la naturaleza", enfatiza. "Antes del encierro, todos estábamos concentrados en el trabajo, en hacer dinero, en estar siempre en la cima. Para mí, esa fue la verdadera pandemia".

La obsesión por las plantas está tan extendida que algunos ya la llaman la moda "plantdémica". También ya tienen nombre propio las personas que se dedican a la jardinería en su hogar: son las "plantitas" o los "plantitos".

Sin embargo, el aumento de la demanda también ha tenido un efecto negativo: los precios de las plantas, flores y semillas han aumentado considerablemente, en algunos lugares son hasta diez veces más caras. Incluso se informó de robos de plantas exóticas que crecen en zonas protegidas de todo el país.

"La demanda es enorme", detalla Bernice Fojas, una estudiante de cine de 21 años y diseñadora independiente, que durante el cierre empezó a vender plantas desde su apartamento cerca de Manila.

"Me alegra que ahora haya más gente que valore las plantas y se preocupe por ellas. Pero también me entristece que el mercado sea ahora mucho más competitivo. Para algunos, casi se ha convertido en una adicción", sostiene la joven emprendedora.

A Fojas siempre le han gustado las plantas porque creció cerca de un bosque. Sus tesoros verdes cuestan entre 100 pesos (1,70 euros/2,00 dólares) y 6.000 pesos (105 euros/127 dólares). Estos precios siguen siendo razonables en Filipinas.

A modo de comparación, la planta de interior Monstera, que es muy popular, tiene un costo de hasta 15.000 pesos. Eso es más de lo que gana un oficinista filipino al mes.

La estudiante cuenta que también aumentaron los precios de las macetas, la tierra y las herramientas de jardinería.

"Las plantas están llevando a algunas personas a la bancarrota. Gastan todo su dinero en especies raras y caras", revela la joven filipina, quien a su vez sugiere a estos fanáticos dejar de hacerlo y disfrutar de las plantas que ya tienen.

"Si no lo haces, la vida se convertirá rápidamente en una carrera como lo era antes de la pandemia. Cuida de las plantas que tienes y simplemente sé feliz", dice.

Eso es exactamente lo que está haciendo Anna Ventura. La guionista freelance de 52 años tiene ahora una huerta en su azotea. Nunca mostró interés por la jardinería hasta que un amigo le regaló una maceta con semillas de quimbombó, uno de los vegetales más antiguos. 

El quimbombó o malvavisco vegetal despertó en ella las ganas de agrandar su huerta. "Luego planté repollo chino y judías verdes. Compré las plantas en el supermercado", aclara.

La huerta de Ventura ya tiene más de treinta plantas y arbustos. La mayoría son vegetales, hierbas o frutas, que incluyen lechuga, pimientos, patatas, zanahorias, limones, melones y tomates.

Para Ventura, el trabajo de jardinería saca a relucir muchos valores, como la paciencia, la atención a los detalles, el orden, la responsabilidad y la pasión. "Nos enseña sobre los fundamentos básicos de la vida. Lo que plantas, lo comes. Y así es como sobrevives", destaca.

dpa